Playoffs de la EFL: Hull y Millwall empatan 0-0 en un duelo tenso
La 40ª edición de los playoffs de la EFL no arrancó con fuegos artificiales, sino con algo quizá más propio de estas alturas de temporada: una noche espesa, cargada de nervios, de esas en las que cada control parece pesar el doble. Al final de un duelo asfixiante en East Yorkshire, los sueños de Premier League de Hull y Millwall siguen intactos. Todo se resolverá en el sur de Londres, el lunes por la noche.
Un 0-0 que dice más de lo que parece
En el descanso de una eliminatoria a doble partido, la tentación es inevitable: medir fuerzas, hacer cuentas y dictar quién sale mejor parado hacia la final. Sobre el papel, la respuesta más lógica es Millwall. Se marcha a casa con el 0-0, con la posibilidad de sentenciar en The Den, empujado por su gente.
Pero Hull no se siente precisamente invitado de piedra. Este equipo, que se coló en el top seis del Championship bajo una sanción de embargo en fichajes y contra muchos pronósticos, ya ganó en Millwall esta misma temporada. Y la sensación, tras este primer asalto, es que ninguno de los dos enseñó realmente sus mejores cartas. La tensión se mascó desde el primer minuto. Un error podía ser letal. La resolución queda aplazada a The Den.
Los primeros 45 minutos de estos playoffs fueron, como cabía esperar, un ejercicio de contención. Piernas rígidas, mentes aceleradas. Aun así, el partido amagó con romperse muy pronto. Mohamed Belloumi firmó una carrera sensacional, se abrió paso entre camisetas rivales y rozó el poste de Anthony Patterson con un disparo que, de entrar, habría pasado directo a la historia de los playoffs.
Ese aviso parecía anunciar un choque lleno de ocasiones. No fue así. El duelo se congeló en una especie de pulso táctico, un intercambio de golpes que nunca llegaban a impactar de lleno. Ninguno quería desprotegerse tan pronto en una eliminatoria tan larga. Ambos equipos se mantuvieron a distancia prudente, como si reservaran las acometidas más feroces para más adelante.
Hull amenaza, Millwall manda con la pelota
Las mejores pinceladas ofensivas, por poco, llevaron el sello de Hull. Sobre todo en transición, cuando encontraba metros para correr y castigar. Cada contraataque insinuaba peligro, aunque casi nunca se concretara. Millwall, en cambio, se mostró más sereno con el balón, más dueño del ritmo, pero sin colmillo en los metros finales.
Las ocasiones claras fueron un bien escaso. Daba la impresión de que el primero en serenarse tras el descanso tendría una ventaja enorme de cara al segundo partido del lunes. Millwall, en particular, forzó pases que probablemente no habría intentado en un encuentro liguero corriente. El peso del contexto se notó en cada decisión.
El ambiente acompañó esa tensión. Nervios en la grada, respiraciones contenidas, un murmullo constante que explotaba con cualquier pérdida o entrada fuerte. Al descanso, nada separaba a dos de los equipos más competitivos del Championship. Ni en el marcador ni en la sensación de igualdad extrema.
Un segundo tiempo aún más bloqueado… hasta el arreón final
¿Se abriría el partido tras el paso por vestuarios? No del todo. Como en la primera parte, la mejor oportunidad llegó muy pronto. El capitán de Hull, Lewie Coyle, probó fortuna desde lejos con un disparo que se marchó por encima del larguero. Después, el encuentro volvió a encajonarse en la zona ancha, un tablero de ajedrez sin movimientos decisivos.
La imagen que mejor retrata la primera hora quizá sea la reacción de Alex Neil en la banda. El técnico no daba crédito cuando Tristan Crama se animó a chutar desde casi 40 metros, con un intento que se perdió muy por encima de la portería de Ivor Pandur. Intensidad, sí. Ideas claras en el último tercio, muy pocas.
La sensación, sin embargo, era que algo podía cambiar en cuanto uno de los dos se atreviera a dar un paso más. La pregunta flotaba sobre el estadio: ¿se conformaría Hull con llevarse un empate por la M1 rumbo a Londres? ¿O se animaría a romper el guion para buscar un gol que podría valer oro?
Hull fue el primero en pestañear. Y casi le sale redondo. Un centro envenenado del recién ingresado Yu Hirakawa encontró a Oli McBurnie, que rozó el tanto al desviar el balón fuera por muy poco. El estadio despertó. En la jugada siguiente, en el otro área, Femi Azeez obligó a Pandur a una gran estirada con un disparo con rosca que apuntaba a la escuadra. De repente, el partido tenía pulso. El ritmo subió, las áreas empezaron a aparecer en el horizonte.
La entrada de Barry Bannan dio otro matiz a Millwall. El escocés empezó a encontrar líneas de pase, a filtrar balones que antes no existían. De sus botas nació una de las acciones clave del choque, ya en el tiempo añadido. Un centro al área terminó con Ryan Leonard adelantándose a la zaga de Hull para empujar el balón a la red. El rugido visitante apenas duró unos segundos: el árbitro señaló falta de Crama sobre Charlie Hughes en el origen de la jugada.
Neil estalló en la banda, desbordado por la frustración. Pero el marcador no se movió. El 0-0 quedó sellado como sentencia de una noche de nervios y precauciones.
El lunes, en The Den, no habrá tanto margen para el miedo. Con Wembley al alcance de la mano, alguien tendrá que romper el equilibrio. ¿Quién se atreverá a hacerlo primero?



