La escena está lista en Gateway High School, en Harare. El jueves 9 de abril, la selección sub-15 masculina de Marruecos se juega mucho más que un partido ante Senegal en las semifinales del CAF African Schools Football Championship: se juega un billete directo a la final continental y un paso más en la construcción de una generación.
Marruecos llega con cicatrices y argumentos. Su fase de grupos en el Grupo A fue sólida, pero no lineal. Arrancó el torneo con un golpe de autoridad: un contundente 6–1 frente a DR Congo en el debut, una exhibición ofensiva que marcó el tono de sus intenciones. Seis goles en el estreno, confianza disparada y un mensaje claro al resto del torneo.
El siguiente obstáculo fue el anfitrión, Zimbabwe. En un entorno siempre hostil para el visitante, el conjunto marroquí respondió con madurez y se impuso 2-1. Dos triunfos seguidos, seis puntos, y la sensación de que el equipo había encontrado ritmo y personalidad justo a tiempo.
Entonces llegó Uganda. Y con ella, el primer frenazo serio. Marruecos cayó 3-0 y cedió el liderato del grupo. El golpe dolió, pero no fue mortal: el equipo terminó segundo del Grupo A con seis puntos y aseguró su presencia en las semifinales. Clasificación con luces y sombras, pero clasificación al fin y al cabo.
Al otro lado del cuadro espera un Senegal que ha ido de menos a más y que aterriza en semifinales como campeón del Grupo B, con siete puntos y mucha confianza. El conjunto senegalés dejó una gran impresión en la liguilla, con un vibrante 3-2 ante Tanzania y un empate 1-1 frente a Zambia que le bastó para cerrar la cima de la tabla. No ha sido un paseo, pero sí una demostración de carácter competitivo.
Harare, que acoge el torneo del 6 al 10 de abril, se ha convertido en el escaparate de algunos de los mejores equipos escolares sub-15 del continente. Entre ellos, Marruecos, que llegó como uno de los representantes más fuertes del Norte de África tras clasificarse a través del torneo zonal de la UNAF. Esa etiqueta de favorito regional se sostuvo desde el primer día con la goleada a DR Congo, donde el ataque marroquí se desató con una facilidad llamativa.
Ahora, el desafío sube varios peldaños. Senegal no solo lideró su grupo; llega con inercia positiva y la sensación de equipo que crece partido a partido. Para Marruecos, el duelo será un examen de carácter tanto como de fútbol: deberá recuperar la versión arrolladora del debut y corregir las grietas que Uganda expuso con crudeza.
En la otra semifinal, Uganda se mide a Benin. Dos ganadores saldrán de estas batallas y se encontrarán más adelante en el partido por el título. No habrá red de seguridad: es ganar o quedarse a las puertas.
Para Marruecos, el reto está perfectamente definido. Vencer a Senegal, levantarse tras la derrota más dura del torneo y situarse a un solo paso de un título continental que, a esta edad, puede marcar una generación entera. ¿Responderán los jóvenes marroquíes a la altura del escenario? Harare tendrá la respuesta.





