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David Ospina: El portero que desafía al tiempo

Hace ya mucho de aquel verano en el que David Ospina se presentó al mundo. Tanto, que el colombiano ya tiene 37 años y llegará al Mundial de 2026 rozando los 38. A esa edad, la mayoría de los arqueros que brillaron en una Copa del Mundo ya están retirados o viven sus últimos minutos. Él, en cambio, sigue ahí. Compitiendo. Soñando.

Su historia no fue una línea recta. En la temporada 2013-14, su vida giraba alrededor de un club al borde del abismo: Nice. El equipo francés coqueteaba con el descenso, sin gol (30 tantos en 38 jornadas) y con más dudas que certezas. En medio de ese caos, el arquero colombiano sostuvo al gigante herido: 13 porterías en cero, paradas decisivas, puntos salvados casi en solitario. Nice se quedó en la élite gracias, en buena parte, a sus manos.

Ese impulso lo llevó directo al gran escaparate. En el Mundial, Ospina encajó solo cuatro goles en 450 minutos. Era la confirmación que algunos ojeadores, atentos al final de la Ligue 1, esperaban. El teléfono sonó. Era Arsenal. Y el colombiano no dudó.

“Pertenecer a un equipo como Arsenal fue un sueño hecho realidad. Vivir esa experiencia fue algo magnífico en mi carrera”, recuerda.

Llegó al norte de Londres en un momento extraño. Arsène Wenger empezaba a quedarse sin aire en el banquillo, el club no invertía al ritmo de sus rivales y la Premier League parecía un objetivo cada vez más lejano, pese al buen fútbol. También era una etapa de transición para los porteros: la posición cambiaba a toda velocidad.

No fue que, de un día para otro, a todos los arqueros les exigieran jugar como mediocentros, pero sí se estaba redefiniendo su papel. Ospina aterrizó justo en medio de esa revolución.

“He tenido la oportunidad de presenciar todas las transiciones a través de distintas generaciones. Hoy, nuestra posición ha adquirido un rol mucho más importante, en gran parte porque ahora se espera que participemos mucho más con los pies, algo que antes no era tan necesario”, explica.

¿Le gusta? No hay espacio para la nostalgia. El juego se mueve, y él se mueve con él. A estas alturas, entiende que las pizarras cambian, los sistemas se reinventan y los porteros ya no pueden limitarse a esperar bajo el arco.

“Poseer una buena técnica es crucial, porque nos permite iniciar las jugadas desde atrás. El portero se ha convertido en una parte integral del once inicial: ya no es solo el que evita goles, sino también el que puede orquestar una transición rápida y precisa”, afirma.

Su etapa en Arsenal, sin embargo, nunca terminó de despegar. Las lesiones cortaron su ritmo y la llegada de Petr Cech desde Chelsea cerró la puerta de la titularidad. El margen para consolidarse se redujo de golpe.

Aun así, el paso por Londres le dejó algo más que minutos y entrenamientos. Wenger fue un maestro exigente, un técnico de élite con el que aprender cada día. Y en ese vestuario, Ospina vio de cerca a un capitán que ya apuntaba a otra cosa: Mikel Arteta.

“Tuve la oportunidad de tenerlo como compañero cuando llegué a Arsenal. Incluso entonces demostraba su liderazgo y lo que podía aportar al juego a lo largo de su carrera”, cuenta.

Que hoy Arteta sea entrenador no sorprende a Ospina. Lo que está por ver es hasta dónde puede llevar a ese Arsenal que tantas veces se ha quedado a las puertas del título.

“Tienen una oportunidad enorme de ganar la Premier League, con un entrenador excelente y jóvenes que están rindiendo a un nivel excepcional. Ojalá puedan lograrlo. Me haría muy feliz ver a Arsenal ganar la Premier League”, confiesa.

Ahora lo observa desde la distancia, semana tras semana. Ospina defiende el arco de Atlético Nacional, el club de su infancia, lejos del vértigo de la lucha por la Premier y del ruido de Londres. Esa tranquilidad le da algo que valora: tiempo para pensar en la selección.

La sensación es clara: Colombia vive el punto de madurez de una generación poderosa. James Rodríguez juega hoy en Minnesota United, en la MLS, pero sigue siendo un faro. A su alrededor, el talento se ha repartido por Europa. Luis Díaz firma la mejor temporada de su carrera, revitalizado por Vincent Kompany en Bayern Munich. Luis Suárez se ha adaptado con rapidez a Sporting CP en la liga portuguesa. Es un bloque con nombres, peso y recorrido.

“Tenemos jugadores en grandes clubes de Europa, como Lucho Suárez y Luis Díaz, que son figuras muy importantes. También contamos con un jugador como James Rodríguez, con su experiencia y calidad, además de Davinson Sánchez, que lleva bastante tiempo compitiendo en ligas de primer nivel”, enumera el arquero.

No todo pasa por los veteranos. Detrás viene una camada que empuja: Richard Ríos, Juan Cabal, Daniel Muñoz y, si recompone su relación con el grupo, Jhon Durán. Colombia, por primera vez en mucho tiempo, parece tener alternativas en cada línea.

“Tenemos jugadores con mucha experiencia y jóvenes con muchas ganas de hacer las cosas bien. Y estamos otros, con un poco más de recorrido, que podemos aportar cosas muy positivas a la selección”, resume Ospina.

Colombia no partirá como favorita en el Mundial, pero nadie la descarta. Se le exigirá pelear el grupo. Con un sorteo amable y una buena racha, unas semifinales dejan de ser una utopía y se convierten en un objetivo plausible. Ahí entran en juego la energía, el impulso, el estado de ánimo colectivo. Ospina lo sabe mejor que nadie: los torneos cortos se ganan también con sensaciones.

En ese contexto, su figura trasciende lo deportivo. Compitiendo por el puesto de titular en una selección cargada de expectativas, se ha convertido también en uno de los rostros de la campaña mundialista de la marca Modelo.

“Modelo une a las personas, les permite vivir momentos únicos en cualquier parte del mundo, incluso desde sus casas, y compartir esos momentos con amigos y familia”, explica.

El Mundial de 2026 asoma como su última gran oportunidad con la camiseta de Colombia. En su hoja de servicio aparecen actuaciones sólidas, buenas participaciones, semifinales que se recuerdan con orgullo… pero también con la espina de lo que pudo ser y no fue. Esta vez, el veterano del grupo quiere algo más. Sueña con un desenlace distinto, esté dentro del campo o animando desde el banquillo.

“Las expectativas son muy altas. Tanto por lo que queremos lograr nosotros mismos, como por lo que esperamos conseguir para nuestro país”, admite.

La cuenta atrás ya empezó. Y Ospina, el portero que desafía al tiempo, se resiste a que su última gran página con Colombia se quede a medias.