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Wrexham y su ascenso en la Championship: ¿un sueño alcanzable?

El meteórico ascenso de Wrexham ha convertido al viejo Racecourse Ground en uno de los escenarios más fascinantes del fútbol inglés reciente. El club que hace nada peleaba en la National League se ha plantado en la Championship a base de empuje, ambición y la inversión decidida de sus co-propietarios de Hollywood. Cada escalón parecía el último. Siempre apareció otro más arriba.

El salto al segundo nivel se señalaba como el gran examen. Esta vez sí, se decía, se vería el verdadero techo del proyecto. Y la Championship, implacable como pocas ligas, ha confirmado el diagnóstico: aquí no se regala nada. Ni siquiera a uno de los fenómenos mediáticos del momento.

Wrexham arrancó la temporada 2025-26 con tropiezos, lejos del guion de cuento que muchos esperaban. Esos primeros partidos alimentaron el discurso de la prudencia: año de adaptación, temporada de consolidación, evitar el vértigo del descenso y poco más. Pero este equipo ha construido su identidad precisamente en ir contra el libreto.

La reacción llegó con una de esas rachas que ya parecen marca registrada del club. De la duda al rugido. De la mitad de tabla a meterse de lleno en la pelea por los play-offs. El Racecourse volvió a empujar, el relato de “Welcome to Wrexham” sumó capítulos de alta tensión y la palabra “ascenso” dejó de sonar a fantasía para convertirse en objetivo.

Y justo cuando el horizonte parecía despejarse, otro bache. En el peor momento posible.

Dos derrotas consecutivas, solo un punto de los últimos nueve en juego y una realidad fría: cuatro puntos de desventaja respecto al sexto puesto, con solo cuatro jornadas por disputarse. El margen de error se ha evaporado. El sueño del ascenso exprés al máximo nivel depende ya de una combinación de reacción propia y tropiezos ajenos.

El exfutbolista y ahora analista Goodman, en declaraciones exclusivas a GOAL, puso el contexto que muchos en Wrexham quizá necesitan escuchar. A su juicio, los dueños A-list del club en el norte de Gales tienen motivos para estar satisfechos con el curso: el equipo ha sido competitivo, llegó a enero plenamente metido en la pelea y, pese al bache reciente, sigue vivo con cuatro partidos por delante. Pero no engaña a nadie: les ve como “outsiders”, como “underdogs” en esa pugna directa con Hull por una plaza de play-off, con la sensación de que esos cuatro puntos de colchón a favor de los de Humberside pueden resultar decisivos.

Goodman lanza una imagen poderosa: tomar una foto de la clasificación actual y enseñársela a cualquier aficionado de Wrexham hace cuatro o cinco años, o incluso hace diez meses. La respuesta sería de incredulidad feliz. Nadie entonces habría firmado otra cosa que no fuera esto.

El problema es el de siempre en el deporte: cuando se roza la gloria, el cuerpo ya no acepta el discurso de la “temporada de consolidación”. Y, sin embargo, eso era exactamente lo que muchos analistas esperaban del equipo de Phil Parkinson: un curso tranquilo entre el 10º y el 16º puesto, lejos del descenso, asentando la categoría. Wrexham ha ido mucho más allá.

En ese contexto, el reconocimiento al técnico no es menor. Parkinson llegó a este punto con un historial discreto en Championship y no pocos interrogantes sobre su capacidad para competir arriba en este nivel. Este año ha respondido con hechos. Para Goodman, Wrexham es una de las historias de éxito de la temporada, pase lo que pase en las próximas semanas: entren en play-offs o se queden a las puertas, el balance sigue siendo brillante.

El calendario, sin embargo, no ofrece consuelo. El sábado toca recibir a Stoke, otro club con historia y músculo que no regala una sola pelota dividida. Después, salida a Oxford, siempre incómoda. Y para cerrar, dos exámenes de los que marcan cicatriz: Coventry, ya con billete hacia la Premier League, y Middlesbrough, metido de lleno en la pelea por el top-2. Cuatro partidos, cuatro trampas, cuatro oportunidades para estirar al límite un relato que parecía imposible hace nada.

Quizá, para un club que ha vivido un ascenso tras otro a velocidad de vértigo, un año de estabilidad y reflexión no sea una mala noticia. Al contrario: puede ser el respiro necesario para ordenar ideas, reforzar la plantilla y preparar el siguiente asalto con más colmillo todavía. Todo apunta a que Ryan Reynolds y Rob McElhenney volverán a abrir la mano en verano, alimentando una vez más la ambición colectiva de un vestuario que ya no se conforma con estar en el mapa.

La cuestión, ahora, es si Wrexham aprovechará este tramo final para convertir una buena temporada en algo inolvidable, o si este curso quedará archivado como el preludio de algo aún más grande en 2026-27.