Marruecos avanza a cuartos de final tras vencer 3-0 a Canadá
HOUSTON — Marruecos vuelve a llamar a la puerta de los gigantes. Ya no llega de puntillas, ya no sorprende a nadie. Golea, manda y avanza. Esta vez, un 3-0 rotundo sobre Canadá en octavos de final del Mundial lo coloca otra vez entre los ocho mejores del planeta y lo convierte en el primer país africano que alcanza los cuartos en más de una edición.
Mohamed Ouahbi lo resumió sin rodeos: “Ya no somos una sorpresa”. Y su equipo lo respaldó con un partido de selección grande.
Ounahi rompe el candado
Durante 45 minutos, el duelo fue una batalla cerrada. Canadá presionó alto, discutió cada balón, intentó imponer ritmo y valentía. Marruecos, más paciente, esperaba el momento exacto para golpear.
La brecha se abrió a balón parado. Minuto 50. Achraf Hakimi se colocó sobre la falta, escorada pero peligrosa. En lugar de buscar el disparo directo, trazó un pase inteligente hacia la frontal. Azzedine Ounahi apareció entre la maraña de piernas, controló el espacio y soltó un derechazo raso, cruzado, que se coló ajustado al poste derecho. Un disparo seco, quirúrgico, que desató el grito marroquí en Houston.
El 1-0 cambió el escenario. Marruecos, sexta del ranking FIFA, se acomodó en un partido que conoce de memoria: ventaja en el marcador, líneas juntas, agresividad medida y la sensación constante de que el segundo podía caer en cualquier contra.
Canadá no se rindió. Siguió empujando, fiel a la idea de Jesse Marsch, que quiere una selección que compita de tú a tú con cualquiera. Pero el colmillo lo tenía el equipo de Ouahbi.
Canadá muerde, Bounou responde
La selección coanfitriona del Mundial se marchó del torneo con la cabeza alta. Llegó a octavos por primera vez en su historia tras eliminar a Sudáfrica y encendió un país acostumbrado a vivir pendiente del hielo y no del césped. En Houston, su propuesta fue valiente, incluso dominante por fases.
Marsch lo vio así y lo dijo así: Canadá, para él, fue mejor “en el impacto global del partido”. Las estadísticas no se discutieron en la sala de prensa, pero el marcador sí. Y ahí Marruecos fue implacable.
Cuando el partido entraba en su tramo final, Canadá rozó el empate. Minuto 78: Jonathan David se plantó ante un libre directo desde la frontal. Golpeó fuerte, con intención, pero el balón se marchó por encima del larguero. Poco después, Tajon Buchanan probó desde casi 30 metros. Su disparo llevaba veneno, pero Yassine Bounou voló a su derecha y lo sacó con una estirada de portero grande.
Bounou, nacido en Canadá de padres marroquíes, cerró la noche con tres paradas y una portería a cero que vale un billete a cuartos. Un símbolo perfecto de esta Marruecos que se mueve cómoda entre continentes y jerarquías.
El golpe definitivo
La resistencia canadiense se resquebrajó en el tramo en el que las grandes selecciones no perdonan. Minuto 82. Marruecos encontró espacio por dentro, Brahim Díaz filtró un pase preciso hacia el corazón del área y Ounahi, otra vez él, definió con la derecha desde la zona central del área. 2-0, partido encarrilado, sensación de superioridad.
Canadá siguió compitiendo hasta el final, pero ya jugaba contra el reloj y contra un equipo que huele la sangre cuando el rival se abre. La noche se cerró en el descuento, con Soufiane Rahimi cazando el tercero en la última acción, ya con los norteamericanos volcados. Un 3-0 que no admite matices en el resultado, por mucho que el desarrollo del juego deje orgullo a Canadá.
La tensión del encuentro quedó reflejada en las tarjetas: ocho amarillas, cuatro por bando. El duelo entre Hakimi y Richie Laryea en el minuto 40 encendió las chispas. Empujón, respuesta, pequeño tumulto. El árbitro cortó por lo sano y amonestó a ambos. Antes, Marruecos ya había perdido por lesión a Ismael Saibari en el 22, un golpe que no alteró el plan de Ouahbi.
Orgullo africano, ambición sin techo
Marruecos repite en cuartos tras su histórica semifinal de 2022, cuando se convirtió en la primera selección africana en alcanzar el penúltimo peldaño de un Mundial. Este torneo confirma que aquello no fue un accidente, sino el inicio de una etapa.
“Estamos muy orgullosos de representar a África”, dijo Bounou. “Es un continente con mucho talento y África merece estar en el mejor nivel del fútbol”. La frase encaja con lo que se ve sobre el césped: una selección madura, competitiva, con estrellas consolidadas y una identidad clara.
Ouahbi, por su parte, no quiere que nadie se relaje. “Queremos seguir. No queremos parar”. Lo dijo con la serenidad de quien sabe que su equipo ya ha hecho historia, pero no se conforma.
Al otro lado, Marsch dejó un mensaje desafiante a su vestuario. Les pidió que asuman que pueden jugar así “siempre, contra los mejores equipos del mundo”, y que el verdadero reto es sostener ese nivel durante 90 minutos. Canadá se marcha sin Alphonso Davies, lesionado de los isquiotibiales y ausente en este partido tras apenas 15 minutos en el torneo frente a Sudáfrica. Aun así, se va con la sensación de haber dado un paso enorme en su crecimiento.
Ouahbi, cuando escuchó que Marsch consideraba a Canadá mejor que la “séptima” selección del mundo —el técnico se equivocó, Marruecos es sexta—, respondió con filo: “En intensidad estuvieron bien. Estuvieron bien durante 98 minutos. ¿Fueron mejores? Es difícil decirlo. Hay que tener nervio para decir eso cuando pierdes 3-0”.
Un gigante incómodo en el cuadro
El 3-0 en Houston reabre un capítulo que ya empieza a ser costumbre: Marruecos instalada en la parte noble de los Mundiales. En el horizonte espera el ganador del Paraguay–Francia, duelo que definirá el próximo obstáculo camino de otra semifinal.
El partido será el jueves, en el Boston Stadium. Otra ciudad, otro escenario, la misma pregunta: ¿hasta dónde puede llegar esta selección que ya dejó de ser cuento de hadas y se ha convertido en una realidad incómoda para las potencias tradicionales?




