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Giuliano Simeone y el lamento del Atlético tras la Champions

El Atlético de Madrid se despidió de la Champions League en Londres con la sensación de haber dejado escapar algo más que una eliminatoria. El 1-0 del Arsenal en el Emirates, gol de Bukayo Saka en la primera parte, cerró el 2-1 global y frenó una aventura que empezaba a oler a gesta. Pero el eco del partido no llegó solo por el resultado. Llegó, sobre todo, desde el área rival.

Giuliano Simeone, protagonista directo de dos acciones clave, salió del césped con la rabia en la mirada y la convicción de que al Atlético le faltaron dos penaltis. Y lo hizo saber.

Dos jugadas, una misma sensación

El primer episodio encendió al banquillo rojiblanco nada más arrancar la segunda parte. Un mal pase atrás hacia David Raya dejó a William Saliba vendido. Giuliano Simeone olió el error, se anticipó, robó y se plantó delante del portero del Arsenal. Era ocasión clara, limpia, de las que cambian noches europeas.

Entonces apareció Gabriel. El central brasileño llegó por detrás, se lanzó al corte dentro del área y, en la acción, pareció empujar al argentino justo en el momento del disparo. Simeone cayó desequilibrado. El Atlético pidió penalti con los brazos en alto.

Nada. Daniel Siebert dejó seguir. Ni él, ni sus asistentes, ni el VAR consideraron suficiente el contacto para señalar la pena máxima. El juego continuó como si nada.

Giuliano no lo vio igual. “Fue todo muy rápido, pero lo que sentí es que cuando iba a pegarle me desestabilizó y no pude tirar bien. Es lo que sentí”, explicó después. “El árbitro ni siquiera fue a ver el VAR. Lo mismo pasó en la jugada con Antoine (Griezmann)”.

Porque la polémica no terminó ahí.

Griezmann cae, el VAR entra… y mira hacia atrás

Pocos minutos después, el área del Arsenal volvió a ser el escenario del enfado rojiblanco. Antoine Griezmann recibió dentro, encaró y Riccardo Calafiori lo derribó con una entrada fuerte. Esta vez, el VAR sí intervino y revisó la acción. En directo, la sensación fue de penalti claro.

Las repeticiones dieron la razón a esa impresión. El propio exárbitro de Champions League Mark Clattenburg, analizando la jugada en la retransmisión de Amazon Prime, fue tajante: Calafiori había cometido penalti sobre Griezmann.

Pero la historia dio un giro. Antes de que el francés pisara el área, Marc Pubill había chocado con Gabriel Magalhães en la disputa por el balón. Los árbitros interpretaron falta del lateral del Atlético sobre el central del Arsenal en el inicio de la jugada. Y esa infracción, al estar en el origen de la acción, anuló cualquier opción de señalar penalti posterior.

Clattenburg lo explicó así: el VAR ve penalti en la entrada de Calafiori, pero al revisar la jugada completa detecta la falta previa sobre Gabriel y coincide con el criterio del colegiado en el campo. La conclusión: la falta en el origen “pesa” más que el penalti posterior. Saque de falta para el Arsenal, sin pena máxima para el Atlético.

El padre, la contención; el hijo, la protesta

Diego Simeone intentó templar el discurso, aunque la decepción se le escapaba en cada gesto. “No hay nada que decir. Estamos fuera y hay que felicitar al Arsenal. Tenemos que seguir trabajando. No nos vamos a centrar en un detalle que se ve y es muy obvio”, afirmó. El mensaje buscaba cerrar la herida sin avivar el incendio arbitral, pero la frase final dejaba clara su lectura de las jugadas.

Giuliano, en cambio, decidió prolongar su protesta más allá de los micrófonos. El argentino publicó en su cuenta de Instagram dos capturas del partido, una de ellas con el empujón de Calafiori dentro del área, en una acción que terminó invalidada por fuera de juego. Un gesto directo, sin palabras, pero con un mensaje evidente: para él, hubo penalti.

Un vestuario entre la prudencia y la frustración

En el vestuario, el tono fue más medido. Koke, capitán y voz autorizada del Atlético, eligió el camino de la contención. “No voy a hablar del árbitro, seguro que intentó hacerlo lo mejor posible, igual que en el primer partido. Él sabrá cómo tenía que haber arbitrado. Me imagino que intentó hacerlo lo mejor posible”, señaló.

Las declaraciones resumen el estado de ánimo del equipo: enfado interior, discurso público moderado. Un club que siente que pudo llevar la eliminatoria a otro escenario, pero que se marcha de la Champions con la obligación de mirar hacia adelante.

El cuento europeo del Atlético se cerró en Londres entre protestas, pantallazos en redes sociales y un padre que, pese a morderse la lengua, dejó caer que “es muy obvio” lo que vio. La pregunta ahora no es solo qué habría pasado con otro criterio arbitral, sino cómo transformará este golpe al equipo en lo que resta de temporada.