El fútbol mundial miró con preocupación hacia Estados Unidos en los últimos días. El motivo: James Rodríguez, el cerebro de la selección colombiana y flamante fichaje de Minnesota United, terminó internado en un hospital tras regresar de la fecha FIFA con ‘Los Cafeteros’. Un episodio súbito, serio y rodeado de rumores que el propio club tuvo que salir a desmentir con firmeza.
Del amistoso en Europa a la camilla
La historia arranca el 29 de marzo. Colombia se mide a Francia en un amistoso que termina 3-1 para Les Bleus. Un partido más en el calendario internacional, pero con un desenlace inesperado para el máximo goleador del Mundial 2014.
Tras el pitazo final, el mediapunta de 34 años empieza a mostrar signos de agotamiento extremo. No es simple cansancio de viaje ni de ritmo competitivo. Las horas pasan y el cuadro empeora hasta que los médicos le ponen nombre al problema: “deshidratación severa”.
La situación no admite riesgos. El 31 de marzo, James es ingresado en un hospital para un control estrecho. Tres días internado, bajo vigilancia constante, recibiendo fluidos y tratamiento intravenoso. Solo entonces, con el cuadro estabilizado, recibe el alta para continuar la recuperación en casa, acompañado por un equipo médico especializado.
El susto ya estaba instalado. La especulación, también.
El club sale al cruce de los rumores
Mientras James seguía hospitalizado y no había un parte detallado, varios medios en Estados Unidos dieron un paso más allá. Informaron que el colombiano sufría rabdomiólisis, una condición grave derivada de la destrucción del tejido muscular, capaz de desencadenar fallo renal e incluso complicaciones fatales.
El término médico corrió rápido. Y con él, la inquietud de aficionados y analistas.
Minnesota United no esperó mucho para cortar de raíz la versión. Emitió un comunicado contundente en el que niega cualquier indicio clínico o biológico que apunte a ese diagnóstico y pide responsabilidad.
“El club se toma muy en serio la salud y la privacidad de sus jugadores”, subrayó la entidad, dejando claro que no existe evidencia médica que respalde lo que se estaba difundiendo y solicitando al público y a la prensa que eviten la especulación y se remitan a los canales oficiales para futuras actualizaciones.
El mensaje fue nítido: deshidratación severa, sí; rabdomiólisis, no.
Un inicio de etapa cuesta arriba
El episodio llega en un momento delicado de la carrera de James. Su aventura en la MLS apenas ha comenzado y ya está marcada por las dificultades físicas.
Desde su llegada en febrero, el exjugador de Real Madrid solo ha podido disputar 39 minutos con la camiseta de Minnesota United. Demasiado poco para un futbolista llamado a ser referencia, demasiado para no encender el debate sobre su estado físico y su capacidad para sostener una temporada exigente al otro lado del Atlántico.
Cada contratiempo suma presión. Y cada día sin competir alimenta las dudas.
Luz verde para volver al césped
Entre tanta pregunta, por fin una señal positiva. El club confirmó oficialmente que James regresó a los entrenamientos este lunes.
No fue una vuelta a pleno, ni mucho menos. Trabajo ligero, individual, siempre bajo la mirada atenta del cuerpo médico. Una sesión pensada más para medir respuestas que para exigir, un primer paso después del susto.
El plan es claro: integración gradual a las prácticas colectivas en los próximos días, siguiendo los protocolos clínicos marcados por los especialistas. Sin atajos, sin riesgos innecesarios.
James Rodríguez vuelve a ver de cerca el balón y el césped. Minnesota United, que lo fichó para cambiar el ritmo de su proyecto, espera ahora que la salud le permita hacer lo que mejor sabe: mandar en los partidos, no en los partes médicos.





