Samir Nasri, bajo la lupa fiscal: Deliveroo, vuelos y una batalla de 5,5 millones de euros
PARÍS — Samir Nasri ya no desborda por la banda ni filtra pases entre líneas, pero vuelve a jugar un partido incómodo, esta vez lejos del césped. En el centro del terreno: la Hacienda francesa, una factura potencial de más de 5,5 millones de euros y… 212 pedidos de Deliveroo.
Las autoridades fiscales de Francia sostienen que el excentrocampista de Manchester City, Arsenal y Marseille no era realmente residente en Dubái, como declara, sino fiscalmente domiciliado en Francia entre 2018 y 2025. Esa diferencia de domicilio, según los documentos judiciales, podría costarle al exinternacional francés una suma millonaria en impuestos sobre la renta y el patrimonio.
En marzo, un tribunal de París autorizó la incautación temporal de parte de los bienes de Nasri: cuentas bancarias bloqueadas y una hipoteca provisional sobre una de sus propiedades en la capital. La medida busca asegurar el cobro de un eventual pago de atrasos fiscales si la administración gana el pulso.
El abogado de Nasri, Jean-Noël Sanchez, ha contraatacado. Ha recurrido la decisión y denuncia una ofensiva dirigida contra su cliente y otros residentes en Emiratos Árabes Unidos.
“Es un ciudadano francés perfecto”, defiende el letrado, que insiste en que Nasri declara y paga sus impuestos por los ingresos generados en Francia. La cifra de 5,5 millones de euros, la califica de “imaginaria”.
Detrás de la ofensiva de la administración, un argumento que ha llamado la atención incluso fuera del ámbito jurídico: los rastros de la vida cotidiana. El auto judicial menciona reservas aéreas y, sobre todo, los pedidos de comida a domicilio como elementos para sostener que Nasri vivía de facto en París.
Según los documentos, entre 2021 y 2023, Nasri habría pasado 487 días en Francia, frente a 226 en Emiratos Árabes Unidos. Y solo en 2022, se habrían realizado 212 pedidos de Deliveroo a una de sus direcciones parisinas.
Para Hacienda, ese patrón encaja con la vida de un residente. Para la defensa, es un indicio frágil, casi ridículo.
Sanchez cuestiona la base misma de esa prueba: no está demostrado que Nasri fuera quien pulsaba el botón de “confirmar pedido”. “¿Su madre hizo los pedidos, su hermana, su hermano, sus amigos?”, plantea el abogado, que considera que la administración estira al máximo los indicios para encajar su tesis.
El núcleo del conflicto es clásico en los grandes patrimonios: dónde se vive realmente. Nasri sostiene que su vida está en Emiratos Árabes Unidos, donde reside con su pareja y su hijo, escolarizado allí. “No vive en Francia”, insiste Sanchez, que se declara “un abogado enfadado” porque, a su juicio, se está erosionando la presunción de inocencia.
El caso, sin embargo, va para largo. Aunque la incautación provisional ya está en marcha, la batalla de fondo —determinar si Nasri debe o no esos impuestos atrasados— puede tardar años en resolverse en los tribunales.
Mientras tanto, el exmediocentro ve cómo su nombre vuelve a los titulares, ya no por sus noches europeas con Arsenal o sus títulos con Manchester City, sino por una pregunta mucho más terrenal: ¿pueden unos pedidos de comida y unas tarjetas de embarque decidir el verdadero domicilio fiscal de una estrella retirada?





