Roberto De Zerbi y las 'bombas' en el mercado de fichajes
Roberto De Zerbi mira al mercado, sonríe y repite una palabra que ya se ha convertido en sello propio: “bomba”. Y en este Tottenham, las “bombas” han caído una detrás de otra.
El club del norte de Londres ha invertido alrededor de 380 millones de libras en ocho fichajes para el primer equipo, un giro radical para una plantilla que la temporada pasada coqueteó peligrosamente con el descenso de la Premier League. De Zerbi lo pidió a gritos tras sellar la permanencia. El club le ha respondido con chequera abierta.
“En mi vocabulario, ‘bomba’ es un gran jugador”
El técnico italiano no disimula su satisfacción. En la previa del duelo de Saturday Night Football ante Newcastle, en el que Tottenham se estrena en casa en esta Premier, atendió a Sky Sports News con el mismo entusiasmo con el que habla a sus futbolistas.
“En mi vocabulario ‘bomba’ es un gran jugador”, explicó, sonriendo, en conversación con Michael Bridge. “Estoy muy feliz. Hemos traído jugadores muy buenos. Sobre todo porque querían venir. Quiero jugadores orgullosos y felices de estar aquí. Para jugar al fútbol hoy necesitas una gran motivación, grandes ambiciones. Sin esa parte es imposible conseguir resultados”.
La palabra se ha instalado en la jerga del mercado, asociada a fichajes inesperados o de gran impacto. Para De Zerbi, sin embargo, va más allá del ruido en redes: es la base de su reconstrucción.
“En este momento tenemos una gran plantilla, un gran equipo”, añadió. “Quizá tengamos que cerrar con otro jugador, pero también tenemos que vender un par. Pero podemos considerarnos muy, muy felices”.
Llamadas que cambian decisiones
Varios de esos nuevos fichajes han señalado al propio De Zerbi como factor decisivo: sus llamadas, su manera de transmitir el proyecto, su energía. Él, fiel a su estilo, le resta importancia.
“Nada especial”, se encoge de hombros. “Vivo de la pasión. Vivo por el fútbol. Explico nuestro proyecto, no mi proyecto, y hemos tenido la suerte de que lo aceptaran. Estamos muy felices y orgullosos”.
La modestia contrasta con la realidad. Cuando llegó al banquillo la temporada pasada, el encargo era un marrón: salvar a un Tottenham hundido anímicamente, con la amenaza del descenso muy real. Lo logró con una racha de resultados tan necesaria para el club como inolvidable para él.
“Gran emoción, grandes recuerdos”, confiesa al recordar la celebración tras la victoria en la última jornada ante Everton, que certificó la salvación. “Creo que fue quizá el mejor día de mi carrera. No por el objetivo en sí, nos quedamos en la Premier con Tottenham, sino porque fueron siete semanas muy duras, con muchas emociones. Los jugadores merecían quedarse arriba”.
Del sufrimiento a la exigencia permanente
De Zerbi sabe que en la Premier League nadie regala nada. Ni siquiera después de gastar una fortuna. Cada punto hay que pelearlo.
La primera jornada de esta temporada lo dejó claro. Su renovado Tottenham, ya con varias de las “bombas” en el once, fue superado de principio a fin por Brentford en el Gtech. Superados en intensidad, en duelos, en claridad. Un baño.
“Los nombres de los jugadores no son cruciales”, advierte el italiano. “Para conseguir resultados tienes que luchar, correr, jugar bien. Pero como punto de partida, creo que es muy importante haber fichado tanta calidad”.
Esa calidad, avisa, no se convierte en equipo de la noche a la mañana.
“La paciencia es para encontrar la conexión, el equilibrio entre los jugadores”, detalla. “Para dar organización tienes que conocer las características de tus compañeros y esa conexión no se alcanza tan rápido”.
Aun así, no se esconde tras el tópico de la adaptación.
“En Brentford teníamos la calidad y tenemos que competir mejor. Ellos merecieron ganar el partido, nosotros merecimos perderlo. No jugamos bien, pero podríamos haber jugado mucho mejor”.
Primer examen serio en casa
Ahora llega Newcastle. Primer partido de Premier en el nuevo curso ante su afición. Primer gran termómetro para saber hasta qué punto este Tottenham de De Zerbi empieza a parecerse a la idea que el técnico lleva meses dibujando en su cabeza y vendiendo por teléfono a sus nuevos jugadores.
El italiano ya tiene sus “bombas”. Tiene una grada que vuelve a creer. Le falta lo más difícil: convertir todo ese ruido de mercado en un equipo que compita cada fin de semana como si se jugara otra vez la vida por no bajar.



