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Reece James: el capitán de Chelsea guía a Inglaterra en el Mundial

Reece James vive un Mundial muy distinto al que conoció en la Eurocopa de 2021. Entonces, Inglaterra jugó casi todo en Wembley, arropada por su gente, con rutinas conocidas y sin apenas maletas. Ahora, el escenario se ha abierto de par en par: Estados Unidos, Canadá y México dibujan un mapa enorme para una selección que deberá aprender a convivir con los viajes, los cambios de clima y una estancia mucho más larga de lo habitual.

El capitán de Chelsea es uno de los dos representantes de los Blues en la selección de los Three Lions, acompañado por Trevoh Chalobah, otro producto de la Academia de Cobham. El central entró a última hora en la lista de Thomas Tuchel para cubrir la baja por lesión de Tino Livramento, también formado en la casa. La cadena de talento de Cobham sigue estirándose ahora a escala mundial.

Para James, este torneo supone su segunda gran cita con la absoluta de Inglaterra. Ya formó parte del grupo en aquella Eurocopa disputada en 2021, un campeonato casi doméstico para los ingleses. Seis de siete partidos en Wembley, rutinas conocidas, el mismo hotel, el mismo trayecto al estadio. Todo lo contrario a lo que se está viviendo ahora al otro lado del Atlántico.

El Mundial, ampliado a 48 selecciones, se estira en el calendario y obliga a los jugadores a pasar largas semanas lejos de casa. Más vuelos, más concentraciones, más tiempo en la habitación del hotel. Un reto mental tanto como físico.

James lo asume con naturalidad y con un plan claro para no desconectarse.

«Hay muchas actividades y tiempo libre, cosas que puedes hacer cuando estás fuera, simplemente para intentar refrescarte y mantener la motivación durante un periodo tan largo lejos», explica el capitán de Chelsea, consciente de que la cabeza también juega su propio torneo.

No todo es entrenamiento y vídeo. Hay espacio para la desconexión, para las rutinas personales, para esos pequeños rituales que sostienen al futbolista cuando la competición se hace eterna. Pero hay algo que, por encima de cualquier pasatiempo, mantiene la energía del grupo al máximo: la gente.

Las gradas de Norteamérica se han llenado de camisetas, banderas y acentos de todos los rincones del planeta. Inglaterra no es la excepción. Donde juega, se nota.

«El apoyo es enorme», subraya James. «A veces eso actúa como el jugador número 12 en los partidos difíciles. El apoyo lo significa todo para los jugadores. Familias y amigos viajando por todo el mundo para ver a sus seres queridos jugar».

Ahí está el otro lado del Mundial: padres, hermanos, parejas y amigos recorriendo miles de kilómetros para compartir 90 minutos desde la grada. Para muchos futbolistas, esa imagen en la tribuna pesa tanto como cualquier charla táctica. James lo sabe y lo valora.

Inglaterra llega al siguiente capítulo del torneo con viento a favor. Debutó en el Grupo L con un 4-2 ante Croacia, un marcador que no solo dio tres puntos, sino también confianza, pegada y la sensación de que el equipo ha aterrizado bien en un contexto nuevo y exigente.

Esta noche, a las 21:00 hora del Reino Unido, espera Ghana en Boston. Otro escenario, otro ambiente, otro examen. Un rival físico, intenso, incómodo, de los que exigen concentración desde el primer minuto. Justo el tipo de partido en el que el liderazgo de un capitán como Reece James se vuelve imprescindible.

Lejos de Wembley, sin la comodidad de jugar en casa, Inglaterra se mide ahora a la verdadera esencia de un Mundial itinerante. Y mientras el calendario se alarga y los kilómetros se acumulan, la figura de James, entre la calma y la determinación, marca el pulso de una selección que quiere que este viaje por Norteamérica dure lo máximo posible.