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Gianni Infantino defiende precios del Mundial 2026: ¿extorsión o mercado?

Gianni Infantino volvió a ponerse en el centro del huracán. En Beverly Hills, en el escenario elitista del Milken Institute Global Conference, el presidente de la FIFA defendió sin titubeos los precios del Mundial 2026 y el sistema de reventa que permite que una entrada para la final se oferte por más de dos millones de dólares.

La cifra no es un error: más de dos millones por butaca, anunciados la semana pasada en la propia plataforma de reventa del organismo, FIFA Marketplace, para el duelo del 19 de julio en Nueva York. Mientras, las organizaciones de aficionados hablan de “extorsión” y de “traición monumental.”

La FIFA, el negocio y la ley estadounidense

Football Supporters Europe (FSE) ha llevado la batalla al terreno legal. En marzo presentó una denuncia ante la Comisión Europea por lo que considera “precios excesivos” para el torneo. La respuesta de Infantino, lejos de rebajar la tensión, la ha elevado un punto más.

“Si algunas personas ponen en el mercado de reventa entradas para la final a dos millones de dólares, número uno, eso no significa que las entradas cuesten dos millones”, declaró, citado por AFP. “Y número dos, no significa que alguien vaya a comprarlas.”

El dirigente fue incluso más allá, tirando de ironía: si alguien pagara esa cantidad, él mismo le llevaría “un perrito caliente y una Coca-Cola” para garantizarle una gran experiencia. Chiste fácil en un debate que, para los aficionados, tiene poco de gracioso.

La comparación con el último Mundial es demoledora. En Qatar 2022, la entrada más cara para la final rondaba los 1.600 dólares a precio de salida. Para 2026, esa misma categoría se dispara hasta unos 11.000 dólares. Un salto que Infantino justifica con una sola palabra: mercado.

“Tenemos que mirar el mercado: estamos en el mercado del entretenimiento más desarrollado del mundo. Así que tenemos que aplicar precios de mercado”, defendió. En Estados Unidos, recordó, la reventa está permitida. Si la FIFA fijara precios “demasiado bajos”, esas entradas acabarían revendidas “a un precio mucho más alto.”

Y ahí está su argumento central: incluso con las tarifas actuales, “altas” según reconoce que le reprochan, las localidades vuelan y reaparecen en la reventa “aún más caras, más del doble” del precio original.

Demanda desbordada y una brecha creciente

Infantino se apoya en los números. Según sus datos, la FIFA ha recibido más de 500 millones de solicitudes de entradas para 2026, frente a menos de 50 millones combinadas entre los Mundiales de 2018 y 2022. El salto de escala es brutal y alimenta el relato de la demanda imparable.

Para tratar de blindarse ante las críticas, el presidente del organismo introduce un matiz: asegura que el 25% de las entradas para la fase de grupos cuestan menos de 300 dólares. Y remata con una comparación que no ha sentado bien a la grada: “No puedes ir a ver en Estados Unidos un partido universitario, y ya no hablemos de un partido profesional de alto nivel, por menos de 300 dólares. Y esto es el Mundial.”

El mensaje es claro: el Mundial se vende como producto premium en el mayor mercado de entretenimiento del planeta. La pregunta, la que resuena en las asociaciones de hinchas, es otra: ¿dónde queda el aficionado medio en un torneo que nació como fiesta global del fútbol y hoy se mueve en cifras de lujo?

En 2026, la FIFA presume de récord de demanda y de una nueva era comercial. Las gradas, mientras tanto, se preguntan cuánto más están dispuestas a pagar por seguir formando parte del espectáculo.