La República de Irlanda da un paso gigante hacia el Mundial
La noche en Gdansk dejó algo más que un marcador vibrante. Dejó una declaración. La República de Irlanda se impuso 3-2 a Polonia, se levantó tras los golpes sufridos ante Francia y Países Bajos y se metió de lleno en la pelea por el billete al Mundial de Brasil del próximo verano.
Carla Ward lo resumió con calma, pero con firmeza: sus jugadoras merecen reconocimiento. Y el partido le dio la razón.
Un arranque de ensueño
Irlanda salió como si el grupo A2 se decidiera en 15 minutos. Y en cierto modo, así fue. Emily Murphy abrió el marcador muy pronto, castigando a una defensa polaca aún fría, y poco después Katie McCabe amplió la ventaja para firmar un inicio soñado. Dos golpes secos, directos, que silenciaron el estadio y reforzaron la idea de un equipo que no estaba dispuesto a dejar escapar otra oportunidad.
Polonia tardó en reaccionar, pero encontró vida justo antes del descanso. Tanja Pawollek aprovechó su ocasión y recortó diferencias, devolviendo tensión a un duelo que Irlanda había manejado con autoridad. Ese gol dejó una cicatriz en el marcador y en la mente: el 0-2 plácido se convirtió en un 1-2 inquietante camino de vestuarios.
Ward, sin embargo, vio otra cosa. Vio a un equipo que había ejecutado el plan. “Durante 90 minutos fuimos el mejor equipo”, explicó después en RTE, subrayando cómo Irlanda logró hacer daño “en los espacios” que había identificado.
El gol que dio aire… y el sufrimiento final
Tras el descanso, Irlanda no se encogió. No especuló. Buscó el tercero, sabiendo que un 2-1 en campo ajeno, ante un rival directo, era demasiado frágil. El premio llegó con una acción que puede pesar en la clasificación: un derechazo magnífico de Marissa Sheva que devolvió la calma y, sobre todo, el control emocional del encuentro.
Con el 1-3, el partido parecía bajo control. Polonia necesitaba algo más que fútbol; necesitaba fe. Y la encontró a doce minutos del final. Ewa Pajor apareció para estrechar de nuevo el marcador y encender la grada. De repente, Irlanda volvía a caminar sobre el alambre.
La tensión subió otro peldaño cuando McCabe, que ya había marcado y había sido un tormento constante, dispuso de un penalti para cerrar la noche. Lo falló. El 2-4 no llegó, y los últimos minutos se convirtieron en una prueba de carácter. Esta vez, Irlanda no se derrumbó. Aguantó el arreón final polaco, defendió cada balón dividido como si fuera el último y amarró una victoria enorme.
Ward no escondió un matiz crítico: “Decepcionada con los dos goles; nos habría gustado mantener la portería a cero”. Pero ese reproche técnico no tapó el reconocimiento a un grupo que ha competido “en los tres partidos ante tres grandes selecciones” y que por fin ve recompensado su esfuerzo con puntos.
Un paso gigante hacia el play-off
El triunfo tiene un peso específico en la tabla. Irlanda se coloca tercera del grupo A2, por delante de Polonia, y se sitúa en posición de play-off. En este formato, esa tercera plaza vale oro: abre la puerta a seguir soñando con Brasil.
La ecuación es clara. Si las irlandesas repiten victoria este sábado en el Aviva Stadium, abrirán una brecha de cinco puntos sobre Polonia con solo dos jornadas por disputarse. Un colchón que cambiaría el tono de toda la ventana internacional y del tramo final de la fase de clasificación.
Ward lo sabe y por eso no quiere ni un segundo de relajación. Su mensaje al vestuario fue directo: mentalidad de élite o nada. “Les he dicho a las jugadoras que, por muy positiva que sea la actuación y los tres puntos, en el momento en que subamos al autobús todo lo que hagamos a partir de ahora tiene que estar a un nivel absoluto”, advirtió.
Recuperar bien. Analizar mejor. Corregir errores. Elevar cada detalle. La entrenadora habló de comportamientos “de clase mundial” como condición para volver a sumar tres puntos.
Seis puntos o la nada
El objetivo está marcado en rojo: seis puntos en esta ventana internacional. Tres ya están en el bolsillo. Los otros tres se jugarán en Dublín, en un Aviva Stadium que puede convertirse en el escenario de un giro decisivo en la historia reciente de esta selección.
“No se trata solo de ganar hoy”, viene a decir el planteamiento de Ward, “sino de colocarse en una posición realmente fuerte”. Si Irlanda logra ese pleno, no solo consolidará su tercera plaza; enviará un mensaje al resto del grupo: este equipo ya no está aquí solo para competir, sino para clasificar.
Gdansk dejó un marcador ajustado, un susto final y un penalti fallado. Pero dejó, sobre todo, la sensación de que la República de Irlanda ha dado un paso al frente. La próxima respuesta llegará en el Aviva. Y ahí ya no valdrá con “competir bien”: solo sirve ganar.



