Richmond ha tirado la puerta abajo del mercado de agentes libres. El club en reconstrucción está dispuesto a poner sobre la mesa un contrato de unos 16 millones de dólares para Zak Butters, una cifra que lo convertiría en el acuerdo más grande en la historia de la AFL.
La carrera por la estrella de Port Adelaide ya ardía con fuerza. Western Bulldogs y Geelong eran vistos como los principales pretendientes, con un factor clave que va más allá del dinero: la posibilidad de que Butters se acerque a su familia, instalada en el oeste de Melbourne. El corazón compite con el cheque.
El director ejecutivo de Geelong, Steve Hocking, no lo escondió el pasado fin de semana en 3AW: está entre los clubes que miran de cerca al número 18 de Port. Pero Richmond ha cambiado el tablero. Según AFL Media, los Tigers han guardado espacio en el tope salarial para las temporadas 2025 y 2026 gracias a la juventud de su plantel, lo que les permite estructurar una oferta fuertemente adelantada en los primeros años y, así, dejar atrás a sus rivales.
La proyección es clara: Butters firmará un vínculo a muy largo plazo, al menos ocho años, por cerca de 2 millones anuales. Y esa cifra solo sube a medida que más candidatos se suman a la puja. La propuesta de Richmond se mueve justo en ese rango, lo que la coloca, en términos absolutos, como la más grande que se haya visto en el fútbol australiano.
El contexto económico lo explica. El tope salarial de la AFL ha pasado de 10,4 millones en 2016 a 18,3 millones previstos para 2026. Proporcionalmente, un salario de 2 millones en 2026 ocupará el mismo porcentaje del Total Player Payments que uno de 1,13 millones hace una década. El número impresiona, pero la estructura del sistema lo respalda.
Basta recordar: a finales de 2017, North Melbourne puso sobre la mesa 1,5 millones anuales para tentar a Dustin Martin. La superestrella eligió quedarse en Richmond por 1,3 millones al año. Hoy, las cifras se han disparado, pero la lógica es la misma: estrellas en su prime, clubes desesperados por talento diferencial y un tope salarial en expansión.
Hawthorn y Collingwood también observan de cerca el caso Butters. La batalla no es solo financiera, sino emocional. El propio jugador lo dejó claro en declaraciones recientes a la ABC.
“Todos acá quieren ganar premierships, todos en cada otro club quieren ganar premierships también. No importa dónde esté, quiero ganar y me encantó jugar con ese equipo hoy (contra Essendon en la Ronda 2). La familia es importante también, ha sido importante para mí durante mucho tiempo”, dijo.
Sus padres viajaron ese fin de semana para verlo. El vínculo familiar está presente. La decisión, sin embargo, no llegará pronto. “Es obviamente una gran decisión, pero no la voy a tomar en el corto plazo”, remarcó.
Dentro de Port Adelaide, la presión para retenerlo ya comenzó. En la edición del martes de AFL 360, el capitán Connor Rozee contó que ha intentado convencer a su compañero, aunque sin demasiada información de retorno.
“Todo lo que podemos hacer como club es ponernos en una posición en la que él quiera estar acá. Sé que tiene a algunos de sus mejores amigos acá, hemos crecido juntos, llevamos ocho años juntos, yo y un montón de otros chicos”, explicó en Fox Footy.
Rozee no maquilló la dificultad del momento. “Es una decisión realmente dura. Hemos tenido gente que viene y va de nuestro club; es parte del juego ahora. Vamos a tener estas conversaciones durante todo el año… él no me da mucho cuando le pido que se quede. Sé que está totalmente metido en esta temporada, y eso es todo lo que me importa. Lo demás seguirá su curso al final del año… ya veremos”.
Mientras tanto, Richmond ha puesto su carta más agresiva sobre la mesa. El resto de la liga mira y calcula. ¿Pesará más el contrato récord o el llamado de casa?
El renacer de Ned Reeves y la regla que cambió su futuro
A cientos de kilómetros de esa guerra millonaria, otra historia se cocina en silencio, con un giro mucho más sutil pero igual de decisivo. Ned Reeves, el ruckman de Hawthorn, dijo “no” a dos gigantes victorianos para seguir de marrón y dorado. Y una modificación en el reglamento fue la chispa que encendió su resurgir.
Reeves, de 27 años, había quedado atrapado en un limbo incómodo. En las dos últimas temporadas solo disputó cinco partidos en el primer equipo, luchando sin éxito por recuperar el puesto de ruck número uno en los Hawks. El panorama invitaba a buscar aire nuevo.
Sin embargo, a finales del año pasado firmó una renovación que lo ata a Hawthorn hasta 2029. A largo plazo, a contramano de las dudas. Y rechazó el interés concreto de Carlton y Collingwood, dos clubes con peso, historia y aspiraciones inmediatas.
El periodista Jon Ralph, en el segmento Midweek Tackle, reveló en Fox Footy los “dos momentos clave” que llevaron a Reeves a comprometerse con Hawthorn.
El primero llegó desde la propia interna del club. “Carlton y Collingwood fueron muy fuerte a por Reeves”, contó Ralph. Pero apareció Sam Mitchell. El entrenador se acercó tarde en el año y fue directo: “Ned, te quiero”. El mensaje golpeó donde más dolía. Reeves, que prácticamente no había sido utilizado durante dos temporadas, necesitaba esa señal. Mitchell, pese a los hechos recientes, creía en él.
El segundo punto de quiebre fue casi cinematográfico. Reeves estaba sentado en una playa de México cuando miró el teléfono y se encontró con la noticia: la AFL cambiaba las reglas del ruck. De pronto, el reglamento empezaba a favorecer a los saltadores, a los que ganan en el aire, no a los que basan su juego en el cuerpo a cuerpo y el forcejeo.
La nueva tendencia lo beneficiaba de lleno. Según Ralph, Reeves se giró hacia sus compañeros y lanzó una frase cargada de ironía y esperanza: “Creo que tengo una chance otra vez, muchachos”. El resto ya se cuenta solo.
Con la regla empujando su perfil de juego y el respaldo explícito de su entrenador, Reeves optó por quedarse donde, hasta hace poco, parecía no tener lugar. Rechazó la tentación de dos potencias para apostar por un proyecto que, ahora sí, lo incluye.
Mientras las grandes cifras y los contratos récord acaparan los titulares, la AFL también se define en estas decisiones silenciosas: un ruckman que vuelve a creer en sí mismo desde una playa mexicana y un club que decide decirle “sí” cuando casi todos lo daban por descartado.





