Candidatos a seleccionador de la USMNT: futuro y ambición
La silla más caliente del fútbol estadounidense vuelve a estar en juego. Y, como casi siempre con la selección masculina de Estados Unidos, el debate sobre el próximo seleccionador dice tanto del presente del programa como de su ambición de futuro.
El fantasma amable de B.J. Callaghan
Los aficionados de la USMNT aún recuerdan con una sonrisa los días de B.J. Callaghan. Fueron solo siete partidos, un paréntesis extraño, casi irreal, entre etapas de Gregg Berhalter. Pero dejaron huella.
Callaghan, asistente de confianza en el anterior cuerpo técnico, asumió el mando como solución de transición. Nunca fue realmente candidato firme al puesto a largo plazo. Sin embargo, se marchó invicto, con cuatro victorias y un título bajo el brazo: la CONCACAF Nations League 2023, ganada con solvencia y con un dato histórico incluido, convertirse en el primer seleccionador de la USMNT desde 1934 en derrotar a México en su debut.
No se quedó con el banquillo de la selección, pero el fútbol de clubes sí llamó a su puerta. En Nashville SC ha pasado de técnico interino simpático a entrenador de élite: campeón de la U.S. Open Cup en 2025 y uno de los equipos más sólidos del Este esta temporada. Si la idea de U.S. Soccer es construir un proyecto con alguien que conoce por dentro el funcionamiento del programa, Callaghan encaja como pocos. Ya demostró que sabe manejar el escudo.
Klopp, el imposible que nunca deja de sonar
Cuando Matt Crocker empezó a buscar seleccionador en 2024, su primera llamada fue tan ambiciosa como previsible: Jürgen Klopp. El alemán dijo que no. Necesitaba un parón, aseguró, y dejó caer que quizá no volvería a entrenar tras cerrar su ciclo en Liverpool al final de la campaña 2023-24.
Hoy Klopp no está en un banquillo, pero sí en el epicentro de otro gigante: ocupa un rol clave en la estructura Red Bull como Head of Global Soccer. Se le ve cómodo, alejado del desgaste diario del vestuario, pero su nombre sigue flotando sobre cualquier conversación sobre grandes banquillos vacantes.
La duda con él siempre será la misma: ¿volverá a dirigir? Y si lo hace, ¿dónde? Resulta difícil imaginarlo otra vez en Inglaterra o Alemania. España también parece un destino remoto. Con todos esos caminos casi cerrados, el horizonte natural pasa a ser el fútbol de selecciones. Alemania sería el encaje lógico, pero Julian Nagelsmann está firmando un trabajo sólido. Inglaterra ya ha blindado a Thomas Tuchel con un contrato largo. En ese escenario, tras el Mundial, el puesto de la USMNT podría convertirse en el banquillo de selección más atractivo disponible. Y el nombre de Klopp volvería inevitablemente a la mesa.
Michael Bradley, heredero marcado por el calendario
Entre todos los candidatos, hay uno que parece escrito en el guion del fútbol estadounidense: Michael Bradley. Pocas figuras encarnan mejor la continuidad de la selección. Capitán en 48 ocasiones, pieza clave en su etapa como jugador y, además, hijo de Bob Bradley, el técnico que dirigió al equipo durante cinco años.
Da la sensación de que, tarde o temprano, Michael acabará sentado en ese banquillo. Pero quizá no ahora.
Al frente de New York Red Bulls, Bradley está todavía en plena fase de aprendizaje. Solo lleva tres meses como entrenador profesional a tiempo completo en la élite. Su equipo ofrece un fútbol atractivo: joven, expresivo, agresivo con el balón. A veces, incluso, demasiado. Es un entrenador que se está moldeando a imagen y semejanza del modelo Red Bull, probando ideas, afinando sistemas, asumiendo riesgos.
Le falta recorrido. Le faltan temporadas, escenarios distintos, estructuras nuevas que dominar. De cara a 2030, su nombre encaja con naturalidad en cualquier quiniela para la USMNT. Hoy, en cambio, parece más probable verle dar el salto a un club europeo —Leipzig aparece como opción lógica— que asumir ya el mando de la selección.
Jim Curtin, la opción menos glamourosa… y más estable
En este debate lleno de nombres rutilantes, hay uno que nunca será el titular más vistoso, pero siempre aparece cuando se habla de construir algo serio: Jim Curtin.
El exentrenador de Philadelphia Union no levanta pasiones desde el marketing, pero su trabajo en el campo le avala. Diez años al frente de un club que cambiaba de piel cada poco tiempo, con ventas constantes y plantillas en permanente reconstrucción. Aun así, Philly competía siempre.
Curtin ganó el Supporters’ Shield en 2022 y alcanzó cinco finales. Es cierto que su palmarés puede generar dudas si se mide únicamente en trofeos. Pero hay algo más difícil que levantar una copa: sostener un nivel competitivo durante años, mientras se desarrollan talentos y se mantiene un vestuario enchufado pese a los cambios. Curtin sabe armar equipos. Sabe potenciar a los jóvenes. En una selección repleta de futbolistas emergentes, eso pesa.
No sería la elección más “sexy”. Podría ser, sin embargo, la más funcional.
Matarazzo, el americano que conquista Europa
Pellegrino Matarazzo representa otra vía: la del técnico estadounidense que se hace un nombre lejos de casa. Su recorrido no fue el del prodigio que arrasa desde abajo. Nacido en Nueva Jersey, hijo de italianos, nunca logró asentarse como jugador en Italia. Encadenó intentos fallidos, pruebas sin éxito y años en categorías inferiores de Italia y Alemania.
Su vida cambió cuando pasó al otro lado de la línea de cal. Como entrenador de academia encontró su lugar. En Hoffenheim aprendió de Julian Nagelsmann y, ocho años después, se ha convertido en uno de los técnicos mejor valorados del continente.
Su obra con Real Sociedad roza lo extraordinario: tomó al equipo en zona de peligro en diciembre y lo llevó a ganar la Copa del Rey en abril. Ahora roza la clasificación para competiciones europeas, un escenario impensable medio año atrás. Dos décadas después de no abrirse camino como jugador en Europa, es el único entrenador estadounidense que ha ganado un título importante en una de las cinco grandes ligas.
Su trayectoria, sin embargo, apunta claramente al fútbol de clubes. La prensa española ya lo vincula con banquillos de mayor tamaño. El salto natural parece ser un proyecto de Champions League. Aun así, su nombre no se puede descartar para la USMNT. Él tampoco cierra la puerta.
Guardiola, el sueño total… con una trampa
Cada vez que un equipo, una federación o un proyecto se queda sin rumbo, alguien pronuncia el mismo apellido como solución universal: Guardiola. El técnico que ha redefinido el juego en el fútbol de clubes, el hombre que gana y al mismo tiempo reinventa su propio modelo una y otra vez.
Su currículum está fuera de discusión. También su forma obsesiva de entender el oficio.
Y ahí aparece el problema para una selección como Estados Unidos. Guardiola necesita el día a día. Necesita campo, sesiones interminables, charlas tácticas constantes, correcciones al milímetro. Su genio vive en el detalle, en la repetición, en el trabajo continuo con el grupo. El calendario de selecciones, con ventanas cortas y pocas sesiones, choca de frente con esa forma de entender el fútbol.
Por razones políticas y sentimentales, España no parece una opción. Tampoco se intuye un futuro con otra gran selección europea. Si alguna vez decide probar en el fútbol de selecciones, Argentina y Estados Unidos aparecen como destinos lógicos. La duda es otra: ¿podría brillar igual en un entorno mucho más laxo, con menos control sobre el día a día?
Jesse Marsch, el talento que dinamitó los puentes
Y luego está Jesse Marsch. El candidato que parecía hecho a medida… hasta que todo saltó por los aires.
Marsch estaba convencido de que sería seleccionador de la USMNT. Llegó a ser considerado uno de los favoritos antes de que U.S. Soccer optara por recuperar a Berhalter en 2023. El propio técnico asegura que rechazó a última hora el banquillo de Leicester por el interés de la federación estadounidense, para descubrir después que el puesto ya no estaba disponible.
Desde entonces, su relación con el fútbol estadounidense se ha tensado al máximo. Marsch, orgulloso de sus raíces en Wisconsin, ha criticado con dureza a la USMNT, a U.S. Soccer e incluso al ecosistema futbolístico del país. El vínculo emocional se ha resquebrajado.
Lo que no se ha roto son sus credenciales. Marsch sigue siendo, probablemente, el entrenador tácticamente más dotado que ha producido Estados Unidos, un técnico con personalidad fuerte, ideas claras y la presencia necesaria para liderar a una gran selección. En casi cualquier otro contexto, entraría por la puerta principal a este debate. Pero quizá haya quemado demasiados puentes como para que esa llamada llegue.
Entre el recuerdo amable de Callaghan, el sueño casi utópico de Klopp o Guardiola, la estabilidad de Curtin, la proyección europea de Matarazzo, el futuro marcado de Bradley y el genio temperamental de Marsch, la USMNT se asoma a una decisión que definirá su próxima década.
La pregunta ya no es solo quién está disponible. Es quién puede convertir a Estados Unidos, de una vez por todas, en algo más que una promesa recurrente en los grandes torneos.




