Arsenal regresa a la final de Champions League: fiesta y advertencias
Veinte años después, el Emirates volvió a explotar como en las grandes noches europeas. Un gol de Bukayo Saka bastó para tumbar a Atlético de Madrid por 1-0 en la vuelta de semifinales y sellar un 2-1 global que devuelve a Arsenal a una final de Champions League. El pitido final desató el delirio: fuegos artificiales sobre el cielo de Londres, jugadores desbordados y Mikel Arteta celebrando sobre el césped junto a una afición que llevaba dos décadas esperando este momento.
La escena fue de catarsis. Himnos coreados, abrazos interminables, móviles en alto grabando un instante que muchos pensaron que no volverían a vivir. Arsenal, tantas veces señalado por derrumbarse en los momentos clave, se había ganado un billete para Budapest.
Pero no todos vieron con buenos ojos la magnitud de la fiesta.
Rooney pone freno: “Celebra cuando ganes”
Desde el plató de Prime Video Sport, Wayne Rooney lanzó un mensaje tan frío como contundente. El ex capitán de Manchester United y leyenda de la selección inglesa reconoció el mérito, pero marcó el límite.
“Se merecen estar en esta posición, pero todavía no lo han ganado”, afirmó. “Creo que las celebraciones son un poco excesivas. ¡Celebrad cuando ganéis!”.
Su reflexión apuntaba a un viejo debate del fútbol inglés: hasta dónde debe llegar la euforia por alcanzar una final cuando el trofeo aún no está en las manos. Para Rooney, Arsenal había cruzado la línea.
El comentario no tardó en encender las redes entre los aficionados ‘gunners’. Y tampoco pasó desapercibido para uno de los grandes símbolos del club.
Ian Wright responde: “El fútbol va de momentos”
Ian Wright, icono eterno de Arsenal, apareció poco después en X para mandar un mensaje directo a la grada. Sin rodeos, sin tecnicismos, con el tono de quien entiende lo que significa sufrir por un escudo.
“Arsenal fans, let me tell you something: enjoy this”, arrancó en el vídeo. Advirtió, con ironía, de que la “policía de las celebraciones” estaría al acecho y pidió a la hinchada que no se dejara “arrestar” por las críticas.
“Disfrutad. El fútbol va de momentos y este es un gran momento. Disfrutadlo. Y esperemos que en la final y después de la final tengamos otro momento enorme. Es un gran día, ¡es un gran día!”, remató.
Wright se situó de lleno del lado de la gente. Para él, alcanzar una final de Champions después de 20 años no es un simple trámite hacia el título, sino un hito que merece ser saboreado sin culpa.
Wenger, equilibrio entre alegría y ambición
En paralelo, otra voz autorizada del universo Arsenal aportó una visión más matizada. Arsène Wenger, arquitecto del último Arsenal finalista de Champions en la temporada 2005-06, analizó el ambiente en beIN Sports.
“Han celebrado bien esta noche, es normal”, concedió el técnico francés, que conoce como pocos la psicología de ese estadio. Pero su mensaje giró rápido hacia el futuro inmediato.
“Quieres que se centren ya en la final y en el próximo partido”, advirtió. “La celebración es merecida, la felicidad es absolutamente normal, pero ahora el siguiente paso es ir a la final y ganarla”.
Wenger no restó valor a la noche, pero recordó que el club vive una doble pelea: la gloria europea en Budapest y la batalla por la Premier League. En su mirada, la fiesta está permitida, siempre que no nuble la ambición.
Un rival entre Bayern y PSG, y la sombra de París 2006
Mientras Londres aún digiere la explosión de alegría, el cuadro de Arteta ya sabe lo que le espera: 90 minutos para la eternidad en Budapest. Falta por conocer el adversario. De un lado, Bayern Munich. Del otro, Paris Saint-Germain, que llega a la vuelta en el Allianz Arena con una ventaja mínima de 5-4 en la eliminatoria.
Sea cual sea el rival, el contexto pesa. La última vez que Arsenal pisó una final de Champions fue en 2005-06, en París, frente a Barcelona. Aquel 2-1 en contra, con la expulsión de Jens Lehmann y el sueño roto en los minutos finales, quedó grabado como una de las grandes heridas europeas del club.
Esta vez, el escenario cambia de París a Budapest, pero la carga emocional es similar. Una generación entera de aficionados solo conocía aquella historia a través de vídeos y relatos. Ahora tiene su propia cita con la historia.
Entre la fiesta desatada, las advertencias de Rooney, el orgullo desafiante de Wright y la serenidad ambiciosa de Wenger, Arsenal se encuentra justo donde quería estar: a un partido de cambiar el relato de toda una era. La cuestión ya no es si celebraron demasiado, sino si están preparados para que la próxima celebración sea, por fin, con la Champions League en las manos.




