FIFA endurece el código: roja por taparse la boca y abandonar el campo
El próximo Mundial no solo estrenará ilusiones. También un nuevo límite en la conducta de los futbolistas. A partir de este verano, un gesto tan habitual como taparse la boca para hablar con un rival en medio de una discusión puede costar una tarjeta roja directa.
La decisión se tomó en una reunión extraordinaria del Consejo de la FIFA en Vancouver, Canadá, donde se aprobaron dos enmiendas al reglamento impulsadas por el propio organismo. Ambas ya cuentan con el visto bueno del International Football Association Board (Ifab) como “opt-in” para las competiciones, y la FIFA ha confirmado que las aplicará en el Mundial.
No se trata solo de la mano en la boca. Los jugadores que abandonen el terreno de juego para protestar contra una decisión arbitral también se exponen ahora a la expulsión. Una respuesta directa a las escenas vividas en la final de la Africa Cup of Nations entre Marruecos y Senegal, convertida en ejemplo de lo que el fútbol pretende erradicar.
El gesto que encendió la alarma
El debate sobre las bocas tapadas saltó a primer plano en febrero. En un duelo de Champions League, el extremo de Benfica Gianluca Prestianni levantó su camiseta para cubrirse la boca mientras hablaba con Vinicius Jr, de Real Madrid. El argentino fue acusado inicialmente de insultos racistas y recibió una sanción provisional de un partido. Tras la investigación de la UEFA, se le declaró culpable de conducta homófoba y fue castigado con seis encuentros, tres de ellos suspendidos.
A partir de ahí, el gesto dejó de verse como una simple manía de vestuario. El asunto llegó a la asamblea general anual del Ifab en Gales, donde se acordó que figuraría en la agenda del Consejo de la FIFA. Hoy ya es norma: taparse la boca en un contexto de confrontación puede interpretarse como presunción de culpa.
La última palabra seguirá en manos del árbitro. El colegiado deberá valorar el contexto, la tensión del momento, lo que haya podido escuchar o percibir. Pero la herramienta ya está sobre la mesa: roja directa si considera que el jugador ha usado ese gesto para ocultar un insulto grave, especialmente de carácter racista u homófobo.
Gianni Infantino no dejó lugar a dudas sobre la filosofía de fondo. El presidente de la FIFA defendió una medida con “efecto disuasorio” y respaldó la expulsión como castigo máximo. Su mensaje fue tajante: si un futbolista tapa su boca y de ahí se deriva un acto racista, “tiene que ser expulsado”. Y remató con una idea que marca el espíritu de la nueva regla: quien no tiene nada que ocultar, no esconde la boca.
El precedente de la final africana
La segunda modificación apunta a un comportamiento distinto, pero igual de explosivo: el abandono colectivo del terreno de juego como protesta.
En la final de la Africa Cup of Nations, la selección de Senegal se marchó del campo y regresó a los vestuarios tras un penalti señalado a favor de Marruecos. El partido quedó en suspenso, convertido en una imagen de desafío abierto a la autoridad arbitral. Cuando los jugadores volvieron, Brahim Diaz lanzó un Panenka que acabó mansamente en las manos de Edouard Mendy. Senegal se rehizó, ganó 1-0 y celebró el título sobre el césped.
La historia no terminó allí. La Confederation of African Football (Caf) revisó los hechos, retiró el trofeo a Senegal y otorgó a Marruecos una victoria administrativa por 3-0. Un aviso muy serio a navegantes que ahora se eleva a rango global con la nueva norma de la FIFA.
A partir de ahora, cualquier equipo que abandone el campo en protesta se arriesga a mucho más que una reprimenda. Los jugadores implicados podrán ver la roja, y lo mismo ocurrirá con cualquier miembro del cuerpo técnico que incite a sus futbolistas a dejar el césped. En principio, el equipo que provoque la suspensión del partido lo perderá por retirada.
Un Mundial bajo lupa
El mensaje es claro: la FIFA quiere cortar de raíz dos gestos que se han convertido en símbolo de algo más profundo. La mano en la boca ya no será un simple tic de vestuario, sino una señal que puede encender la tarjeta roja. La retirada masiva del campo dejará de ser una herramienta de presión y pasará a ser un suicidio competitivo.
Con el Mundial en el horizonte, el fútbol entra en una nueva etapa disciplinaria. Los jugadores seguirán hablando, protestando, empujando el límite emocional de cada partido. La diferencia, esta vez, es que un gesto mal calculado puede dejar a su selección con diez… y cambiar el rumbo de un torneo entero.




