La noche en el Oeste tuvo dueño y nombre propio: Nikola Jokić. Denver estaba contra las cuerdas, 16 abajo con ocho minutos por jugar, sin margen de error en una carrera por los puestos altos que ya no perdona tropiezos. Y entonces el serbio volvió a sacar la baraja completa.
Nuggets 137, Blazers 132 (OT).
Portland mandaba 115-99 y el partido parecía sentenciado. Desde ahí, Jokić encendió un cierre de 26-10 para forzar la prórroga y terminar con una línea que roza lo absurdo: 35 puntos, 14 rebotes, 13 asistencias y 5 robos. En el tiempo extra, el guion fue conocido: balón en sus manos y en las de Jamal Murray, y la sensación de que el resultado ya estaba escrito.
Primero, Jokić encontró a Aaron Gordon para un triple que puso por delante a Denver. Luego, Murray encadenó siete puntos seguidos para romper la resistencia de los Blazers. El golpe final llegó con una penetración marca de la casa del serbio, bandeja a 1:26 del final para dejar a Portland sin respuesta y estirar la racha de los Nuggets a nueve victorias.
No son solo números. Son decisiones. Jokić firmó su segundo partido en la historia con al menos 35 puntos, 10 rebotes, 10 asistencias y 5 robos, algo que nadie más ha repetido desde que se registran los robos en 1973-74. Suma ya 33 triples-dobles en la temporada, tope de la liga, seis de ellos en este 9-0 que ha catapultado a Denver del sexto al tercer puesto del Oeste.
Anoche, volvió a decidir: participó, anotando o asistiendo, en 17 de los últimos 24 puntos de su equipo en el último cuarto para forzar el tiempo extra, donde él y Murray superaron por sí solos a todo Portland. Murray cerró con 20 puntos y 7 asistencias; Gordon añadió 23, 9 y 5, con canastas clave en el último minuto del tiempo reglamentario, incluyendo un tiro para empatar y otro para adelantar.
El premio no es menor: mayor remontada de Denver en un último cuarto esta temporada y salto por encima de los Lakers para colocarse tercero, una posición que no ocupaba desde el 22 de febrero. El campeón vuelve a oler a amenaza seria.
De las 60 derrotas a las 60 victorias: los nuevos Spurs
En San Antonio, la cifra es la misma, pero el mundo ha cambiado. En 2023-24, el año de novato de Victor Wembanyama, los Spurs perdieron 60 partidos. Dos cursos después, ya suman 60 triunfos. La reconstrucción exprés tiene nombre, estilo y ahora también números históricos.
Spurs 115, 76ers 102.
Wembanyama dominó el primer tiempo con 17 puntos, 5 rebotes y 3 tapones antes de marcharse al vestuario con una contusión en las costillas. Su ausencia habría sido un golpe mortal para muchas franquicias. No para estos Spurs.
Stephon Castle tomó el timón con un triple-doble de manual (19 puntos, 10 rebotes, 13 asistencias) y San Antonio respondió con un esfuerzo coral para contener la exhibición de Joel Embiid (34 puntos, 12 rebotes, 4 tapones) y cerrar una victoria que sabe a declaración.
Los números cuentan la dimensión del giro: 60-19, primer curso de 60 o más victorias desde 2016-17 y séptimo desde 2000-01, más que nadie en la NBA en ese tramo. Desde el 1 de febrero, el equipo está simplemente encendido: 28-3, segundo en rating defensivo y primero tanto en rating ofensivo como en neto.
Wembanyama ha sido el faro del sprint (25,6 puntos, 11,9 rebotes, 3,6 tapones), pero el sistema ha dejado de depender solo de él. Castle promedia 17 puntos y 7,8 asistencias, y otros seis jugadores se mueven en dobles dígitos. Anoche, 11 Spurs anotaron y seis acabaron por encima de los 10 puntos.
El resultado es claro: San Antonio está a 2,5 partidos de Oklahoma City, el otro equipo con 60 victorias, en la pelea por el primer puesto del Oeste. De las 60 derrotas a las 60 victorias en dos años. El reloj de la reconstrucción se ha adelantado varias temporadas.
Brunson resuelve un thriller, Cavs y Magic no sueltan el ritmo
En el Este, la noche tuvo aroma de primavera: partidos apretados, candidatos midiéndose sin red y un final de película en Nueva York.
Knicks 108, Hawks 105.
Ocho empates, 11 cambios de liderato y un protagonista en los minutos calientes. Jalen Brunson firmó 30 puntos y 13 asistencias, con 17 puntos solo en el último cuarto. Primero clavó un tiro en suspensión a 30 segundos del final para poner por delante a los Knicks. Después, amplió la ventaja a tres con un segundo en el reloj.
Parecía suficiente hasta que CJ McCollum cruzó la pista y bancó un lanzamiento desde medio campo que silenció el Garden. El rugido volvió con la repetición: el balón aún tocaba sus dedos cuando sonó la bocina. Canasta anulada, victoria neoyorquina y alivio general.
Del otro lado, Nickeil Alexander-Walker sostuvo a Atlanta con 36 puntos y siete triples, en un duelo directo con Brunson en el último tramo. El base de los Knicks llegó a encadenar 12 puntos consecutivos para recuperar el control del partido. Karl-Anthony Towns (21 puntos, 12 rebotes, 6 asistencias) y OG Anunoby (22 puntos) completaron la actuación del núcleo duro y entregaron a los Hawks apenas su tercera derrota en los últimos 21 encuentros.
Nueva York encadena tres triunfos y mantiene una ventaja de un partido sobre Cleveland por la tercera plaza. El margen es mínimo, la tensión máxima.
Cavaliers 142, Grizzlies 126.
Memphis igualó el récord histórico de la NBA con 29 triples anotados. Ni así le alcanzó. La profundidad ofensiva de los Cavs se impuso con nueve jugadores en dobles dígitos, liderados por Evan Mobley (24 puntos, 6 rebotes) y Dennis Schröder (22 puntos, 11 asistencias). Tercera victoria consecutiva para un equipo que ha aprendido a ganar sin hacer ruido, pero con contundencia.
Y hay otro invitado a la racha: Orlando.
Magic 123, Pistons 107.
Paolo Banchero asumió el rol de estrella con 31 puntos, Desmond Bane aportó 25 y Jalen Suggs llenó todas las casillas (12 puntos, 12 asistencias, 6 rebotes, 3 robos). Detroit, líder del Este, encontró resistencia en Jalen Duren (18 puntos, 9 rebotes), pero no pudo frenar la insistencia de un Magic que se juega cada noche media temporada.
La tabla lo refleja: Orlando (9º), Charlotte (8º) y Philadelphia (7º) comparten balance 43-36, a solo medio partido de Toronto, que subió al sexto lugar tras la derrota de los Sixers. El margen de error se ha evaporado.
Celtics–Hornets: dos ataques encendidos chocan en Boston
Lo que hoy es respeto, hace menos de un año era escepticismo. El 2 de julio de 2025, en pleno verano, Joe Mazzulla llamaba a Derrick White por su cumpleaños y le recordaba el ruido exterior: “todos piensan que vamos a ser malos”. La encuesta de general managers de la liga colocaba a Boston octavo del Este. Desde el 15 de enero, los Celtics viven instalados en la segunda posición.
No están solos en la rebelión contra los pronósticos. Los Hornets han reescrito su temporada desde el Año Nuevo: 32-14 en 2026, a solo una victoria de Boston (33-13) como mejor registro del Este en el año natural.
Esta noche, en NBC (8 ET), Celtics y Hornets se cruzan en un duelo que vale más que una simple victoria. Un triunfo de Boston ampliaría su colchón sobre los Knicks, terceros, a tres partidos. Si gana Charlotte, octavo, alcanzaría a Toronto en la sexta plaza y se acercaría a una gesta poco común: ser el primer equipo desde 1997 que entra en Playoffs tras arrancar 11-22 o peor en sus primeros 33 partidos.
El choque tiene un hilo conductor evidente: fuego exterior.
Desde el 1 de enero, Charlotte y Boston figuran entre las ofensivas más temibles de la liga, primeras y terceras en rating ofensivo, respectivamente. La llave es el triple. Los Hornets lideran la NBA en triples anotados por noche (16,4); los Celtics son terceros (15,4). Si uno se enciende, el otro no puede pestañear.
El motor de Charlotte es el movimiento constante. Ningún equipo recorre más distancia en ataque: 10,1 millas ofensivas por partido. Esa actividad genera tiros limpios. Los Hornets son cuartos en intentos de triple completamente liberados (defensor a más de 1,80 metros), con 23,1 por encuentro, y convierten esos lanzamientos al 40,9%, segundo mejor porcentaje de la liga. Kon Knueppel encabeza la amenaza con un 47% desde el perímetro (mínimo 50 intentos).
Boston, en cambio, domina a su propio ritmo. Es último en ritmo de juego esta temporada, pero segundo en rating ofensivo. ¿La explicación? Una batería interminable de tiradores: seis jugadores con al menos 14 minutos por noche superan el 35% en triples. Y eso sin contar a Jaylen Brown (28,7 puntos), Jayson Tatum (21,5) y Derrick White (16,7), que combinan 66,9 puntos por partido.
Con la pista abierta, ese trío vive del tiro tras bote. Los Celtics lideran la NBA en canastas de campo en pull-up (12,2) y en triples en pull-up (4,9), con Brown, Tatum y White sumando 24,7 puntos por noche en ese tipo de acciones. Es baloncesto de precisión quirúrgica, a su tempo, pero devastador.
Cuando la muñeca se calienta, ambos equipos aplastan. Boston presenta un perfecto 15-0 en partidos con 20 o más triples. Charlotte, 12-2 en los suyos. En total, 27-2 combinados. Esta noche, en un Este comprimido, no se trata solo de quién anota más. Se trata de quién se atreve a vivir y morir desde la línea de tres.
Rockets en racha, Suns al acecho: disciplina contra caos
Hace apenas unas semanas, Houston parecía haber perdido el norte. Cuatro victorias en 10 partidos, dos derrotas seguidas ante los Lakers a mediados de marzo y 33 pérdidas de balón combinadas en esos dos encuentros. Ime Udoka fue directo al diagnóstico: demasiada displicencia con el balón.
El mensaje caló. Desde entonces, los Rockets han cambiado de piel: 8-2 de balance, seis victorias seguidas y el mejor cuidado del balón de toda la NBA en ese tramo. Ahora son quintos del Oeste, a solo 1,5 partidos de los Nuggets, terceros. Esta noche, en NBC (8 PT), se miden a unos Suns que viven precisamente de lo contrario: provocar errores y convertirlos en puntos.
La transformación de Houston empieza en la estadística más simple. Antes de la racha, era el 27º equipo en pérdidas, con 15,8 por noche. En estos seis últimos triunfos, lidera la liga con solo 10,8. Pero no se trata solo de dejar de regalar posesiones: también han aprendido a fabricarlas.
Los Rockets promediaban 24,9 asistencias por partido en la temporada, 26º registro de la NBA. Durante la racha, esa cifra sube a 31,3, quinto mejor dato. El balón circula, el ataque se abre y el protagonismo se reparte: cinco jugadores superan los 15 puntos de media en este tramo, con Jabari Smith Jr. (18,2), Amen Thompson (17,7) y Reed Sheppard (15,2) combinándose para 51,2 puntos.
El resultado es un ataque desatado: 129,1 de rating ofensivo, el mejor de la liga en la racha, y segundo en rating neto (+18). Cuando Houston hace “la jugada simple”, como suele repetir Kevin Durant, se coloca en posición de ganar. Y ahora Durant se encuentra de nuevo enfrente a una de sus antiguas casas, esta vez con la camiseta de unos Rockets que llegan lanzados.
Phoenix, séptimo del Oeste, no va a regalar nada. Su identidad es la del depredador que huele sangre en cada pase flojo. Solo Pistons y Thunder fuerzan más pérdidas que los Suns esta temporada (16,4 por partido). También son terceros en robos (9,7), lo que se traduce en 20,2 puntos por noche tras pérdida rival, cuarta mejor marca de la NBA.
En ataque, Devin Booker sostiene el pulso. Desde el 1 de marzo promedia 28,4 puntos por partido, solo por detrás de Luka Dončić (36) y Shai Gilgeous-Alexander (29,9) en ese tramo. Regular, competitivo, incansable: el escolta se ha convertido en el eje emocional y táctico del equipo.
Esta noche, la ecuación es clara. Si Houston mantiene su nueva disciplina con el balón, su ofensiva puede imponer su ritmo. Si Phoenix logra arrastrar el partido al caos que domina, los Rockets se verán obligados a recordar sus viejos vicios. En pleno sprint final del Oeste, una de las dos filosofías tendrá que ceder.





