Sassuolo vs Como: Un Duelo Táctico en la Serie A
En el atardecer de Reggio Emilia, el MAPEI Stadium - Città del Tricolore fue el escenario de un duelo que decía mucho más que el 2-1 final entre Sassuolo y Como. En la jornada 33 de la Serie A 2025, el equipo neroverde, 10.º con 45 puntos y un balance global de 41 goles a favor y 44 en contra (diferencia de goles -3), se medía a un Como consolidado en la élite del campeonato, 5.º con 58 puntos y un imponente +29 (57 a favor, 28 en contra). Sobre el papel, un choque entre un bloque en construcción y una máquina ya afinada; sobre el césped, una batalla táctica de matices.
Sassuolo se presentó con su ADN más reconocible: 4-3-3, once hombres muy escalonados y un plan claro para hacer ancho el campo. Stefano Turati como primera piedra, línea de cuatro con Woyo Coulibaly y Tarik Muharemović en los costados, Jay Idzes y Sebastian Walukiewicz por dentro; en la sala de máquinas, Nemanja Matić como eje, escoltado por Ismael Koné y Kristian Thorstvedt; arriba, un tridente móvil con Cristian Volpato, M’Bala Nzola y Armand Laurienté. Un equipo diseñado para atacar en oleadas, pero que en la temporada ha convivido con cierta fragilidad: en total, Sassuolo marca 1.2 goles por partido y encaja 1.3, con medias muy similares en casa (1.2 a favor, 1.4 en contra).
Enfrente, Como se plantó con su 4-2-3-1 casi de manual, el sistema que ha utilizado en 29 de sus 33 partidos. Jean Butez bajo palos, línea de cuatro con Alberto Moreno e Ivan Smolčić en los laterales, Marc Kempf y Jacobo Ramón como pareja central; doble pivote con Maxence Caqueret y Lucas Da Cunha, línea de tres creativa con Assane Diao, Martin Baturina y Nico Paz por detrás de Álvaro Morata. Un bloque que respira equilibrio: en total, 1.7 goles a favor por encuentro y solo 0.8 en contra, con una solidez aún mayor en casa, pero también muy fiable en sus desplazamientos (1.4 marcados y 0.8 encajados).
El contexto disciplinario y de ausencias marcaba ya un primer giro del guion. Sassuolo afrontaba el choque sin piezas de peso: Domenico Berardi, expulsado, fuera por tarjeta roja; J. Doig sancionado por acumulación de amarillas; además de una enfermería cargada con D. Bakola, D. Boloca, F. Candé, E. Pieragnolo y F. Romagna, todos fuera por distintas lesiones. La ausencia de Berardi, que suma 7 goles y 4 asistencias en la temporada, obligaba a redistribuir el foco creativo: más responsabilidad para Laurienté, máximo asistente del equipo con 8 pases de gol, y para Volpato entre líneas.
En Como, las bajas eran menos numerosas pero igualmente significativas: J. Addai, fuera por lesión en el tendón de Aquiles, y S. Roberto por problema muscular. Dos piezas que habrían añadido profundidad y variantes desde el banquillo, especialmente en los tramos finales, donde el equipo lombardo suele gestionar ventajas y ritmos.
El duelo, sin embargo, no se explicaba solo por quién estaba, sino por cómo se comportan estos equipos bajo presión. Sassuolo, con 6 porterías a cero en total, sufre cuando el partido se abre: ha fallado en marcar en 10 de sus 33 encuentros y sufre una clara deriva emocional en los tramos finales, donde concentra el 27.40% de sus tarjetas amarillas entre el 76' y el 90', además de un 25.00% de sus rojas en ese mismo tramo. Un equipo que vive al filo, con un centro del campo intenso: Matić, por ejemplo, combina 42 entradas, 9 bloqueos y 20 interceptaciones con 6 amarillas y 1 roja en la temporada.
Como, por el contrario, encarna la calma estructurada. Sus 15 porterías a cero (8 en casa, 7 fuera) y solo 28 goles encajados en 33 jornadas hablan de un sistema que protege bien la frontal y los pasillos interiores. La disciplina es firme pero no exenta de riesgo: Jacobo Ramón acumula 9 amarillas y 1 roja, y el equipo concentra el 20.83% de sus amarillas y el 100.00% de sus expulsiones entre el 76' y el 90'. En otras palabras, también sufre cuando el reloj aprieta, aunque desde una posición generalmente ventajosa en el marcador.
Emparejamientos Clave
En clave de emparejamientos, el “Cazador vs Escudo” tenía un protagonista claro: Nico Paz. Con 12 goles y 6 asistencias, 82 tiros (48 a puerta) y 48 pases clave, el argentino-español es el faro ofensivo de Como. Se medía a una zaga de Sassuolo que, en total, encaja 1.3 goles por partido y que ha llegado a sufrir derrotas abultadas en casa (0-5 como peor resultado). La responsabilidad de frenarle recaía en la pareja Walukiewicz–Idzes, con el polaco especialmente activo: 47 entradas, 9 bloqueos y 24 interceptaciones, además de 7 amarillas que evidencian lo fino del margen en sus duelos.
En la “sala de máquinas”, el pulso era aún más delicado. Por un lado, el binomio creativo de Como con Caqueret y, sobre todo, la influencia estructural de jugadores como M. Perrone (8 amarillas, 52 entradas, 31 pases clave) cuando entra en escena desde el banquillo. Por el otro, el triángulo de Sassuolo con Matić como metrónomo (1.478 pases, 85% de acierto) y Koné como pulmón. La batalla por el segundo balón y la transición tras pérdida era el verdadero termómetro del partido.
Ofensivamente, Sassuolo necesitaba maximizar la electricidad de Laurienté, que combina 5 goles, 8 asistencias, 46 pases clave y 69 regates intentados (26 exitosos). Sin Berardi, su capacidad para fijar por fuera y atacar hacia dentro era la vía más clara para castigar a un lateral como Smolčić, ya cargado de 8 amarillas y obligado a defender muchas situaciones de uno contra uno.
En el otro área, la presencia de Morata ofrecía apoyos y descargas para activar a Baturina y Diao entre líneas, pero el verdadero puñal seguía siendo Paz. Su volumen de duelos (404 totales, 211 ganados) y su agresividad en la conducción podían desordenar a un Sassuolo que, en casa, ya ha encajado 23 goles en 17 partidos.
Desde la óptica de los datos de toda la temporada, el veredicto estadístico previo a un duelo así se inclinaba hacia un Como más estable: mayor producción ofensiva global (1.7 goles por partido frente a 1.2), defensa mucho más sólida (0.8 goles encajados por encuentro frente a 1.3) y una capacidad probada para gestionar contextos de ventaja, como muestran sus 15 porterías a cero. Sassuolo, sin embargo, ofrecía el factor imprevisible del 4-3-3: cuando el plan se sincroniza, es capaz de victorias amplias (3-0 en casa, 0-3 fuera) y de someter a rivales mejor clasificados.
El 2-1 final encaja en esa narrativa de resistencia local: un Sassuolo herido, pero orgulloso, encontrando en la agresividad de su bloque medio y en la inspiración de su frente de ataque la forma de doblegar a un Como estructuralmente superior. A nivel de xG, el perfil previo apuntaba a un Como generando más y concediendo menos; el resultado, sin embargo, recuerda que, en noches como la de Reggio Emilia, los datos dibujan el marco, pero el partido lo escriben los detalles: una entrada a destiempo, un regate de Laurienté, un duelo aéreo ganado por Walukiewicz o una conducción de Paz que se queda a centímetros del empate.




