La selección italiana vuelve a arder y el nombre de Antonio Conte, una vez más, aparece en el centro de la tormenta. El banquillo de la Azzurra ha quedado vacante tras la dimisión de Gennaro Gattuso, que se hizo a un lado después de la derrota en la final del play-off mundialista ante Bosnia-Herzegovina, un golpe que ha encendido la exigencia de una revolución total en la cúpula del fútbol italiano.
En ese escenario de crisis, muchos miran a Conte como el hombre fuerte capaz de sentarse en el “hotseat” y poner orden en el caos. No sería un debut: ya dirigió a Italia entre 2014 y 2016, tras su salida de Juventus. En aquellos dos años al mando, disputó 25 partidos, con 14 victorias y solo cinco derrotas, hasta caer en los penaltis frente a Alemania en los cuartos de final de la Euro 2016. Su ciclo terminó ahí, pero su reputación no hizo más que crecer.
Desde entonces, Conte ha ido encadenando banquillos de élite. Con Chelsea levantó la Premier League. Con Inter conquistó la Serie A. Más tarde pasó por Tottenham y, la pasada temporada, llevó a Napoli al Scudetto, devolviendo al club del sur de Italia a la cima del país. Un currículum que explica por qué su nombre aparece de inmediato cuando Italia busca un salvador.
De Laurentiis abre la puerta… pero dispara contra la federación
El propio presidente de Napoli, Aurelio De Laurentiis, alimentó el debate. En declaraciones a CalcioNapoli24, se mostró dispuesto a dejar marchar a su entrenador si la federación llama a su puerta. Con una condición clara: que sea Conte quien se lo pida directamente.
“Conte nuevo seleccionador nacional? Si Antonio me lo pidiera, creo que diría que sí”, deslizó De Laurentiis, antes de cambiar el tono y apuntar al corazón del problema. El dirigente no se mordió la lengua al hablar de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) y de su capacidad de seducción. Para él, el verdadero obstáculo no es Conte, sino el desorden estructural.
Según De Laurentiis, mientras no exista un interlocutor “serio”, Conte, al que definió como “muy inteligente”, renunciaría a la idea de ponerse al frente de “algo completamente desorganizado”. Un dardo directo a los despachos de Roma, lanzado en plena tormenta institucional.
Tres Mundiales sin Italia: fracaso histórico y terremoto en la FIGC
La presión sobre la FIGC ha alcanzado un punto de ruptura tras el tropiezo ante Bosnia-Herzegovina. Italia firmó una campaña de clasificación catastrófica. El camino comenzó con Luciano Spalletti y terminó con Gattuso como bombero de urgencia, llamado a última hora para intentar rescatar unas opciones mundialistas ya muy dañadas.
Gattuso dirigió ocho encuentros, con seis victorias que parecían apuntar a una remontada épica. Pero las derrotas ante Noruega, en la última jornada de la fase de grupos, y frente a Bosnia-Herzegovina en el play-off, borraron de un plumazo cualquier atisbo de recuperación y dejaron su breve etapa bajo una sombra muy oscura.
Las consecuencias son demoledoras: Italia se queda fuera del Mundial de 2018, 2022 y 2026. Tres ediciones consecutivas sin la Azzurra en el mayor escaparate del fútbol. Un dato que no solo duele en el orgullo nacional, sino que expone sin anestesia el desorden interno del sistema. La crisis ha arrastrado por el camino al presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, que presentó su dimisión, seguido por el jefe de la delegación, Gianluigi Buffon.
“Cenicienta” millonaria: el pulso de De Laurentiis por el poder
En medio del vacío de poder, De Laurentiis ha pasado de la crítica a la propuesta. El presidente de Napoli reclama una reforma profunda del gobierno del fútbol italiano y ha señalado a un nombre propio para pilotarla: Giovanni Malagò, actual presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI). Para él, Malagò es el hombre ideal para asumir el papel de comisario y, más adelante, de presidente de la federación.
El dirigente napolitano no se limita a los nombres. También denuncia el reparto de fuerzas dentro de la FIGC y la posición de los clubes de Serie A. A su juicio, la liga que sostiene económicamente al sistema vive tratada como un personaje secundario.
“Italiano es la Serie A, que es considerada como una Cenicienta, solo tiene el 18% dentro de la federación, mientras que los amateurs y los jugadores tienen la mayoría”, protestó De Laurentiis, subrayando el sinsentido de que el estamento que genera la mayor parte de los recursos tenga tan poco peso político. Recordó, además, que sin la Serie A la federación “no existiría” y que son los clubes quienes la financian con unos 130 millones de euros anuales.
El mensaje es claro: si Italia quiere convencer a un técnico del calibre de Conte para liderar la reconstrucción, no bastará con ofrecerle el escudo de la Azzurra. Habrá que cambiar las reglas del juego. Y, en un país que se ha quedado tres veces seguidas sin Mundial, la pregunta ya no es si hace falta una revolución, sino quién se atreverá a encabezarse en primer lugar. Conte, Malagò, la Serie A… o alguien que aún no ha entrado en escena.





