El año del Newcastle: de sueños europeos a pesadilla
En Tyneside ya no hablan de sueños europeos, sino de daños colaterales. El calendario de 2026 se ha convertido en una trampa para Newcastle United: en la tabla de lo que va de año son 17º, apenas dos puntos por encima de Wolves, cuyo descenso ya es una realidad. El equipo que hace nada se codeaba con la élite continental mira ahora de reojo al abismo.
El último golpe llegó con forma conocida: otro 2-1 en contra. Tercer partido de Premier League seguido que pierde por el mismo marcador, esta vez ante Bournemouth. Ocho derrotas en los últimos 11 encuentros ligueros, incluida la del derbi frente a Sunderland. Solo un Tottenham en modo candidato al descenso firma un 2026 peor. Para un club que se había acostumbrado a mirar hacia arriba, el cambio de paisaje es brutal.
De Wembley a la nada en un suspiro
La caída no es solo doméstica. La temporada se ha ido desmoronando a toda velocidad. El camino en la FA Cup se cerró sin ruido ante Manchester City. La defensa de la Carabao Cup, igual de fría, también a manos del equipo de Pep Guardiola. Y cuando quedaba la Champions como refugio emocional, apareció Barcelona para apagar la luz: 7-2 en el Camp Nou en la vuelta de octavos. Un correctivo que no solo elimina, sino que deja cicatriz.
Todo esto golpea de lleno la figura de Eddie Howe. Hasta ahora, casi intocable. El hombre que salvó al club del descenso, que metió dos veces al Newcastle en la Champions y que rompió una sequía de 70 años sin títulos levantando un trofeo mayor en Wembley ante Liverpool en 2025. Ese crédito parecía inagotable. Esta vez no.
St James’ Park, que había sido un escudo para Howe, empezó a hablar en otro tono el fin de semana: abucheos claros, prolongados. La fe en su capacidad para enderezar el rumbo se erosiona partido a partido. Matemáticamente, el Newcastle aún no se ha caído del todo de la pelea por Europa, pero la combinación de mala dinámica y tráfico por delante en la clasificación pinta un escenario cada vez más gris.
La duda que lo cambia todo
Alan Shearer, voz autorizada como pocas en el club, lo dejó caer sin rodeos en el podcast The Rest is Football. Dijo que no sabe qué va a pasar con Howe, que al escucharle y verle en la banda se pregunta si realmente querrá “volver a hacerlo”, si tendrá fuerzas, si siquiera le darán la oportunidad. Admitió que, si todo fuera normal, le gustaría que siguiera, pero remató con una frase que retumba en el norte: no ve a Eddie Howe en el banquillo del Newcastle la próxima temporada y no está seguro de que el técnico conserve el mismo nivel de pelea.
La sensación de final de etapa se instala poco a poco. Desde el club se filtra calma: según Sky Sports, el técnico está “seguro por ahora” y su situación no se revisará hasta final de curso. Pero la realidad competitiva es tozuda: el Newcastle se encamina a su peor posición liguera desde el descenso de 2015-16. No es solo una mala racha; es un retroceso de años.
El propio Howe ha empezado a sonar distinto. Antes del duelo ante Bournemouth aseguraba que su “fuego” por el trabajo seguía ardiendo “muy, muy fuerte”. Tras otra derrota, el discurso cambió de temperatura. En rueda de prensa reconoció que ocho derrotas en 11 no son aceptables y habló de una medicina tan sencilla como difícil de aplicar: ganar partidos. Admitió que el equipo juega contra la inercia, que se nota en los grandes momentos, que falta presencia real en el área rival y que el sistema defensivo está lejos del nivel exigible. “No estamos ahí ahora mismo”, asumió. Y deslizó algo más inquietante: que lo que ocurre es “sistémico” y que empieza a repetirse a sí mismo rueda tras rueda. Frustración pura.
La relación con la grada también se resiente. Ante la BBC, un Howe abatido confesó su decepción por no estar a la altura de los aficionados, por sentir que les está fallando. Aceptó las críticas como parte del negocio, pero el gesto era el de un técnico golpeado. Aun así, defendió que su motivación interna no cambia con los resultados, que sigue queriendo ayudar a crecer a sus jugadores y construir un equipo ganador. El problema es que el campo cuenta otra historia.
Fichajes caros, producción mínima
A la mala dinámica se suma un mercado que, de momento, ha sido un boomerang. Tras la salida envenenada de Alexander Isak el verano pasado, la dirección deportiva –con Howe muy implicado– invirtió cerca de 180 millones de libras en tres atacantes: Nick Woltemade, Yoane Wissa y Anthony Elanga. Ninguno ha estado a la altura de la factura.
Woltemade arrancó el curso encendido, con actuaciones que invitaban a pensar en un relevo digno para Isak. Pero su rendimiento se desplomó con el cambio de año. Sus últimos goles ligueros datan de diciembre, un doblete ante Chelsea que ahora parece de otra temporada. Wissa, por su parte, se perdió buena parte de la primera mitad del curso por una lesión de rodilla y no ha logrado recuperar su nivel anterior: todavía no se ha estrenado en liga en 2026. En medio de ese vacío goleador, Anthony Gordon y William Osula han tenido que ocupar la punta en varios tramos.
El caso de Elanga no es mejor. El extremo que brilló en Nottingham Forest en 2024-25 no ha encontrado continuidad ni colmillo. Cero goles y solo una asistencia en liga cuando la temporada entra en su recta final. Jacob Ramsey, centrocampista ofensivo capaz de caer a banda y otro fichaje del verano de 2025, también ha sufrido, lastrado además por un problema de tobillo que cortó en seco su adaptación. Demasiadas apuestas altas, muy poco retorno.
Un vestuario en descomposición
El problema no es solo lo que ha llegado, sino lo que está a punto de irse. El ruido alrededor del club apunta a un verano de fuga masiva. Howe lo dejó entrever antes de enfrentarse a Bournemouth: habló de varios jugadores que terminan contrato y de otros, “grandes jugadores que han hecho cosas increíbles por el club”, que podrían estar en sus últimos meses en St James’ Park. Reconoció que habrá “posiblemente jugadores saliendo en verano” y asumió que esa evolución es parte natural de la vida de un club. Pero sus palabras olían a cierre de ciclo.
El técnico subrayó que es casi imposible predecir un mercado de fichajes, que siempre hay fuerzas en movimiento difíciles de controlar. No son declaraciones que inviten al optimismo. Menos aún cuando, tras la derrota del sábado, tardó siete segundos en responder a la pregunta de si su plantilla comparte ese “fuego” del que había hablado. El silencio dijo tanto como la respuesta.
Los nombres que asoman en ese escaparate son pesados: Sandro Tonali, Bruno Guimarães, Tino Livramento, Anthony Gordon. La salida de Kieran Trippier ya está confirmada, con el lateral encarando los últimos meses de contrato. Fabian Schär, uno de los veteranos de la zaga, podría seguir el mismo camino. Incluso se ha llegado a informar de que Woltemade o Wissa podrían ser traspasados tras solo una temporada. Una vuelta de tuerca más al desconcierto.
El mercado ya se ha lanzado sobre ellos. Tonali lleva meses vinculado a Arsenal y Manchester United. Guimarães también aparece en la agenda del United y es un viejo objeto de admiración para Pep Guardiola en el City. Livramento, lateral de enorme proyección, interesa tanto a Arsenal como al propio City y todo apunta a que el club escuchará ofertas.
Gordon se ha convertido en el último gran activo en el centro del huracán. Bayern Munich estaría dispuesto a apostar fuerte por él, viéndolo como competencia directa para Luis Díaz en la banda izquierda. Se habla de una valoración en torno a las 75 millones de libras y de un jugador abierto a la idea de cambiar de aires. Woltemade, en un plano mucho más tenue, ha sido vinculado de forma muy preliminar con Bayern y Chelsea.
Cuentas, guerra y un futuro en el aire
Detrás de este posible éxodo hay una razón tan prosaica como determinante: dinero. Newcastle necesita ventas importantes para financiar su siguiente reconstrucción y cuadrar las cuentas bajo las exigentes Profit and Sustainability Rules de la Premier League. Hasta ahí, lógica de mercado. El matiz que inquieta a la afición es otro: el contexto de sus propietarios.
El club pertenece al Public Investment Fund (PIF), el fondo soberano de Arabia Saudí, que atraviesa un momento de ajuste. La guerra con Irán y otros factores económicos, como la organización del Mundial de 2034, han llevado al fondo a apretar el cinturón. La semana pasada, el presidente del Newcastle y gobernador del PIF, Yasir Al-Rumayyan, admitió que el fondo está revisando “algunos acuerdos e inversiones”. Al mismo tiempo, PIF vendió un 70% de Al-Hilal por 276 millones de libras y se rumorea que podría retirar su apoyo financiero a LIV Golf, un proyecto carísimo lanzado en 2022 para competir con el PGA Tour.
Según la BBC, el PIF sigue “totalmente comprometido” con Newcastle y el club quedará “sin verse afectado” por esta reordenación de prioridades. La declaración tranquiliza sobre el papel, pero deja una incógnita evidente: ¿hasta qué punto esos recortes en otros frentes se filtrarán al presupuesto de fichajes? ¿Habrá chequera abierta o un verano de contención forzada?
En St James’ Park se prepara una tormenta veraniega. Un entrenador en duda, una plantilla en fase de despedida, un proyecto que ya no crece, sino que se agarra como puede a la barandilla de la Premier. El club que hace poco se veía como el nuevo rico destinado a desafiar a todos vuelve a mirar al futuro con la pregunta más incómoda de todas: ¿es este solo el final de un ciclo… o el principio de una larga travesía por el desierto?




