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Neymar y el dilema de Brasil: ¿última danza en el fútbol?

El debate sobre Neymar ya no es un murmullo de fondo en Brasil. Es un tema central. Y esta vez no lo encienden ni las redes sociales ni los programas de tertulia: lo hace Rai, campeón del mundo en 1994, una voz respetada en el país y en el vestuario de la propia selección.

En el programa francés Rothen S'enflamme, el excentrocampista de la Seleção y de PSG fue directo al corazón del asunto: el físico. No cuestionó el talento. Cuestionó el estado actual del jugador de 34 años. Para Rai, Neymar ya no sostiene el nivel atlético que exige el fútbol internacional de élite.

“Si viene, tendrá impacto en el equipo”, reconoció. Pero enseguida bajó el tono de la ilusión con una dosis de realidad: recordó sus problemas físicos, habló de pérdida de velocidad y de una versión que ya no alcanza la cima. Neymar sigue viendo pases que otros no ven, sigue siendo “una estrella”, como subrayó Rai, pero en este momento, a su juicio, no está en el nivel que la selección necesita.

De estrella global a cuerpo frágil

El recorrido reciente de Neymar se escribe más en el parte médico que en las crónicas de partido. Su llegada a Al-Hilal en 2023, uno de los grandes movimientos del desembarco de estrellas en la Saudi Pro League, parecía el inicio de un nuevo capítulo. Terminó siendo otra página de lesiones.

En octubre de 2023, en un duelo de clasificación sudamericana para el Mundial ante Uruguay, se rompió el ligamento de la rodilla. Desde entonces, aquella noche se mantiene como su última aparición con la camiseta de Brasil. Una escena congelada en el tiempo.

El regreso a Santos, su casa futbolística, en enero de 2025 debía ser el refugio perfecto: entorno conocido, cariño garantizado, presión compartida. De momento, no ha bastado para cambiar el guion.

Nueve partidos. Cuatro goles. Cuatro asistencias, entre liga y torneos continentales. Los números, fríos, siguen siendo buenos. Pero las sensaciones cuentan otra historia: ausencias ligueras por precaución, gestión medida de minutos, cuidados constantes.

Hace poco se sometió a un procedimiento quirúrgico regenerativo con plasma rico en plaquetas para reforzar las articulaciones y acelerar la puesta a punto. Un tratamiento de vanguardia que, en el fondo, confirma la fragilidad del momento.

Ancelotti impone la ley del físico

La llegada de Carlo Ancelotti al banquillo de Brasil ha cambiado el tono interno. El italiano, acostumbrado a gestionar vestuarios llenos de estrellas, ha fijado una línea muy clara de cara al Mundial de 2026 en Norteamérica: solo entran los que estén al máximo físicamente.

No es un mensaje al aire. Es un filtro que afecta de lleno a Neymar.

Rai lo deslizó con naturalidad: Ancelotti escucha al vestuario, calibra opiniones, mide el impacto de cada figura. Es “astuto”, dijo el exmediocampista, y sabrá discernir si Neymar suma o resta en el ecosistema actual de la Canarinha.

La fecha clave ya está marcada: 18 de mayo. Ese día se conocerá la lista definitiva para la Copa del Mundo. Hasta entonces, cada minuto de Neymar con Santos será observado con lupa por el cuerpo técnico de la selección. No por lo que fue, sino por lo que realmente es hoy.

Su condición de máximo goleador histórico de Brasil pesa. Pero la falta de ritmo sostenido al más alto nivel pesa también. Y puede hacerlo en sentido contrario. La posibilidad de que el mítico 10 se quede fuera de una cita mundialista ya no suena a provocación: es un escenario real.

Santos, laboratorio y refugio

Mientras tanto, el día a día de Neymar se juega en Santos. Ahí se libra su batalla más urgente: encontrar continuidad. Encadenar semanas de trabajo, partidos importantes, sin sobresaltos físicos.

El técnico Cuca ya ha dejado claro que lo cuidará al límite. Confirmó que Neymar no participará en el próximo duelo de Serie A ante Bahia. No es una sanción ni un castigo. Es una apuesta: reservarlo para un choque clave de Copa Sudamericana frente a San Lorenzo, en Argentina.

Ese equilibrio permanente entre descanso y exigencia retrata a la perfección el estado actual del delantero. No se trata de elegir partidos por capricho, sino por necesidad. El margen de error de su cuerpo se ha estrechado.

¿Puede Brasil permitirse un Neymar disminuido?

Ahí está la gran pregunta que divide a aficionados, analistas y exjugadores. Neymar sigue viendo el juego como pocos. Su visión, su capacidad para filtrar pases imposibles, su lectura en los últimos metros continúan en la élite absoluta.

Pero el fútbol actual exige algo más que talento. Exige repetición de esfuerzos, presión alta, cambios de ritmo constantes. Y es ahí donde la pérdida de explosividad se convierte en un problema. Lo que antes era ventaja ahora puede transformarse en debilidad estructural para un equipo que quiere correr, morder y sostener el ritmo durante 90 minutos.

Rai lo resumió sin rodeos: el Neymar de hoy no es el Neymar que dominaba el uno contra uno a máxima velocidad. Y la selección debe decidir si puede cargar con una versión reducida de su gran símbolo reciente.

El reloj no se detiene. Neymar persigue sensaciones en Santos, Ancelotti observa desde la distancia y Brasil aguarda el 18 de mayo con una duda que trasciende la lista: ¿está frente al epílogo de su gran ídolo moderno o ante el prólogo de una última gran función en el mayor escenario del fútbol?