Anfield volvió a encenderse en noche grande. Liverpool, herido por el 1-0 encajado en Estambul, respondió con una exhibición ofensiva para triturar 4-0 a Galatasaray y sellar el pase a los cuartos de final de la Champions League. Un 4-1 global que sonó a aviso para el resto de Europa… y, en especial, para Paris Saint‑Germain.
El equipo de Arne Slot salió como si el marcador fuese 0-3 en contra. Ritmo alto, presión arriba y una sensación constante de amenaza. El gol tardó 25 minutos, pero cuando llegó, fue una declaración de intenciones.
Szoboszlai, el motor que encendió Anfield
El 1-0 nació en la pizarra. Un córner trabajado al detalle, un movimiento limpio en el área y la llegada de Dominik Szoboszlai para definir con precisión. Un gol que premiaba el dominio y que alimenta todavía más el discurso de quienes le ven como algo más que un simple centrocampista talentoso.
Desde la banda, Steven Gerrard, ahora analista en TNT Sports, no escondió su admiración. El excapitán habló de mentalidad, de crecimiento, de liderazgo. Le ve en la edad perfecta, le ve mandando, le ve futuro capitán en Anfield si se mantiene sano y en su posición ideal. Szoboszlai, mientras tanto, responde en el césped: gol clave en una noche de Champions y otra actuación de peso en una temporada sobresaliente.
Liverpool pudo irse al descanso con la eliminatoria ya encarrilada. Tuvo la ocasión más clara en el pie de siempre: Mohamed Salah. Penalti, silencio en Anfield… y parada de Ugurcan Cakir ante un lanzamiento blando, impropio del egipcio.
Ahí pudo cambiar el guion. No lo hizo.
Diez minutos de furia y la marca de los 50 de Salah
El fallo desde los once metros amenazaba con sembrar dudas. En lugar de eso, encendió a Liverpool. El equipo de Slot salió del vestuario con más colmillo aún. Y la eliminatoria se decidió en un vendaval de diez minutos.
Primero, Hugo Ekitike. El atacante aprovechó el empuje del equipo y el servicio de Salah para poner por delante a los ‘reds’ en el global. Gol vital, gol de delantero que entiende el momento. En la misma acción, el rechace acabaría siendo aprovechado por Ryan Gravenberch para firmar el 3-0 de la noche y hundir definitivamente a Galatasaray.
La presión ya era asfixiante. El ambiente, de vieja noche europea en Anfield. Faltaba la rúbrica de Salah. Llegó como tantas otras veces: control, recorte hacia dentro, rosca al palo largo. Un gol marca de la casa, el número 50 del egipcio en la Champions League. Una respuesta directa a su penalti fallado y a una temporada complicada, quizá la más difícil desde que viste de rojo.
Slot, después, no dudó en subrayar la fortaleza mental de su estrella. Recordó los muchos partidos en los que el equipo generó sin premio, los golpes encajados este curso, y cómo Salah salió del descanso para asistir, liderar y sentenciar con un gol que ha repetido una y otra vez en este estadio. Para el técnico, fue una prueba más del carácter del egipcio… y del grupo.
La nota inquietante: Salah pide el cambio
La única sombra en una noche casi perfecta llegó en el tramo final. Con el partido resuelto, Salah se llevó la mano al cuerpo y pidió el cambio. Nada de celebración excesiva: preocupación inmediata.
Slot fue claro tras el encuentro. Explicó que el delantero pidió la sustitución porque “sentía algo”, no por dar por cerrada su obra. El cuerpo técnico deberá ahora evaluar su estado de cara al próximo compromiso liguero, una visita siempre incómoda a Brighton el sábado. En un calendario que aprieta, cualquier molestia de Salah es un aviso serio.
Slot y el reencuentro con el campeón
Superado el escollo turco, el premio es todo menos sencillo: un cruce de cuartos contra el vigente campeón, Paris Saint‑Germain. El recuerdo es reciente y duele. La temporada pasada, Liverpool cayó en los penaltis ante el equipo francés en octavos, el día en que PSG se abrió paso hacia su primera Copa de Europa.
Slot no esconde que le seduce el desafío. Habla de un equipo “increíble”, de la dureza del duelo en el Parc des Princes, de la noche mágica vivida en Anfield frente a los parisinos, que él mismo definió como el mejor partido que ha dirigido, no por el resultado, sino por la forma de jugar. Dos equipos lanzados a atacar, a entretener, a llevar el fútbol al límite. Liverpool fue el único que llevó a PSG a la prórroga, el único que le llevó a los penaltis. Ahora se verán las caras de nuevo, y Slot insiste: ese campeón no ha bajado el nivel.
El calendario no concede respiro. Antes del viaje a París, Liverpool se medirá a Man City a domicilio en la FA Cup el sábado 4 de abril. El 8, Parc des Princes. El 11, Fulham en Anfield por la Premier League. El 14, la vuelta de cuartos ante PSG en un estadio que se prepara ya para otra noche eléctrica.
Un cuadro de cuartos de lujo… y un viejo conocido en estado de gracia
La Champions presenta un menú de cuartos de final de primer nivel. El martes 7 de abril, Sporting Lisbon se enfrentará a Arsenal y Real Madrid a Bayern Munich. Al día siguiente, Barcelona recibirá a Atletico Madrid y PSG hará lo propio con Liverpool. Las vueltas, una semana más tarde: Atletico‑Barcelona y Liverpool‑PSG el martes 14; Arsenal‑Sporting Lisbon y Bayern‑Real Madrid el miércoles 15.
En ese cuadro asoma otro nombre propio: Harry Kane. El delantero de Bayern Munich firmó un doblete en el 4-1 ante Atalanta, que cerró un demoledor 10-2 global, y se convirtió en el primer jugador inglés en alcanzar los 50 goles en la Champions League. Lo hizo en 66 partidos, en una temporada en la que ya suma 47 tantos. Su premio: un cruce gigantesco contra Real Madrid.
Mientras tanto, en Londres, Tottenham vive otra historia. El equipo de Igor Tudor cayó eliminado ante Atletico Madrid (5-7 global), pero ganó 3-2 en la vuelta y, sobre todo, recuperó algo de orgullo y confianza en plena pelea por evitar el desastre doméstico. La Champions se acaba para Spurs; quizá, para ellos, no sea la peor noticia.
Anfield mira a París
Liverpool, en cambio, se instala en territorio que conoce bien: los cuartos de final de Europa. Con Szoboszlai creciendo a paso firme, con Ekitike y Gravenberch sumándose a la causa y con Salah buscando reencontrarse con su mejor versión en el tramo decisivo, el equipo de Slot vuelve a oler a amenaza seria.
La gran incógnita, ahora, es si el cuerpo de Salah acompañará a la mente de acero que mostró ante Galatasaray. Porque el próximo examen no admite errores: al otro lado espera el campeón, y Anfield ya ha empezado a contar los días.





