En una vieja película se decía que, en los negocios, primero consigues el dinero. Luego viene el poder. Y después, los trofeos. Algo así podría aplicarse a la relación entre la Premier League y el fútbol europeo. Inglaterra ya tiene el dinero. En el mercado de fichajes, también tiene el poder. Lo que todavía no tiene es la hegemonía.
La última semana en Europa ha servido como recordatorio incómodo. Seis partidos de ida de octavos de final de Champions League para los clubes ingleses, cero victorias y un marcador global demoledor: Europa 16-6 Premier League. No hay ningún equipo eliminado aún, pero los números no engañan.
Cinco de esos seis encuentros fueron a domicilio, detalle importante. Y siempre hay que reservar un capítulo aparte para el eterno circo que es Tottenham Hotspur. Pero ver a Manchester City arrollado por el especialista continental Real Madrid, a Chelsea desmoronarse ante el vigente campeón Paris Saint-Germain o a Arsenal sufrir para sacar un 1-1 en el campo del Bayer Leverkusen evocó fantasmas conocidos de otras primaveras europeas.
Equipos reventados en el momento decisivo
La impresión fue clara: los equipos ingleses parecían fundidos, física y mentalmente. De ahí la cascada de errores defensivos y los goles encajados en ráfagas. Chelsea encajó dos tantos en el tramo final que convirtieron una desventaja mínima ante PSG en una montaña casi imposible. Manchester City fue arrollado por tres goles de Federico Valverde en apenas 23 minutos. Spurs perdía 4-0 cuando el reloj aún no marcaba el minuto 24.
La Premier League sigue siendo, probablemente, la competición más rápida e intensa de Europa, quizá del mundo. Esa exigencia pasa factura cuando se entra en la parte caliente del calendario. Repetir esa intensidad cada tres días es una quimera; las actuaciones caen, las lesiones suben y el cansancio se acumula. Se ha visto una y otra vez.
En los clubes y en la selección inglesa se respira la sensación de que los jugadores viven al límite. El verano pasado se añadió un Mundial de Clubes ampliado con Chelsea y Manchester City, se encajó la Nations League y se estiraron aún más Champions League, Europa League y Mundial. Más partidos para futbolistas que ya compiten cada semana en una liga de ritmo salvaje.
Europa protege a los suyos; Inglaterra aprieta el calendario
A diferencia de otras grandes ligas, en Inglaterra casi nunca llega una mano amiga desde los despachos. Mientras Chelsea se veía obligado a disputar una prórroga extenuante ante Wrexham, un club de Championship, el fin de semana previo a su cita con PSG, en Francia se vivía otra realidad: Nantes y la Ligue de Football Professionnel acordaron darle descanso al equipo parisino. Un concepto casi extraterrestre para el fútbol inglés.
En Alemania, Bayern Munich goleó 4-1 a Borussia Mönchengladbach en un partido adelantado al viernes para concederle 24 horas extra de preparación antes de viajar a Bérgamo para enfrentarse al Atalanta. En ese mismo tramo del calendario, Newcastle United y Manchester City se pegaban un duelo nocturno de FA Cup en sábado, con la intensidad habitual.
No se trata solo de fechas. La brutal competitividad de la Premier también actúa como lastre. En una liga donde incluso un equipo como Wolverhampton Wanderers, camino de una de las peores puntuaciones de la historia de la máxima categoría, es capaz de sumar cuatro puntos en dos semanas ante dos aspirantes a Champions League como Arsenal y Liverpool, el viejo tópico de que “no hay partidos fáciles” suena más real que nunca.
El fin de semana del 24-25 de enero lo ejemplificó a la perfección: Liverpool cayó en Bournemouth, Spurs empató en Burnley y Newcastle perdió en casa frente a Aston Villa. Y, sin embargo, en Europa, alrededor de esas fechas, los ingleses volaban: Liverpool pasó por encima de Marseille y Qarabag con un global de 9-0, Spurs venció con comodidad 2-0 a Borussia Dortmund y Eintracht Frankfurt —sus únicas victorias del año natural, en medio de una racha de 12 partidos sin ganar en casa— y Newcastle aplastó 3-0 al PSV y empató 1-1 en el campo del PSG.
Cinco clubes ingleses acabaron entre los ocho primeros de la fase de liga de la Champions League. Nueve equipos de la Premier alcanzaron las rondas eliminatorias de las tres competiciones europeas, un récord. La tentación de proclamar que Inglaterra tiene las mejores plantillas y la liga más fuerte del continente era evidente.
Pero una cosa es dominar las fases de grupos y otra muy distinta mandar en los palmarés.
Los números desmienten la supuesta hegemonía inglesa
Si uno mira las finales, el discurso cambia. En las últimas cinco temporadas, de los 10 finalistas de Champions League, cuatro han sido ingleses. Dos de ellos levantaron el trofeo: Chelsea en 2021 y Manchester City en 2023. España ha firmado el mismo número de campeones en ese periodo, con Real Madrid coronándose en 2022 y 2024.
En la Europa League, el balance es similar. Tres finalistas ingleses de 10 posibles en cinco años, con un solo campeón: Spurs la pasada temporada. España, de nuevo, presenta dos títulos: Villarreal en 2021 y Sevilla en 2023.
Con esos datos sobre la mesa, hablar de dominio inglés en Europa resulta exagerado. Ni de lejos se acerca a lo que logró LaLiga a mediados de la década pasada, cuando entre 2014 y 2018, nueve de los 10 títulos de Champions League y Europa League acabaron en vitrinas españolas: cuatro Champions para Real Madrid, una para Barcelona, tres Europa League para Sevilla y una para Atlético de Madrid. Solo el Manchester United de 2017 rompió esa tiranía con su Europa League.
Ni colectivamente ni de forma individual, los clubes ingleses han conseguido una continuidad real en la élite europea. Ni siquiera Pep Guardiola, cuyo Manchester City ha sometido a la Premier con seis títulos en nueve temporadas completas, ha trasladado ese dominio al continente: en ese periodo, solo ha alcanzado dos finales y una semifinal. Y con un 3-0 en contra ante Real Madrid, mejorar ese registro se antoja casi imposible.
Si Guardiola se marcha este verano, su balance —una montaña de títulos domésticos y una sola Champions en 10 años— se parecerá bastante al de Sir Alex Ferguson en el Manchester United, otra era en la que los clubes ingleses solían mirarse por debajo del hombro respecto a sus rivales europeos.
El muro europeo de Arsenal, Chelsea, Spurs, City, Liverpool y Newcastle
En Leverkusen, Mikel Arteta vio cómo su Arsenal era sorprendido por una jugada ensayada de córner que recordó viejas fragilidades. Tras el 1-1, el técnico fue directo cuando le preguntaron si el partido era un aviso sobre la dificultad de ganar la Champions League.
“Sí, y de lo difícil que es ganar a cualquier rival en esta competición y especialmente fuera de casa”, respondió. “Ese es un factor importante. Sabíamos la importancia del partido y la dificultad del rival y ahora tenemos que rematarlo en Londres”.
Antes, eso sí, les espera el siempre incómodo Everton en casa. Nunca es un trámite. Chelsea y Newcastle quizá preferirían rotar pensando en sus vueltas europeas, pero se verán las caras entre sí este fin de semana. Spurs viaja a Anfield para medirse a Liverpool en pleno combate por la permanencia, mientras los de Jürgen Klopp necesitan puntos para asegurar su plaza en la próxima Champions League. Manchester City, por su parte, visita a un West Ham United revitalizado, sin margen para otro tropiezo en la carrera por el título. El calendario no da tregua.
Arsenal debería certificar el pase en Londres. Chelsea, Spurs y Manchester City aún pueden firmar una noche épica en sus segundas partes de la eliminatoria. Liverpool tiene margen para remontar ante Galatasaray. Y Newcastle sueña con una de las mayores gestas de su historia en Barcelona.
Sin embargo, mientras Bayern, Real Madrid y PSG —clubes con un músculo financiero comparable al de la Premier, pero sin el mismo nivel de desgaste— aceleraron cuando tocaba subir una marcha esta semana, los ingleses hicieron justo lo contrario. La historia reciente indica que nadie debería sorprenderse.
La Premier League seguirá generando más dinero, fichando más caro y vendiendo mejor su producto. Pero, en Europa, el poder real aún se decide en otros despachos, en otros vestuarios y en otros estadios. La próxima primavera dirá si alguien en Inglaterra está preparado, por fin, para cambiar ese guion.




