Cristiano Ronaldo y la lucha por el título en Arabia Saudita
Cristiano Ronaldo se asoma al primer gran título desde que aterrizó en Al-Nassr en diciembre de 2022. No lo tiene hecho. Ni mucho menos. A falta de tres jornadas para el final de la Saudi Pro League, su equipo manda con cinco puntos de ventaja sobre el vecino Al-Hilal, que persigue desde la segunda plaza con un dato casi imposible de encajar: no ha perdido ninguno de sus 30 partidos con Simone Inzaghi en el banquillo. Y, aun así, va por detrás. El italiano, paradójicamente, ya siente la presión.
Al-Hilal dispone de un partido menos y ambos se citan el próximo martes en un duelo que huele a final de campeonato. En plena etapa de contención del Public Investment Fund (PIF) saudí, que ha empezado a recortar ciertas inversiones deportivas, una de sus figuras más mediáticas se prepara para ocupar de nuevo el centro del escenario. La imagen de Cristiano levantando el trofeo encaja a la perfección con el relato de poder blando que impulsa el país. Y eso, precisamente, alimenta el ruido.
Una liga encendida y un campeón señalado
En los últimos meses se ha instalado una sensación incómoda: todo parece demasiado conveniente para Al-Nassr y para su estrella. Desde otros clubes se insinúa que el sistema empuja a Ronaldo hacia el título. El máximo goleador del torneo, Ivan Toney, ha firmado 27 tantos con Al-Ahli, pero ni su voracidad ha evitado que el gigante de Yeda se caiga de una carrera que, hasta hace pocas semanas, tenía cuatro aspirantes.
El punto de ebullición llegó en abril, tras un 1-1 ante Al-Fayha en el que Al-Ahli reclamó varios penaltis. Toney estalló. Contó que, al protestar, el colegiado les soltó: “Focus on the AFC [Asian Football Confederation Champions League]”. Y ahí el inglés ya no se contuvo: “¿Cómo puede decirnos eso el árbitro? Es evidente lo que se está influyendo aquí…”. Cuando le preguntaron quién salía beneficiado, respondió con una pregunta que sonó a acusación directa: “Lo sabemos. ¿A quién estamos persiguiendo?”.
Su compañero Galeno fue todavía más explícito en X. “Entréguenle el trofeo, eso es lo que quieren”, escribió el extremo brasileño. “Quieren sacarnos del campeonato como sea, quieren entregar el trofeo a una sola persona, una falta total de respeto hacia nuestro club”. La respuesta llegó desde los despachos: la comisión de disciplina y ética de la federación saudí sancionó económicamente a ambos jugadores.
El balón, sin embargo, no se detuvo. Al-Ahli se proclamó campeón de la AFC Champions League el 25 de abril y cuatro días más tarde visitó a Al-Nassr en Riad. La afición visitante convirtió el estadio en un altavoz de su orgullo continental. Merih Demiral se paseó por el césped enseñando su medalla a los hinchas locales, que nunca han visto a su equipo coronarse en el máximo torneo asiático. De momento, Al-Nassr deberá conformarse con la final de la AFC Champions League Two, el 16 de mayo ante Gamba Osaka.
Ronaldo responde en el césped… y con el micrófono
El partido, caliente desde el primer minuto, terminó con victoria de Al-Nassr por 2-0. El guion fue cruel para los acusadores. Cristiano firmó el 970º gol de su carrera y, ya en el descuento, Kingsley Coman fusiló el segundo. El ex del Bayern celebró el tanto en la cara de Toney, rodeado por varios compañeros, con Ronaldo sumándose a la escena. La tensión no se evaporó con el pitido final.
El portugués aprovechó los micrófonos para devolver el golpe, esta vez con palabras. “Creo que esto no es bueno para la liga”, dijo sobre las críticas. “Todo el mundo se queja. Esto es fútbol, no es una guerra. Sabemos que tenemos que luchar, todos quieren ganar. Pero no todo vale. Voy a hablar al final de la temporada porque he visto muchas, muchas cosas malas”.
Cristiano apuntó directamente al clima creado en redes y ruedas de prensa. “Muchos jugadores se han quejado, haciendo publicaciones en Instagram, en Facebook, hablando de los árbitros, hablando de la liga, hablando del proyecto. Esto no es bueno. Este no es el objetivo de la liga”. El mensaje fue claro: la estrella se siente bajo ataque y promete un discurso final cuando caiga el telón del curso.
El propio delantero, con 41 años y un peso específico enorme en el proyecto, no ha estado al margen de las polémicas. A comienzos de año se ausentó de dos partidos de liga. Los informes desde Arabia apuntaban a un motivo muy concreto: sentía que el PIF, entonces propietario del llamado “Big Four”, favorecía a Al-Hilal. El eco de aquella queja resuena ahora en sentido inverso.
El tablero del poder cambia de manos
En abril, la estructura de poder se movió. El PIF vendió el 70% de Al-Hilal a Kingdom Holding Company, controlada por el príncipe Al-Waleed bin Talal, miembro de la familia real saudí. El fondo explicó la operación como parte de su estrategia para “maximizar retornos y redistribuir capital en la economía doméstica” y acelerar “el desarrollo y la diversificación de Arabia Saudí”.
La venta encaja en un reajuste más amplio de la hoja de ruta deportiva del país, que busca seguir proyectando fuerza global con un modelo algo menos dependiente del gasto directo del fondo soberano. El fútbol, y en particular la figura de Cristiano, sigue siendo una pieza central del escaparate. La imagen del portugués levantando la liga sería un símbolo potente para el relato interno y externo. Pero el guion, de momento, se resiste a ser tan lineal.
El domingo, Al-Nassr tropezó con estruendo. Cayó 3-1 ante Al-Qadsiah, dirigido por Brendan Rodgers, y vio cómo se cortaba una racha de 20 victorias consecutivas en todas las competiciones. El golpe abre la puerta a un final de temporada dramático, con Al-Hilal al acecho. Aun así, la ventaja en la tabla mantiene al equipo de Ronaldo en posición de mando. El margen, eso sí, ya no admite relajaciones.
El sello de Jorge Jesus: de constelación a equipo
En medio del ruido político, económico y mediático, el fútbol también cuenta. El éxito reciente de Al-Nassr tiene un nombre propio en el banquillo: Jorge Jesus. El veterano técnico portugués, que ya firmó con el club una racha récord mundial de 34 victorias seguidas hace dos años, ha logrado algo que parecía escaparle a la institución desde la llegada de Cristiano: convertir un elenco de estrellas en un equipo reconocible.
Con Jesus, las figuras brillan, pero dentro de un marco. La estructura es más compacta, los esfuerzos mejor coordinados y las distancias entre líneas, más cortas. Por primera vez desde que aterrizó Ronaldo, Al-Nassr se comporta como un bloque, no solo como un escaparate.
En ataque, João Félix se ha asentado como socio ideal, con libertad para flotar entre líneas y castigar espacios. Sadio Mané aporta desborde y experiencia competitiva, mientras que Coman, decisivo ante Al-Ahli, se ha adaptado rápido al ritmo del campeonato. Detrás, la pareja de centrales formada por Iñigo Martínez y Mohamed Simakan sostiene al equipo con autoridad, arropada por piezas locales como Nawaf Boushal y Abdulelah al-Amri, que han dado un salto de rendimiento.
El resultado es un Al-Nassr más completo, menos dependiente de las genialidades de su estrella y más capaz de sobrevivir a los momentos en los que Cristiano no decide. Justo lo que se exige a un campeón.
Ahora, con el calendario encogido, la presión multiplicada y las sospechas flotando sobre cada decisión arbitral, la liga se encamina a un cierre de alta tensión. ¿Será la coronación de Ronaldo en Arabia o el golpe definitivo de un Al-Hilal invicto que se niega a rendirse? La respuesta llegará en pocas semanas, en un país que ha hecho del fútbol su gran escaparate hacia el mundo.




