El partido se definió como un choque entre posesión y gestión del espacio. Lille monopolizó el balón con un 74% de posesión y 610 pases completados al 90%, intentando imponer un ataque posicional paciente. Sin embargo, Celta Vigo, con solo un 26% de posesión y 222 pases (66%% de acierto), apostó por un plan reactivo: bloque bajo, transiciones rápidas y máxima eficiencia en los momentos clave. La temprana expulsión de Hugo Sotelo (roja en el 29’) reforzó aún más esa idea de supervivencia en campo propio, con un 3-4-3 que se transformó en un 5-3-1/5-4-0 sin balón, cerrando pasillos interiores y protegiendo el área.
Eficiencia ofensiva
Los números muestran una dicotomía clara entre volumen y efectividad. Lille finalizó con 20 tiros totales, pero solo 4 a puerta, además de 7 disparos bloqueados. Este dato, unido a sus 7 saques de esquina, indica una presencia constante en campo rival, pero con dificultades para generar ocasiones limpias dentro del área (8 tiros en el área frente a 12 desde fuera). Su xG de 1.53 refleja que, pese al dominio territorial, muchas de sus tentativas fueron de baja probabilidad, fruto de un Celta muy hundido y compacto.
Celta Vigo, en cambio, produjo solo 7 tiros totales, 4 de ellos a puerta, con un xG de 1.23. Es decir, menos volumen pero más calidad relativa por ocasión. Con apenas 3 tiros dentro del área y 4 desde fuera, cada llegada estuvo muy seleccionada, apoyada en ataques directos tras recuperación y en acciones a balón parado o segundas jugadas. El hecho de que con tan poca producción ofensiva lograra 2 goles habla de una “eficiencia clínica” en contraste con la “dominio estéril” de Lille. Las sustituciones al descanso (salida de Iago Aspas y Borja Iglesias) refuerzan la idea de priorizar piernas frescas para correr y sostener las transiciones más que para elaborar.
Disciplina defensiva e intensidad
A pesar del contexto de inferioridad numérica, Celta no basó su plan en un juego excesivamente violento: solo 9 faltas cometidas, aunque acompañadas de 4 amarillas y 1 roja, muchas por protestas y gestión del tiempo (amonestaciones a Marcos Alonso, Óscar Mingueza, Williot Swedberg e Ionuț Radu). Lille cometió 11 faltas y vio 2 amarillas, señal de un intento de presión tras pérdida y de cortar posibles contras celestes.
En términos de portería, Ionuț Radu solo necesitó 3 paradas, mientras que Berke Özer realizó 2. El bajo número de intervenciones directas de los guardametas, comparado con los 20 tiros de Lille, subraya la eficacia del bloque defensivo de Celta para desviar, bloquear (1 tiro bloqueado propio frente a 7 de Lille) y forzar disparos lejanos. La gestión del área, más que las paradas, fue la clave.
Conclusión
En definitiva, la victoria de Celta Vigo se explica por un plan de bloque bajo, sacrificio tras la expulsión y máxima puntería: con solo 26% de posesión y 7 tiros, su eficiencia y solidez defensiva terminaron imponiéndose al dominio territorial y la producción voluminosa pero poco incisiva de Lille.





