FIFA aumenta el fondo para selecciones y endurece sanciones
FIFA volvió a mover el tablero antes del Mundial 2026. No fue en el césped, sino en los despachos: más dinero que nunca para las selecciones… y un paquete de normas disciplinarias que promete cambiar comportamientos muy arraigados en el fútbol de élite.
Un Mundial más caro… y más rentable
El organismo con sede en Zúrich elevó el monto total a repartir entre las 48 selecciones que disputarán la fase final en México, Canadá y Estados Unidos hasta los 871 millones de dólares. La cifra inicial, anunciada en diciembre, era de 727 millones. El salto es enorme y no es casual.
Varias federaciones habían alzado la voz. Viajes intercontinentales, impuestos, logística, plantillas ampliadas, bases de concentración más costosas en tres países distintos… El riesgo de acabar en números rojos por participar en el mayor Mundial de la historia era real para más de una asociación.
La respuesta llegó en forma de cheque. La ayuda por “costes de preparación” pasa de 1,5 a 2,5 millones de dólares por selección. Solo ese concepto ya supone un alivio significativo para federaciones con presupuestos ajustados.
La prima por clasificarse también sube: de 9 a 10 millones de dólares garantizados para cada equipo que logre su billete al torneo. A eso se añaden mayores contribuciones para cubrir gastos de delegaciones y un aumento en las asignaciones de entradas para las propias selecciones.
Gianni Infantino lo presentó como una consecuencia lógica del músculo financiero actual de la organización. FIFA prevé ingresar alrededor de 13.000 millones de dólares en el ciclo de cuatro años que culmina con este Mundial. La edición de 2026, además, ya había batido todos los récords de premios respecto a Qatar 2022, con un incremento del 50 % en los montos anunciados el año pasado.
El contraste es evidente: mientras las selecciones verán más dinero, FIFA afronta críticas crecientes por el precio de las entradas y por el encarecimiento drástico del transporte en varias sedes estadounidenses durante el torneo. El negocio crece, pero también la factura para el aficionado.
Tolerancia cero a los insultos tapados
El dinero fue solo la mitad del mensaje. La otra parte llegó en forma de advertencia a los jugadores: el Mundial 2026 estrenará un nuevo tipo de roja directa.
A partir de ahora, cualquier futbolista que se cubra la boca en una situación de confrontación con un rival podrá ser expulsado. No se trata de un gesto menor: es la respuesta a un problema muy concreto, el de los insultos racistas y discriminatorios lanzados al abrigo de la mano o la camiseta, lejos de las cámaras y de la lectura de labios.
La medida, ratificada tras la reunión de la International Football Association Board (IFAB) en Vancouver, llega pocos meses después de la polémica en la que se vio envuelto Gianluca Prestianni, extremo de Benfica, acusado de llamar repetidamente “mono” a Vinicius Junior durante un partido de Champions League mientras se tapaba la boca. Prestianni negó el insulto racista, pero acabó sancionado con seis partidos —tres de ellos en suspenso— por “conducta homófoba”.
FIFA pretende cortar de raíz ese tipo de comportamientos. El mensaje es simple: si hay confrontación y el jugador se tapa la boca, se expone a la roja. El organizador de la competición tendrá la última palabra, pero el margen para el disimulo se estrecha como nunca.
Abandonar el campo ya no sale gratis
La otra gran novedad disciplinaria apunta a un escenario que, hasta hace poco, parecía impensable en una gran final: un equipo entero abandonando el campo en señal de protesta.
El antecedente está fresco. En la final de la última Copa Africana de Naciones, en Rabat, los jugadores de Senegal, junto al seleccionador Pape Thiaw y su cuerpo técnico, se marcharon del césped después de que el árbitro señalara un penalti para Marruecos en el tiempo añadido. Brahim Díaz falló la pena máxima, el partido se reanudó y Senegal terminó ganando 1-0 en la prórroga. La historia parecía cerrada… hasta que la Confederación Africana de Fútbol (CAF) les despojó del título en una decisión tan impactante como controvertida.
FIFA ha decidido blindarse ante episodios similares: a partir de este Mundial, los jugadores que abandonen el terreno de juego para protestar una decisión arbitral se enfrentarán a tarjeta roja. Además, cualquier equipo que provoque el abandono definitivo de un encuentro perderá el partido por retirada.
Es un mensaje directo a federaciones, entrenadores y futbolistas: el desacuerdo no puede traducirse en un plantón colectivo.
Amarillas borradas para proteger a las estrellas
Entre tanta mano dura, también hay una concesión al espectáculo. FIFA aprobó un cambio en la gestión de las tarjetas amarillas pensado para evitar que las grandes figuras se queden fuera de los partidos decisivos por acumulación de amonestaciones menores.
Desde este Mundial, las amarillas mostradas en la fase de grupos quedarán anuladas al término de esa ronda. El contador se reiniciará de nuevo tras los cuartos de final. Es decir, una tarjeta en la liguilla y otra en octavos ya no bastarán para dejar a un jugador fuera de un hipotético cruce de cuartos, y lo mismo ocurrirá entre cuartos y semifinales.
La lógica es clara: el torneo no puede permitirse perder a sus protagonistas por faltas tácticas o protestas aisladas repartidas a lo largo de varias rondas.
El Mundial 2026 se presenta como el más grande de la historia, con 48 selecciones, tres países anfitriones y un negocio sin precedentes. Ahora también tendrá más dinero para los participantes, sanciones más duras para los excesos y un marco disciplinario diseñado para que las estrellas estén sobre el césped cuando el balón queme de verdad. La pregunta es quién sabrá aprovechar mejor ese nuevo escenario.




