Lula y Ancelotti: El futuro de Neymar en la selección
Carlo Ancelotti no solo consulta a analistas, médicos y ojeadores. También levanta el teléfono para llamar al presidente de Brasil. Y del otro lado de la línea, Luiz Inácio Lula da Silva le devuelve la pelota con una sinceridad que retrata el momento exacto de la carrera de Neymar.
Durante una transmisión en directo en su canal de YouTube, el mandatario brasileño desveló una conversación que nadie esperaba escuchar en público. Ancelotti fue directo: quería saber cuál era el clima político y popular alrededor de un posible regreso de Neymar a la selección.
“Tuve la oportunidad de hablar con Ancelotti y me preguntó: ‘¿Crees que Neymar debe ser convocado?’”, contó Lula. Su respuesta fue tan futbolera como política: “Mira, Ancelotti, si está bien físicamente, tiene el fútbol. Lo que necesito saber es si realmente lo quiere”.
Ahí está el corazón del debate. No se discute el talento. Se discute la voluntad, la profesionalidad, la capacidad de sostener un nivel de élite después de años marcados por lesiones, polémicas y altibajos.
Lula fue más allá. Puso sobre la mesa los modelos que Neymar debería mirar si quiere alargar su historia con la Canarinha: “Si lo quiere, tiene que ser profesional. Puede mirar a alguien como Cristiano Ronaldo, puede mirar a [Lionel] Messi y seguir yendo a la selección, porque aún no es viejo. Pero no puede esperar ir solo por su nombre. Tiene que ganárselo en la cancha”.
Es exactamente la misma línea que Ancelotti defiende en público. El técnico italiano escucha, toma nota, pero no se mueve un centímetro de su principio básico: la reputación no compra billetes para el avión rumbo a Norteamérica.
Tras la grave lesión de rodilla sufrida en diciembre, que obligó a Neymar a pasar por el quirófano, Ancelotti ha repetido una idea hasta el cansancio: solo contará con jugadores que estén físicamente listos para competir al máximo nivel. Nada de concesiones sentimentales.
“Neymar es capaz de volver. Lo he dicho varias veces y está muy claro: solo convocaré a jugadores que estén físicamente preparados”, subrayó el entrenador. “Después de su lesión de rodilla, Neymar se ha recuperado bien; está marcando goles. Necesita seguir en esa dirección y mejorar su condición física. Va por el buen camino. Ahora mismo está siendo evaluado por la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), por mí, y todavía tiene dos meses para demostrar que tiene las cualidades necesarias para jugar el próximo Mundial”.
Dos meses. Ese es el reloj que suena detrás de cada partido, cada entrenamiento, cada sprint. Neymar vive, otra vez, en un examen permanente.
Mientras en Brasil la discusión se enciende —¿debe volver? ¿debe ser titular? ¿es un riesgo o una obligación histórica?—, la nueva generación de estrellas ya ha tomado partido. Y lo hace sin matices.
Lamine Yamal, la joya del Barcelona, no esconde su devoción por el 10 brasileño. Lo veía por televisión cuando era un niño; ahora comparte escaparate con él en la élite mundial. Y quiere verlo en el mayor escenario posible.
“Es mi ídolo y siempre le estaré agradecido por todo lo que le ha dado al fútbol”, dijo el joven en rueda de prensa. “Inspira a todos. Es el tipo de jugador por el que pagas una entrada para verlo jugar, el tipo de jugador por el que vuelves a ver un partido tres días después solo para ver sus jugadas. Ojalá esté en el Mundial”.
La frase resume el dilema: el Neymar que la gente quiere ver es el artista que llena estadios, no el futbolista atrapado en la enfermería. Entre la nostalgia del genio y la exigencia del presente se mueve hoy el debate en Brasil.
Ancelotti, mientras tanto, se mantiene en su trinchera: rendimiento, estado físico, compromiso. Lula introduce el ángulo emocional y simbólico. La CBF mide riesgos y beneficios. Y Neymar corre contra el tiempo, sabiendo que ya no basta con su nombre ni con los recuerdos de sus mejores noches.
Quedan dos meses para que el cuerpo dicte sentencia. Si responde, el Mundial 2026 puede ofrecerle la última gran escena con la camiseta de la selección. Si no, Brasil tendrá que imaginar su futuro sin el futbolista que, durante años, parecía destinado a ser el heredero natural del trono.




