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El segundo año incómodo de Mbappé en el Real Madrid

Kylian Mbappé llegó al Santiago Bernabéu para cambiarlo todo. Dos temporadas después, la sensación es otra: el francés suma cifras de superestrella, pero el club mira el calendario y ve dos años seguidos sin Liga ni Champions. En el Real Madrid, eso tiene un nombre muy claro: fracaso.

El delantero, 27 años, ha firmado 85 goles en 100 partidos con la camiseta blanca. Números demoledores. Sin embargo, el equipo camina hacia su segundo curso consecutivo sin levantar un gran título, con LaLiga prácticamente perdida y la Champions cerrada en cuartos de final. Para una institución con 36 ligas y 15 Copas de Europa, el listón está mucho más arriba.

En ese contexto, el foco se ha estrechado sobre Mbappé. Y la historia de su segunda temporada en Madrid se ha ido torciendo, casi en silencio, hasta estallar en las últimas semanas.

Lesión, dudas y un Clásico al límite

Mbappé está fuera de combate por una lesión en los isquiotibiales sufrida a finales de abril ante el Real Betis. Su presencia en el Clásico del domingo frente al Barcelona es una incógnita. El partido no admite matices: el Madrid está obligado a ganar para impedir que el Barça cante el alirón.

En otro momento, toda la conversación giraría en torno a su posible regreso en el Camp Nou. Hoy, no. Hoy el debate se ha desplazado a lo que ocurre lejos del césped y de Valdebebas.

Durante su periodo de recuperación, el club le dio unos días libres. Mbappé eligió Cerdeña. Viaje autorizado, sí, pero letal en términos de imagen: fotos en un yate mientras el equipo jugaba contra el Espanyol. La secuencia era perfecta para encender a una afición ya irritada.

Alvaro Arbeloa intentó rebajar el ruido: “En su tiempo libre, Mbappé puede hacer lo que quiera, como cualquier otro jugador”. La frase no apagó el fuego. Lo alimentó.

Una petición viral y un malestar organizado

Lo que era murmullo se convirtió en campaña. Una petición en internet bajo el lema “Mbappé out” empezó a circular a toda velocidad, llamando a los aficionados a exigir cambios y a posicionarse sobre el futuro del jugador en el club.

El objetivo inicial eran 200.000 firmas. En menos de 24 horas, más de 12 millones de personas habían pulsado el botón. Nadie sabe cuántos de ellos son realmente seguidores del Real Madrid, pero la cifra retrata el calibre del ruido que rodea al francés.

Todo llega en un momento especialmente delicado: el equipo marcha 11 puntos por detrás del Barcelona en LaLiga y ya está fuera de la Champions. Sin títulos en el horizonte, las miradas se clavan en las grandes estrellas. Mbappé, máximo goleador del equipo esta temporada, se ha convertido en el blanco principal.

No solo se cuestiona su compromiso. También se habla de tensión en el vestuario, de una frustración que va subiendo de temperatura.

El entorno del jugador reaccionó con un comunicado enviado a los medios, subrayando que las críticas “no reflejan la realidad del compromiso de Kylian y de su trabajo diario para el equipo”. El mensaje buscaba proteger su imagen. No ha bastado para apagar la sensación de distancia entre el ídolo esperado y la realidad actual.

Un crack bajo la lupa

A corto plazo, todo gira en torno a una pregunta simple: ¿llega Mbappé al Camp Nou?

“Veremos cómo está Mbappé esta semana”, dijo Arbeloa tras el último partido. “Después de las pruebas de la semana pasada, parecía que podía tardar un poco más”. Palabras prudentes, pero que no despejan la incógnita.

Mientras tanto, el debate en España se ha vuelto casi obsesivo. En los días malos del Madrid, el guion se repite: ¿por qué no corre más Mbappé?, ¿por qué no se entiende mejor con Vinicius Jr?, ¿cómo es posible que lleve dos años en el club sin ganar nada?

Para algunos analistas, el enfoque está completamente equivocado: nadie discute que cualquier equipo del mundo querría tener a Mbappé, y que su presencia no es el problema, sino un síntoma de algo más profundo. Pero las imágenes pesan. Y las últimas han sido demoledoras.

Verle de vacaciones con su pareja, disfrutando en un yate, mientras el equipo se arrastra en la liga, deja una estampa difícil de digerir para el aficionado medio, aunque el jugador haya seguido al pie de la letra el plan médico. Igual que aquella llegada a Madrid en un jet privado apenas 18 minutos antes de que el equipo empezara un partido. Todo legal, todo autorizado, pero visualmente devastador.

Cuesta entender que un futbolista de su dimensión no esté, o no parezca estar, volcado en cada minuto de la temporada. Esa percepción, justa o no, se ha instalado.

La obsesión por los números y la conexión con la grada

En el entorno de Xabi Alonso, durante su etapa en el club, se repite una idea: a Mbappé le obsesionan sus estadísticas. Sus goles, sus registros, sus récords.

Esa mentalidad explica episodios como el vivido con su problema de rodilla. Después de unas pruebas en las que se analizó la articulación equivocada, el francés, pese a no encontrarse bien, quiso jugar para intentar superar los 59 goles de Cristiano Ronaldo en un año natural. El empeño no ayudó a su lesión. Pero retrata a un futbolista que busca dejar una huella individual al mismo tiempo que persigue los éxitos colectivos.

El veredicto sobre él, a día de hoy, sigue abierto. La sensación en la grada es que Mbappé se muestra demasiado frío, demasiado distante. Lejos de la complicidad que el Bernabéu reserva a sus elegidos.

Raúl lo resumió en una idea que en Chamartín se entiende mejor que en ningún otro lugar: la afición adora al jugador que corre hasta por el balón imposible. No es solo cuestión de talento, sino de gestos. De sudar cada metro.

Si el Real Madrid estuviera ganando, la narrativa sería otra. La pregunta que flota es incómoda: ¿no gana el equipo porque sus entrenadores no han sabido exprimir a Mbappé, o porque él no termina de adaptarse al ecosistema blanco?

Su primer tramo en el club fue muy distinto. Llegó con humildad, consciente de dónde estaba, obedeciendo al detalle las indicaciones de Carlo Ancelotti. Todo cambió tras fallar dos penaltis, ante Liverpool y Athletic Club. Golpe anímico, dudas, y una decisión interna: “voy a hacerlo a mi manera”.

Los goles empezaron a caer y sus números con Ancelotti fueron brillantes. Este curso, en cambio, nada ha encajado igual, ni con Xabi Alonso ni con Arbeloa.

Un país pendiente de Mbappé

La cobertura mediática en España ha sido feroz. No solo por lo que representa Mbappé, sino porque su figura se ha convertido en espejo de las carencias del equipo.

Periódicos, radios y televisiones han analizado cada detalle: su lenguaje corporal, sus gestos con los compañeros, sus movimientos sin balón, su vida privada. El viaje a Cerdeña se ha presentado más como una torpeza de tiempos que como un acto de indisciplina, pero el daño en la opinión pública ya estaba hecho.

Los análisis se repiten: ¿se ha integrado de verdad en el vestuario?, ¿qué peso tiene en la estructura del equipo?, ¿cómo condiciona su presencia el juego de Vinicius Jr y del resto del ataque? Una pregunta domina muchas tertulias: ¿pueden convivir Mbappé y Vinicius Jr en el mismo sistema sin desequilibrar al equipo?

En paralelo, algunos comentaristas se preguntan si no se le está juzgando con una dureza que otros no sufren en circunstancias similares. Para ellos, la crítica a Mbappé es también una válvula de escape ante una temporada decepcionante del colectivo.

El tono general, sin embargo, se mantiene crítico. Dividido, pero crítico. Hay quien se aferra a sus números y a su condición de jugador decisivo. Otros señalan su liderazgo, su impacto real en los momentos clave y su capacidad para arrastrar al equipo cuando el contexto se vuelve hostil.

En un punto sí parecen coincidir muchos medios: la elección del próximo entrenador será decisiva para recomponer el vestuario, recuperar confianza y construir un plan en el que Mbappé encaje de verdad, sin fracturas internas ni guerras de egos.

Porque el mensaje de fondo es inequívoco: un tercer año seguido sin títulos grandes no entra en el código genético del Real Madrid. Y si eso ocurre con Kylian Mbappé en el campo, la pregunta ya no será qué le pasa al francés, sino qué rumbo quiere tomar realmente el club.