Mourinho asume el golpe al título, pero se planta: quiere seguir en Benfica
José Mourinho salió del 1-1 ante Casa Pia con un mensaje duro para el campeonato… y uno firme para el futuro. Para la Primeira Liga, el técnico ya baja la persiana. Para Benfica, no.
El entrenador portugués, que regresó al fútbol de su país en septiembre tras 21 años en el extranjero, dejó claro que no piensa utilizar la cláusula que le permitiría salir este verano, pese a que el empate del lunes ha dejado el título prácticamente en manos de FC Porto.
“Jorge Mendes es mi agente, pero el responsable de mi decisión soy yo. Mi decisión es que me gustaría continuar en Benfica”, sentenció el técnico, que tiene contrato hasta junio de 2027 pero mantiene abierta, sobre el papel, la puerta a una salida anticipada.
El invicto que no alcanza
El dato es tan llamativo como frustrante: el equipo de Mourinho es el único invicto de la Primeira Liga. No ha perdido, pero siente que ha dejado escapar lo que más quería.
El empate ante Casa Pia deja a Benfica a siete puntos de FC Porto, líder del campeonato, con solo seis jornadas por disputarse. Sporting CP marcha segundo, dos puntos por delante de las “águilas” y con un partido menos. El margen de error, si es que aún existe, es mínimo.
Por eso, cuando le hablaron de “dos puntos perdidos”, Mourinho fue más allá: “Ustedes dicen que hemos dejado escapar dos puntos; yo diría que hemos perdido nuestra última oportunidad de pelear por el título”.
La frase resume el ambiente en el vestuario y en la grada: la sensación de que el tren del campeonato ha pasado ya por la estación de Luz.
Autocrítica y aviso al vestuario
Mourinho no se refugió en excusas. Apuntó directamente al rendimiento de los suyos ante Casa Pia, especialmente en los primeros 45 minutos.
“No estaba contento con la primera parte”, reconoció. “En el descanso hablamos de lo que teníamos que cambiar tácticamente, e intenté hacerles entender, porque hay algunos que parecen haber perdido contacto con el fútbol y olvidan las realidades; les hice un poco de matemáticas”.
Las cuentas eran simples y crueles: “Si no ganábamos este partido, la lucha por el título se acababa”. El empate confirmó el peor escenario que el técnico había dibujado en el vestuario.
Mourinho dejó, además, un mensaje que suena a sacudida interna y a planificación de futuro: “Tengo que pensar cuidadosamente, en conjunto, porque, en este momento, quería dejar de poner a jugar a algunos jugadores, pero hay valores más altos en juego. Son activos, incluso si yo no quisiera continuar con algunos de ellos”.
El entrenador deja claro que mira al grupo también como patrimonio del club, no solo como piezas de su once ideal. Y que, aunque haya futbolistas con los que no cuente a largo plazo, no puede simplemente apartarlos en plena recta final del curso.
Del sueño del título a la batalla por el segundo puesto
Con el campeonato casi entregado a FC Porto, el objetivo se reajusta. Ya no se trata de levantar el trofeo, sino de salvar la mejor posición posible.
“Ya no dependemos de nosotros mismos para terminar segundos”, admitió Mourinho. “Aunque ganáramos todos los partidos —lo que sería extremadamente difícil, pero posible—, Sporting también tendría que dejarse dos puntos. Pero el objetivo es luchar por eso”.
La nueva meta es clara: alcanzar la segunda plaza, siempre pendiente de lo que haga Sporting CP. No es el escenario que imaginaba Mourinho cuando aterrizó en septiembre, pero es el que marca ahora la realidad de la tabla.
Entre la invencibilidad que no basta, la autocrítica pública y la promesa de continuidad, el técnico portugués dibuja un final de temporada áspero, incómodo, casi de examen interno. El título ya se le ha escapado. La pregunta, ahora, es qué tipo de Benfica encontrará cuando vuelva a empezar desde cero el próximo curso.





