Stephen Curry regresó. La victoria, no.
En su primer partido tras 27 encuentros ausente por una lesión de rodilla, el base de Golden State rozó una de esas noches marca de la casa, pero los Warriors cayeron por la mínima ante unos Houston Rockets liderados por Amen Thompson. El guion pedía un final feliz en horario estelar. La realidad fue bastante más cruel.
Curry, 38 años, apenas una semana después de no haber llegado ni siquiera a disputar un cinco contra cinco en los entrenamientos, se enfundó de nuevo el blanco y azul y respondió con 29 puntos ante una de las defensas más agresivas del Oeste. Diecinueve de ellos llegaron en la primera mitad. El instinto seguía ahí. El toque, casi.
Un último tiro, un silencio helado
Golden State decidió no gastar su último tiempo muerto. Sin red. Sin rediseñar nada. El plan era tan simple como reconocible: darle la pista entera a su mejor jugador y vivir con el resultado.
Curry avanzó botando con calma, midiendo cada paso. Desde el otro lado apareció Draymond Green, socio de cuatro anillos, para activar el eterno pick-and-roll que ha definido una era. La defensa de Houston se cerró, Thompson aguantó, los ojos de todo el pabellón se clavaron en el ’30’.
Curry miró el reloj. Aceleró el drible, se fabricó espacio con un par de movimientos de fantasía y lanzó desde “rango Steph”. El tipo de tiro que ha hundido a medio planeta NBA.
Esta vez, no entró.
Quizá con un par de partidos más en las piernas, ese balón sólo habría tocado red. Quizá. En su lugar, los Warriors encajaron su cuarta derrota consecutiva y se alejaron un poco más de la versión que creen que aún pueden ser. Las esperanzas, pese a todo, siguen vivas. Porque Curry volvió. Y eso, en San Francisco, lo cambia casi todo.
Un sexto hombre inesperado tras 14 años
El regreso dejó una imagen histórica: por primera vez en 14 años, Stephen Curry salió desde el banquillo.
La decisión del cuerpo técnico no fue táctica, sino quirúrgica. Steve Kerr y el staff buscaron un aterrizaje suave, controlar los esfuerzos y escalonar mejor sus minutos en su primer duelo desde el 30 de enero. Casi 70 días fuera. Una eternidad en términos NBA.
El plan funcionó en lo esencial. Curry firmó un partido notable para alguien que viene de una lesión larga, con la restricción clara de no superar los seis minutos por cuarto. Ese límite cortó varias veces su ritmo, frenó rachas que parecían a punto de explotar, pero protegió lo más importante: su rodilla.
Los aficionados tendrán que acostumbrarse, al menos durante estos últimos cuatro partidos de temporada regular, a un Curry medido al milímetro. Lo prioritario no es el lucimiento ahora. Es llegar vivo al play-in.
Kerr lo dejó claro tras el entrenamiento del lunes, en declaraciones recogidas por el San Francisco Chronicle: el plan pasa por ir elevando la carga hasta devolverle su sitio natural.
“Va a estar en el quinteto titular dentro de poco”, explicó el técnico. La cuestión, detalló, es si podrá acumular suficientes minutos como para repartirlos sin obligarle a dos parones demasiado largos en el banquillo. La idea es ir empujando esa cifra hacia arriba, siempre bajo el criterio del cuerpo médico, con Rick Celebrini como voz decisiva en el proceso.
Una misión casi imposible para un cuerpo de 38 años
La exigencia que recae sobre Curry roza lo inhumano. Dos meses con movimientos limitados, sin poder entrenar con normalidad, y de repente se le lanza a partidos con intensidad de playoff, con el peso del resultado clavado en sus hombros.
No parece justo. Pero es exactamente lo que necesita Golden State.
Debido a la gestión de cargas, Curry no disputará uno de los encuentros del último back-to-back del curso. Eso significa que, cuando llegue el play-in la próxima semana, sólo habrá jugado cuatro partidos desde su regreso. Cuatro. Muy poco margen para poner a tono un cuerpo de 38 años que ha pasado más de dos meses en ropa de calle.
El siguiente paso apunta a esta misma noche, en casa, ante Sacramento Kings. Dos partidos en tres noches. Un test directo para medir cómo responde al día siguiente, qué tipo de molestias aparecen y hasta dónde se puede estirar la cuerda sin que se rompa.
Mientras tanto, la clasificación apenas ofrece resquicios. Golden State está prácticamente atado al décimo puesto del Oeste. El margen de maniobra es mínimo, pero la tabla también marca las prioridades: ganar ahora importa menos que gestionar a Curry y recuperar al máximo posible al resto del grupo.
El play-in no concede segundas oportunidades. Un mal día y todo se acaba.
Los Warriors lo saben. Curry también. Por eso cada minuto que suma ahora, cada tiro corto, cada fallo en “rango Steph”, no es un final… sino el preludio del único examen que de verdad contará.





