Liverpool se prepara para una reconstrucción profunda
El Liverpool se asoma a otro verano decisivo. Y esta vez no se trata solo de retoques: el club encara una reconstrucción profunda mientras se prepara para vivir sin su faro ofensivo, Mohamed Salah, y sin el coloso que ha sido Andy Robertson en el costado izquierdo.
En medio de ese terremoto, una primera pieza ya está colocada.
Jacquet, el primer ladrillo de la nueva zaga
Jeremy Jacquet llegará desde Rennes para reforzar una defensa que ha encajado más de 50 goles en la Premier League esta temporada. Un dato que habla por sí solo. El central francés aterriza en Anfield como parte de un plan mucho más amplio para apuntalar la retaguardia, después de que el club haya invertido ya una cifra récord de 446 millones de libras el verano pasado y haya superado la barrera de los 500 millones con los 60 millones de su fichaje.
El contexto, sin embargo, no invita a la calma. La situación contractual de varios pilares mantiene en vilo a la dirección deportiva. Andy Robertson y Mohamed Salah se acercan a su salida, y su marcha abre dos agujeros enormes en los costados. A ello se suma la incógnita de Alisson, cuya continuidad no está garantizada, y el hecho de que Ibrahima Konaté aún no ha estampado su firma en un nuevo contrato.
Jacquet podría acabar ocupando, a medio plazo, el espacio que dejaría su compatriota Konaté si decidiera marcharse. En el club, no obstante, persiste la sensación de que el actual dorsal 5 terminará renovando antes que irse libre. Si Konaté sigue, la urgencia por otro central se reduce: Virgil van Dijk seguirá siendo el líder de la zaga y Giovanni Leoni apunta a reaparecer en algún momento del verano tras su lesión.
Laterales entre algodones y soluciones internas
En los costados defensivos, el panorama es delicado. Conor Bradley no se espera hasta el próximo año, y las alternativas en la derecha pasan por un dúo tan talentoso como frágil físicamente: Jeremie Frimpong y Joe Gomez. Con ese historial de lesiones, sumar otro lateral derecho sería casi una necesidad, no solo una opción. De lo contrario, el riesgo es evidente: ver a Curtis Jones o Dominik Szoboszlai sacrificados como parches en el lateral, desnudando el centro del campo.
Por la izquierda, el relevo de Robertson es una cuestión estratégica. El sustituto podría no venir del mercado, sino de casa: Kostas Tsimikas regresará y ya está Milos Kerkez, fichado en la gran oleada de gasto del verano pasado. Entre ambos podrían repartirse un rol que durante años ha tenido dueño indiscutible.
En la medular, el número de efectivos es suficiente siempre que no haya salidas y que Jones y Szoboszlai no se vean obligados a abandonar su posición natural. Otra cosa es el nivel ofrecido. El rendimiento de varios centrocampistas ha quedado bajo sospecha tras esta campaña, con Alexis Mac Allister en el foco de parte de las críticas. Aun así, el club parece tener claro que hay frentes más urgentes antes de volver a gastar fuerte en esa zona.
El vacío Salah y un ataque por reconstruir
El gran desafío está arriba. La marcha de Salah no solo deja escapar goles; se va una referencia histórica del club. Rio Ngumoha apunta maneras, pero nadie en Anfield se engaña: cargar sobre un adolescente la tarea de sustituir a uno de los mejores futbolistas de la historia reciente del Liverpool sería tan injusto como irreal.
La solución pasa por repartir el peso ofensivo entre varios fichajes. No se trata de encontrar “otro Salah”, sino de construir un frente de ataque capaz de compensar, entre varios, la pérdida del egipcio.
En ese escenario, la mirada vuelve a un viejo conocido del mercado red: RB Leipzig. El club alemán ya ha sido objetivo prioritario en el pasado, y en su plantilla destacan dos nombres que encajan en el perfil que busca el Liverpool: Antonio Nusa y Yan Diomande. Entre ambos, el coste podría situarse en torno a los 150 millones de libras, con la mayor parte del desembolso destinada al internacional marfileño.
La apuesta sería clara: juventud, dinamismo y margen de crecimiento. Pero también riesgo. Igual que Ngumoha, confiar en que dos jugadores de 21 y 19 años cierren por sí solos el agujero que deja Salah es, como mínimo, temerario.
Ahí entra en escena otra pieza posible.
Barcola, experiencia temprana y un coste elevado
Bradley Barcola ofrece algo diferente. Más rodado, más hecho para la alta competición. Ya sabe lo que es levantar la Champions League y podría volver a hacerlo antes de que termine mayo con Paris Saint-Germain. Ese tipo de experiencia, a su edad, no se compra todos los días.
Su perfil añade una capa táctica interesante. Al igual que Nusa, puede partir desde banda pero también moverse por dentro. Esa versatilidad tendría un valor extra la próxima temporada, aligerando la carga ofensiva sobre Alexander Isak en un contexto en el que Hugo Ekitike estará fuera de combate, como mínimo, hasta otoño.
El precio, eso sí, no sería menor: unos 70 millones de libras más a la factura. Con Jacquet incluido, el gasto total del Liverpool podría rondar los 300 millones este verano. Una cifra descomunal, pero alineada con la magnitud del reto: reconstruir una defensa que hace agua y rediseñar un ataque sin Salah.
La pregunta ya no es si el Liverpool necesita este tipo de revolución. La cuestión es si puede permitirse no hacerla en un verano en el que el futuro inmediato del club se juega, casi, ventana a ventana.




