Neymar y la última gran oportunidad: la fe de Cafu antes del Mundial
Neymar vuelve a estar en el centro del debate brasileño. Durante años fue señalado como el heredero natural al trono de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Nunca levantó el Balón de Oro. Hoy, a sus 34 años, pelea algo mucho más básico: recuperar sensaciones en el Santos y convencer de que todavía puede ser decisivo en la élite.
El talento sigue ahí. La duda es el cuerpo. Y el tiempo.
El ídolo que no terminó de coronarse
Desde su primera etapa en el Santos, Neymar se convirtió en icono nacional. El regate eléctrico, la irreverencia, los goles imposibles. Parecía escrito que un día sería el mejor del mundo. Sin embargo, la historia tomó otro rumbo: lesiones en momentos clave, temporadas cortadas, un foco extradeportivo que nunca dejó de perseguirle y esa sensación permanente de carrera interrumpida.
Ahora, de vuelta en el club que lo vio nacer, busca algo más que minutos: busca autoridad futbolística. Volver a mandar en un partido, volver a decidir. Volver a parecer Neymar.
Con el Mundial a la vuelta de la esquina y Brasil empeñado en romper una sequía que se alarga desde 2002, la presión sobre él es brutal: necesita demostrar que puede entrar en la lista de Carlo Ancelotti. No como nombre histórico. Como jugador útil, vigente, capaz de cambiar un partido.
Cafu no duda: “Técnicamente, mejor que Messi y Cristiano”
En medio del escepticismo, una voz con peso máximo en Brasil levanta la mano. Cafu, campeón del mundo y leyenda de la Seleção, no rebaja una sola coma en su admiración por Neymar. Para él, el techo del exjugador del Barcelona siempre estuvo por encima del de Messi y Cristiano Ronaldo en un aspecto concreto: la técnica.
“Para mí, Neymar era técnicamente incluso mejor que [Cristiano] Ronaldo y [Lionel] Messi”, afirmó en una entrevista con The Times. “Ha tenido una carrera brillante”.
No es una frase menor. Llega en un momento en el que muchos dudan de si Neymar puede volver a acercarse a su mejor versión. Cafu, en cambio, insiste en mirar al jugador que fue, no al que se ha ido rompiendo físicamente en los últimos años.
Cuando le preguntan por sus opciones de ir al Mundial, el exlateral es claro: un futbolista así, si está bien, no se discute.
“Cualquier equipo que tiene a un jugador decisivo como Neymar necesita a ese jugador. Si Neymar está en buena forma –físicamente, tácticamente, técnicamente– es obvio que es un futbolista que decide partidos. Pero solo Ancelotti puede decidir y solo Neymar puede saber si está listo”.
El mensaje es directo. No hay romanticismo, hay una condición: estar bien. Si cumple con eso, Cafu no entiende una Brasil sin Neymar.
Ancelotti, la revolución tranquila de la Seleção
Mientras el país debate sobre Neymar, Brasil se adentra en un territorio desconocido. Por primera vez, un extranjero toma el mando en solitario de la selección: Carlo Ancelotti. El italiano llega con una mochila cargada de títulos y de experiencia con futbolistas brasileños, pero también con el escepticismo de parte del entorno más tradicional.
Cafu, otra vez, se coloca del lado de la modernidad.
“Estoy cómodo con ello”, explica. “Ancelotti es el entrenador italiano más brasileño que ha existido, porque ha trabajado con muchos jugadores brasileños. Brasil se ha modernizado. La mayoría de los mejores futbolistas brasileños juegan en Europa y Ancelotti es europeo, pero eso no significa que el fútbol brasileño sea fútbol europeo. La esencia brasileña siempre estará ahí”.
Ancelotti ya ha marcado una línea: quiere “una defensa italiana y un ataque brasileño”. Un equilibrio entre rigor y fantasía. Cafu cree que esa fórmula “puede funcionar bien”. Si Neymar consigue llegar a ese Mundial en condiciones, encaja de lleno en esa idea: talento puro en un sistema ordenado.
Veinte años de espera y un recuerdo de pasillo
La presión sobre Brasil nunca se apaga. Menos ahora. El país vive con la obsesión de no encadenar seis Mundiales seguidos sin título. Cada generación carga con el fantasma de 2002, la última vez que levantaron la copa. Cada fracaso reciente hace más pesada la camiseta.
Cafu sabe lo que es convivir con ese peso. Capitán en aquella final de Yokohama ante Alemania, recuerda cómo su grupo gestionó la víspera de un partido que podía marcar sus vidas. No fue con una charla solemne ni con una concentración monástica. Fue con un pasillo de hotel convertido en campo improvisado de golf.
“Jugamos al golf”, cuenta entre risas. Estaban en el hotel, la noche anterior a la final. Ronaldinho apareció con una pelota y un palo, regalo de un equipo. Colocó un vaso de plástico en el pasillo y empezó a intentar embocar la bola. Se fueron sumando nombres gigantes: Ronaldo, Roberto Carlos, Lúcio, Roque Júnior, Edmilson… y el propio Cafu.
Él mismo admite que es “terrible” jugando al golf, pero eso no importaba. Pasaron una hora y media allí, en ese pasillo, golpeando una pelota hacia un vaso de plástico, riendo, compitiendo por nada y por todo al mismo tiempo. Era la noche previa a una final del mundo. Ellos eligieron bajar la tensión jugando.
Ese contraste resume bien el desafío actual. Aquella generación sabía convivir con la presión sin dejar que los devorara. La pregunta es si esta Brasil, con Ancelotti al mando y Neymar peleando contra el reloj y su propio cuerpo, encontrará su propia forma de respirar antes del próximo gran examen.
Y, sobre todo, si el 10 del Santos tendrá todavía un último golpe de magia reservado para el escenario más grande de todos.



