Mukesh Kumar, el obrero silencioso que se volvió arma letal de Delhi Capitals.
En el sorteo del primer partido de Delhi Capitals en la IPL 2026, ante Lucknow Super Giants, el murmullo fue inmediato. No por quién no estaba, sino por quién sí aparecía en la pizarra del XI inicial: Mukesh Kumar.
Muchos esperaban ver a Aquib Nabi, la sensación de la temporada doméstica, fichado por 8,40 crore de rupias y señalado como el nuevo juguete caro de la franquicia. Pero la dirección de DC eligió memoria antes que moda. Eligió al hombre que lleva desde 2023 picando piedra en el vestuario, por 5,50 crore, y que ya sabe lo que es responder cuando el nivel sube: pilar del cricket doméstico y jugador de India en los tres formatos durante la gira por el Caribe en 2023.
No fue una apuesta romántica. Fue una decisión de confianza.
Seis overs, veinte bolas muertas y un mensaje claro
Treinta y seis bolas en dos partidos no parecen un gran expediente. Hasta que se mira de cerca. En esos seis overs, Mukesh ha firmado 20 dot balls. En una liga donde cada entrega suele convertirse en un intento de demolición, ese dato pesa.
Ante Lucknow, su control de longitud y paciencia convirtió cada bola en un pequeño interrogatorio. De sus 18 envíos, 11 fueron dot balls. Incluso Rishabh Pant, normalmente dueño del caos, se vio atrapado por esas trayectorias de “Test-match”, incómodas, repetidas, casi obstinadas.
Después, en el Arun Jaitley Stadium, frente a Mumbai Indians, el guion cambió de tono, pero no de protagonista. Partido diurno, algo de movimiento en el aire, y Mukesh arrancó buscando swing con una longitud más plena. Ryan Rickelton le castigó rápido: dos boundaries en tres bolas. Cualquier otro se habría refugiado. Él hizo lo contrario.
Ajustó. Acortó la longitud. Pasó del “buscar el highlight” al “te voy a hacer jugar en mi zona”. De repente, Rickelton dejó de avanzar, empezó a reaccionar. Parecía un duelo de Test en pleno IPL. La recompensa llegó: wicket del sudafricano. Luego, una trampa de ritmo para Tilak Varma, cambio de velocidad y un caught and bowled tan rápido como instintivo.
Su actuación no solo ayudó a sellar la victoria por seis wickets ante Mumbai. También le arrancó una broma elogiosa de Jasprit Bumrah, que lo bautizó, entre risas, como “Mukesh McGrath” al final del encuentro. El apodo dice bastante del tipo de impacto que está generando.
Todo esto después de doce meses que habrían tumbado a más de uno: primero lesión de isquiotibiales, luego un problema en la pantorrilla. Dos golpes seguidos, mucho cricket doméstico perdido, ritmo cortado. Pero no la convicción.
Munaf, la confianza y el recuerdo del “arte”
Antes de que la IPL 2026 arrancara, Mukesh necesitaba más que kilómetros en las piernas. Necesitaba que alguien le recordara quién era. Ese alguien fue Munaf Patel, entrenador de lanzadores de DC.
En una charla larga, lejos del ruido, Munaf le devolvió el espejo. Le habló de sus habilidades, de ese “kala” que, según él, nadie más tiene en la mano derecha de Mukesh. “Siempre me dice que soy el mejor lanzador”, contó el propio jugador en una interacción previa a la temporada.
No era solo motivación barata. Era una manera de reconectar a un pacer de 32 años con su esencia: disciplina, longitud dura, cero concesiones.
De Gopalganj a la élite: el hombre que no se rinde
Para entender por qué Mukesh resiste donde otros se quiebran, hay que volver a Gopalganj, en Bihar. Allí empezó a jugar contra la voluntad de su padre, el fallecido Kashinath Singh. El plan familiar era otro: estabilidad, trabajo, no un sueño incierto con un balón de cricket.
En 2012, Mukesh se mudó a Kolkata para ayudar en el negocio de taxis de su padre. Horas al volante, cuentas ajustadas, poco margen para fantasías deportivas. Hasta que la frustración con el mundo del transporte lo empujó de nuevo al césped: partidos de segunda división en los maidans, por 400 o 500 rupias por juego. Nada glamuroso, pero suficiente para mantenerse en la pelea.
En Bengal encontró a un aliado clave: Arun Lal. El entonces entrenador jefe lo adoptó como uno de sus favoritos por una virtud que pocos valoran hasta que la necesitan: la capacidad de lanzar spells largos sin bajar la intensidad. Para Lal, Mukesh es el sueño de cualquier capitán y la pesadilla de cualquier bateador. No regala ni una pulgada.
Su hambre de aprender y mejorar lo llevó todavía más lejos. En 2014, durante el programa Vision 2020 de la Cricket Association of Bengal, llamó la atención de nombres pesados: VVS Laxman, Waqar Younis, Muttiah Muralitharan. No era el más rápido, ni el más llamativo. Pero su disposición a repetir la misma buena bola una y otra vez no pasó desapercibida.
El modelo Hazlewood y la longitud de Test en pleno IPL
Lo que se ve hoy en la IPL 2026 no es casualidad. Es producto de observación y ajuste fino. Tras el partido ante Mumbai, Mukesh explicó que el año pasado se había fijado con lupa en Josh Hazlewood, el arma principal de Royal Challengers Bengaluru la temporada anterior.
Lo que más le impresionó no fue un yorker imposible ni un truco de laboratorio. Fue la insistencia. Hazlewood repetía longitudes de Test, una y otra vez, sin miedo a que le pegaran. El cuerpo técnico de DC le dio el mismo consejo: “juega con tus fortalezas, golpea siempre esa zona”.
Mukesh lo ha asumido como credo. En un torneo que idolatra el six, él apuesta por el metro difícil de atacar. Ese espacio donde, si la bola se mueve un poco, el bateador se siente atrapado. “Si alguien te pega en un buen día, está bien”, resumió. El resto del tiempo, esa longitud es su refugio y su arma.
India en el horizonte, sin prisas pero sin pausa
Mukesh no viste la camiseta de India desde 2024, pero el tema no está cerrado. Ni mucho menos. En la gira de India A por Australia, cerca del final de 2024 y a las puertas de la Border-Gavaskar, terminó como máximo wicket-taker del equipo. Estaba cerca, pero el grupo para la serie ya estaba definido.
Aun así, aprovechó para hablar con los seleccionadores. El mensaje fue claro: rinde en el cricket doméstico, rinde en la IPL, y la puerta se volverá a abrir. Sin promesas vacías, sin atajos.
Su viaje ya ha llamado la atención de gigantes del juego. Incluso MS Dhoni le reconoció la historia y el carácter cuando se cruzaron en su primera temporada de IPL. No es poca cosa para alguien que hace una década jugaba por unas pocas centenas de rupias en los maidans de Kolkata.
De relleno a referente
Hoy, mientras Delhi Capitals intenta construir inercia en una temporada larga, Mukesh Kumar ya no es el nombre que aparece al final de la alineación para completar el XI. Es una pieza que condiciona planes rivales, que marca el tono de los overs medios, que obliga a los bateadores a pensar antes de soltar los brazos.
En un formato dominado por las grandes figuras y los golpes descomunales, él reivindica algo casi antiguo: el valor del control. Una buena longitud. Una misma zona, repetida con terquedad. Un dot ball tras otro.
No solo está reconstruyendo su carrera. Está cambiando partidos. Y si mantiene este pulso, la próxima llamada desde el vestuario de India no será una sorpresa, sino la consecuencia lógica de un camino que nunca dejó de andar.





