El 1-1 en el Doosan Arena nace de un choque de planes muy contrastados. Plzen, con solo un 33% de posesión y un 3-4-1-2 de partida, renunció deliberadamente al balón para protegerse cerca de su área y salir rápido. FC Porto, con un 67% de posesión y 471 pases completados al 85%, asumió el rol de dominador territorial, instalándose largos tramos en campo rival. Sin embargo, no logró transformar esa superioridad en una ventaja temprana y tuvo que remar contra un bloque bajo cada vez más hundido, especialmente tras la expulsión local. El control del espacio fue claramente checo; el control del balón, claramente portugués.
Eficiencia ofensiva
Los datos de remate describen un guion de “dominio estéril” de FC Porto frente a la resistencia de Plzen. El equipo visitante terminó con 19 tiros totales, 8 a puerta y un xG de 2.07, señal de que generó ocasiones claras, sobre todo dentro del área (12 tiros desde dentro). Además, forzó 7 saques de esquina, reflejo de una presión constante sobre la última línea checa.
Plzen, en cambio, fue mucho más selectivo: solo 10 tiros totales, 2 a puerta y un xG de 0.29. Sus 6 disparos dentro del área indican que, aunque llegó poco, cuando lo hizo fue en situaciones relativamente limpias, normalmente tras transiciones o ataques directos. Los apenas 2 córners subrayan que no tuvo fases largas de asedio, sino acciones más puntuales. Tras quedarse con uno menos al borde del descanso, su plan ofensivo se redujo prácticamente a aguantar y estirar el juego cuando era posible, aceptando la pérdida de metros y balones a cambio de minimizar espacios a la espalda.
El contraste es claro: FC Porto acumuló volumen y calidad de llegadas, pero le faltó algo de “ruthless efficiency”; Plzen, con muy poco, sacó un rendimiento máximo durante muchos minutos, defendiendo el resultado más que buscando ampliarlo.
Disciplina defensiva e intensidad
El partido fue intenso pero no descontrolado: 11 faltas de Plzen y 12 de FC Porto, con 2 y 3 amarillas respectivamente, apuntan a un duelo físico pero dentro de parámetros competitivos normales. La gran diferencia aparece en las porterías. El guardameta de Plzen realizó 7 paradas, cifra que confirma el asedio visitante y la importancia del portero como pieza central del plan: bloque bajo, acumulación de cuerpos y un arquero muy exigido.
FC Porto, en cambio, solo necesitó 1 parada de Diogo Costa, síntoma de que su estructura defensiva, con el 4-3-3, controló bien las escasas transiciones de Plzen. El rojo directo local condicionó aún más el guion: con un jugador menos y solo 229 pases (65% de acierto), Plzen se replegó definitivamente, aceptando un sufrimiento largo a base de duelos, despejes y gestión del tiempo, como refleja incluso una amarilla por pérdida deliberada de tiempo.
Conclusión
En definitiva, el plan de resistencia de Plzen, basado en un bloque bajo y máxima eficiencia con muy poco balón, estuvo a punto de imponerse, pero el volumen ofensivo y la insistencia de FC Porto, respaldados por 19 tiros y 67% de posesión, terminaron equilibrando un duelo donde la posesión no garantizó superioridad en el marcador, pero sí en el desarrollo del juego.





