Odegaard brilla en la búsqueda de la Copa de Europa con Arsenal
Arsenal se quedó a un partido del doblete soñado la temporada pasada. Campeón de la Premier League por primera vez en 24 años y derrotado solo en los penaltis por Paris Saint-Germain en la final de la Champions League. Y todo eso con un Martin Odegaard tocado físicamente, lejos de su mejor versión.
Ahora la historia suena distinta. Y mucho más peligrosa para sus rivales.
Un capitán desatado
A sus 27 años, el noruego ha arrancado la temporada como si quisiera ajustar cuentas con el pasado. Mikel Arteta lo ve, el vestuario lo siente y Europa ya empieza a tomar nota: el capitán de Arsenal está jugando “en la forma de su vida”.
La pregunta se impone sola. Si este equipo fue capaz de ganar la Premier y rozar la Champions con un Odegaard limitado por las lesiones, ¿hasta dónde puede llegar con su líder plenamente sano y dominando partidos tanto en Inglaterra como en el continente?
El primer aviso serio llegó en Nápoles. Arsenal había sometido a Napoli desde el inicio en su estreno de la nueva Champions League. Posesión, ocasiones, control total. Pero el marcador seguía cerrado. Faltaba alguien que decidiera. Faltaba el capitán.
A quince minutos del final, Odegaard apareció en la frontal, abrió el ángulo con un toque, y soltó un zurdazo seco, precioso, imposible para el portero. 1-0. Partido resuelto. Tres puntos en un campo incómodo. Y una sensación clara: con Odegaard así, Arsenal parece capaz de superar cualquier examen.
Del dolor físico al salto de nivel
La temporada pasada, el noruego convivió con problemas de rodilla y hombro. Disputó solo 36 partidos en todas las competiciones, con un balance modesto para su talento: un gol y siete asistencias. En la Premier League apenas pudo participar en 24 encuentros, mientras el equipo levantaba por fin el título.
El verano y el Mundial cambiaron el tono. Con Noruega llegó hasta los cuartos de final, donde cayó ante Inglaterra, y ahí ya se intuyó un punto de inflexión. Este inicio de curso confirma que no era un espejismo: Odegaard ha subido un peldaño.
Su carta de presentación llegó en Cardiff, en la Community Shield ante Manchester City. Con 2-0 en el marcador, se permitió una travesura de genio: encaró a Gianluigi Donnarumma, lo sentó en el césped y empujó la pelota con calma, casi con desprecio, a puerta vacía para cerrar el 3-0.
No se quedó ahí. Marcó en el 3-0 frente a Coventry City y firmó el gol decisivo en la remontada ante Chelsea en el Emirates Stadium, un 2-1 que mantuvo el pleno de victorias ligueras. Aquella acción resumió al Odegaard actual: desmarque perfecto, lectura del espacio, inteligencia para atacar el pase filtrado de Kai Havertz tras un sutil amago y definición contundente ante Emiliano Martínez.
Ese tanto y el de Nápoles hablan de un futbolista exuberante, otra vez en la cima de sus capacidades, rodeado de un equipo que ahora juega con la seguridad de quien ya sabe lo que es ganar.
Un Arsenal más maduro
El triunfo en Italia no fue solo una cuestión de talento individual. Napoli se protegió con un plan defensivo rígido, muy cercano al manual de Max Allegri: bloque bajo, líneas juntas, pocas concesiones entre líneas. Arsenal no se desesperó. Movió la pelota, cambió ritmos, insistió hasta que el muro se agrietó.
Esa paciencia, esa frialdad, no siempre formaron parte del ADN reciente del club. Hoy sí. En cada gesto de este inicio de temporada, el equipo de Arteta se comporta como un campeón que no se conforma con lo logrado.
Odegaard encarna ese cambio. Arteta lo ha dejado entrever: su capitán está jugando como alguien que siente que tiene algo que demostrar, consciente de que, mientras el colectivo tocaba la gloria el curso pasado, su aportación individual se quedó por debajo de lo que él mismo se exige.
El exdefensa Nedum Onuoha, ahora analista en Match of the Day, lo resumió con claridad: el noruego “querrá tener un impacto mayor en el equipo esta temporada”. Y fue más allá: Arsenal tiene “asuntos pendientes” en la Champions League y Odegaard quiere ser el primer capitán del club en levantar el trofeo.
Onuoha no duda: con este nivel, el noruego “lleva a Arsenal a un nivel diferente” y el mejor Arsenal aparece cuando él “mueve los hilos”, porque su influencia altera la manera de atacar y multiplica a quienes le rodean.
Cifras, dominio y liderazgo
En Nápoles, Odegaard no solo decidió el marcador. Marcó el tono competitivo. Corrió, presionó, ofreció líneas de pase, dio ejemplo. Fue capitán en el sentido más completo de la palabra.
Arsenal desperdició varias ocasiones claras antes de su gol, pero la superioridad fue abrumadora: 26 disparos, su cifra más alta en un partido de Champions League desde que hay registros detallados (2003-04). Para Napoli, también fue el choque en el que más tiros concedió en ese mismo periodo. El resultado final, 1-0, se quedó corto para lo que se vio sobre el césped.
Arteta lo explicó sin rodeos: quiere que sus atacantes “decidan partidos” y Odegaard está aportando “goles que impactan en los resultados”. El técnico admitió que, por la cantidad de oportunidades generadas, el encuentro debería haberse resuelto de otra forma, pero subrayó la importancia de tener futbolistas con la personalidad suficiente para asumir riesgos y aparecer en zonas de remate. El noruego, aseguró, está llegando “mucho más” a esas posiciones. El gol en Nápoles fue la prueba.
Onuoha destacó también su creatividad, sobre todo en el costado derecho, y algo que a veces se pasa por alto: su capacidad para cuidar la pelota y su compromiso defensivo. No solo embellece el juego, también lo sostiene.
El viejo anhelo de Europa
La Champions League sigue siendo la gran asignatura pendiente del club del norte de Londres. Dos finales perdidas, una ante Barcelona en 2006 y la más reciente frente a PSG la temporada pasada. Una barrera psicológica que el Emirates lleva años deseando derribar.
El calendario no dará tregua. En la fase de grupos esperan un duelo en casa ante Real Madrid y una visita a Bayern Munich, dos escenarios donde se mide de verdad la madurez de un candidato al título.
Pero algo ha cambiado. Con un Odegaard “suave como la seda”, como se ha descrito su estado de forma, Arsenal transmite una sensación distinta. Más sólida. Más peligrosa. Más preparada.
La Copa de Europa sigue siendo su Santo Grial. Si el capitán mantiene este nivel deslumbrante, la pregunta ya no es si Arsenal puede competir por ella, sino quién se atreve a apostar en su contra cuando el noruego vuelva a pisar una noche grande de Champions con el balón pegado a su zurda.



