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Joshua Kimmich analiza la remontada del Bayern en Champions

Joshua Kimmich se quedó pensando unos segundos. Le preguntaron si había sido la noche más emocional de Champions desde que llegó al FC Bayern en 2015 y, al rebuscar en la memoria, solo encontró un partido comparable: la vuelta de octavos de final de 2016 ante la Juventus, aquella remontada de 2–0 a 4–2 en la prórroga.

“También he tenido muchas noches emocionales que fueron en la otra dirección”, recordó. “Por eso me alegro muchísimo de que esta vez lo hayamos sacado adelante”.

La alegría, sin embargo, no le nubló la vista. Ante el único futbolista del Bayern que se atrevió a alzar la voz, no apareció el jugador eufórico, sino el analista implacable.

“En general, no fue un partido de gran calidad”, sentenció Kimmich. “Si miras el rendimiento, no fue uno de nuestros mejores encuentros. Hay mucho margen de mejora”.

Un Bayern que sufrió y dudó

La sensación en el césped acompañó sus palabras. El Bayern se mostró más errático, menos dominante, bastante menos amenazante que en la ida. El cuarteto ofensivo, tan incisivo en Madrid, pasó largos tramos del choque enjaulado, atrapado en la tela táctica de un Real Madrid ajustado por la mano de Álvaro Arbeloa.

Un detalle clave: Ferland Mendy. El lateral izquierdo, elegido por sorpresa por delante de Álvaro Carreras, contuvo a Michael Olise con una autoridad que su compañero no había mostrado en el primer partido. Olise, pese a quedar mucho más controlado, acabó siendo nombrado por la UEFA mejor jugador del encuentro. Un veredicto que sorprendió a más de uno en el estadio.

Esta vez, los números también cambiaron de bando. En Madrid, el resultado y el xG habían sonreído al Bayern (2,9–2,2). En Múnich, el balance se inclinó ligeramente hacia el Real (2,3–2,1). Los alemanes marcaron dos goles más de lo esperado… pero también encajaron uno por encima de lo que dictaban las ocasiones.

Y ahí entra en escena Manuel Neuer.

El capitán, imperial siete días antes, quedó señalado en el primer gol con un error grosero y participó en la acción del segundo tanto del Real Madrid. El 2–3 final nació de una cadena de fallos en la que también se vio arrastrado Dayot Upamecano, sobresaliente durante casi todo el duelo pero atrapado en la jugada equivocada en el peor momento.

Para Kimmich, el mensaje es doble: alivio y exigencia. “Está muy bien pasar con dos victorias ante el Real y aun así sentir que podemos mejorar”, apuntó, con una frialdad que recordó de inmediato a una figura muy concreta del pasado reciente del club.

El eco de Matthias Sammer

Las palabras de Kimmich evocaron, por un instante, a Matthias Sammer. El ex director deportivo del Bayern —hoy asesor del BVB— se hizo un nombre en Múnich por su capacidad para lanzar críticas duras cuando todo el mundo seguía celebrando.

Su etapa en el club dejó cuatro años de enorme éxito: una Champions y tres semifinales. Se marchó en 2016, poco después de aquella noche inolvidable ante la Juventus que Kimmich tiene tan presente. La euforia de esa remontada dio paso, semanas más tarde, a una eliminación igual de dramática en semifinales ante el Atlético de Madrid.

La historia, de algún modo, vuelve a cruzar caminos. La final de este año en Budapest podría reencontrar a viejos rivales, pero antes el Bayern tendrá que superar una semifinal de altísimo voltaje frente a Paris Saint-Germain.

PSG, el examen definitivo

Kimmich no rebaja el listón. Define al PSG como “el equipo en mejor forma” de Europa. Desde los despachos, Jan Christian Dreesen mantiene el mismo respeto: el presidente del Bayern sigue considerando al vigente campeón como el gran favorito, pese al 1–2 logrado por los alemanes en París en la fase de grupos el pasado noviembre.

Aquel partido dejó una huella distinta. Un primer tiempo deslumbrante del Bayern, un equipo dominante, agresivo, casi perfecto. Y, después, resistencia pura: con diez hombres tras la expulsión de Díaz, el conjunto bávaro se atrincheró y defendió la ventaja en una batalla de nervios.

No fue la única vez que Kimmich se vio reflejado en una Juventus del pasado. También recordó el cruce de hace diez años, que le marcó profundamente, aunque por otros motivos. Curiosamente, no tanto por la vuelta épica, sino por la primera parte de la ida.

Cuando le preguntaron si el primer tiempo ante el PSG había sido el mejor de su etapa en el Bayern, no dudó: “Sí”. Solo encontró un rival a esa altura: los primeros 45 minutos de la ida de 2016 ante la Juve.

La ecuación para lo que viene está clara. Frente al PSG, el Bayern necesitará la autoridad futbolística de aquella primera parte ante la Juventus… y la dureza mental de la vuelta. Dominio y resistencia. Brillo y cicatrices.

Lo sabe Kimmich, lo intuye el vestuario y lo exige la historia del club: en semifinales de Champions, las noches emocionales ya no bastan. Solo cuentan las que terminan con el pase asegurado.