Congreso de FIFA: Irán ausente y la presión sobre Infantino
El Congreso de FIFA de este jueves, con unos 1.600 delegados de más de 200 asociaciones nacionales, debía ser el gran foro para hablar de logística del Mundial y reparto de dinero. En cambio, llega atravesado por geopolítica, vetos migratorios y decisiones incómodas. El fútbol, otra vez, en medio del tablero.
La silla vacía de Irán
La ausencia de Irán amenaza con robarse el protagonismo incluso antes de que se abra el micrófono. La delegación de la federación iraní (FFIRI) aterrizó en Toronto a comienzos de semana… y dio media vuelta. Ni rastro en Vancouver, sede del Congreso.
Según la prensa iraní, el presidente de la FFIRI, Mehdi Taj —exmiembro de los Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC)— y dos acompañantes regresaron a Teherán tras sentirse “insultados” por agentes de inmigración canadienses. Ottawa tiene otra lectura: desde 2024 los IRGC figuran oficialmente como organización terrorista, y quienes estén vinculados a ese cuerpo son “inadmisibles” en territorio canadiense.
La agencia de inmigración del país lo dejó claro en un comunicado: el gobierno considera que los responsables de los IRGC “no tienen cabida” en Canadá. No dio nombres, amparado en las leyes de privacidad, pero el mensaje apuntó directo al corazón de la delegación iraní.
El episodio llega en el peor momento posible para el fútbol del país. La participación de Irán en el próximo Mundial ya estaba envuelta en incertidumbre desde el estallido de la guerra en Oriente Medio el 28 de febrero, con una oleada de ataques de Estados Unidos e Israel que tensó aún más el contexto político.
En ese clima, dirigentes iraníes propusieron el mes pasado trasladar sus tres partidos de la fase de grupos desde Estados Unidos a México, también coanfitrión del torneo. La idea duró poco. Gianni Infantino la descartó de plano y recordó a AFP que Irán jugará el Mundial “donde le corresponde, según el sorteo”.
Desde Washington, el mensaje ha sido doble. El secretario de Estado Marco Rubio aseguró la semana pasada que los futbolistas iraníes serán bienvenidos para disputar el torneo. Pero lanzó un aviso paralelo: cualquier miembro de la delegación con lazos con los IRGC podría quedarse en la puerta.
Infantino, entre el dinero y la política
El presidente de FIFA llega al Congreso bajo una presión creciente. En el centro del huracán, el precio disparado de las entradas del Mundial y su relación cercana con el presidente estadounidense Donald Trump, que irrita a buena parte del ecosistema futbolístico.
En la víspera, FIFA anunció un incremento notable en las distribuciones financieras ligadas al torneo: casi 900 millones de dólares, por encima de los 727 millones comunicados inicialmente en diciembre. No fue un gesto altruista. Varias selecciones ya clasificadas habían advertido que, con los costes actuales de viajes, impuestos y operaciones en un Mundial tan extenso, podían acabar perdiendo dinero por participar.
El movimiento pretende calmar a las federaciones, pero no resuelve el otro gran frente: los derechos y la seguridad de quienes viajen al Mundial en plena era Trump. Organizaciones de derechos humanos exigen que Infantino utilice su discurso ante los delegados para ofrecer garantías claras a aficionados, periodistas y comunidades locales.
Steve Cockburn, responsable de justicia económica y social en Amnistía Internacional, fue contundente. Recordó que el presidente de FIFA “aún no ha explicado públicamente” cómo se protegerá a los visitantes de detenciones arbitrarias, deportaciones masivas y restricciones a la libertad de expresión. Y advirtió que el Congreso no puede conformarse con “frases vacías”.
La figura de Infantino también está bajo ataque por un símbolo que muchos consideran un error de bulto: el FIFA Peace Prize concedido a Trump durante el sorteo del Mundial celebrado en Washington el pasado diciembre. Desde Noruega, la presidenta de su federación, Lise Klaveness, no se anduvo con rodeos: reclamó que el premio sea abolido porque, a su juicio, no forma parte del mandato de FIFA otorgar ese tipo de distinciones.
Rusia, el veto que no se disuelve
Mientras Irán ocupa los titulares inmediatos, otra cuestión pesada se cuela en la agenda del Congreso: el futuro de Rusia en el fútbol internacional. El veto impuesto tras la invasión de Ucrania en 2022 sigue vigente, pero ya no todos dentro de FIFA lo consideran útil.
Infantino se ha pronunciado a favor de revisar la sanción. En declaraciones a la cadena británica Sky News, defendió la necesidad de “mirar la readmisión de Rusia” y sostuvo que el castigo “no ha logrado nada”, más allá de generar “más frustración y odio”.
No hay una votación formal anunciada, ni un calendario claro. Sí hay, en cambio, una sensación de que el debate se acerca, con todas sus implicaciones deportivas, políticas y morales.
En Vancouver, las discusiones oficiales hablarán de calendarios, sedes y presupuestos. Pero el verdadero pulso estará en los pasillos: cómo manejar un Mundial atravesado por guerras, vetos migratorios y decisiones que rebasan el césped. Y ahí, cada gesto de Infantino será examinado al detalle.




