logo

Mikel Arteta y el Arsenal: Historia en la Champions League

Mikel Arteta, a un paso de la gloria: “Hemos hecho historia otra vez”

El silbatazo final no solo cerró una semifinal. Abrió una puerta que llevaba 20 años cerrada. Mikel Arteta se marchó del césped sabiendo que su Arsenal volvía a una final de Champions League tras tumbar 1-0 a un Atlético de Madrid rocoso, incómodo, fiel a sí mismo hasta el último minuto.

Budapest espera. Bayern Munich o Paris Saint-Germain marcarán el último examen. Pero la noche ya quedó grabada.

“Hemos hecho historia otra vez”

Arteta apareció en la sala de prensa con la sonrisa de quien sabe que ha cambiado el tamaño de un club.

“Es una noche increíble. Hemos hecho historia otra vez juntos. No puedo estar más feliz y más orgulloso de todos los que forman parte de este club de fútbol”, arrancó, aún con la adrenalina en la voz.

El técnico subrayó algo que se sintió desde mucho antes del pitido inicial: la comunión con la grada. “Lo que vimos fuera del estadio fue especial y único. El ambiente que crearon nuestros aficionados, la energía, la forma en la que vivieron cada balón con nosotros… lo hizo especial y único. Nunca había sentido eso en el estadio”, confesó.

El contexto no es menor: han pasado dos décadas desde la última final, y solo es la segunda vez en la historia del club que alcanza este escenario. “Después de 20 años y por segunda vez en nuestra historia, volvemos a una final de Champions League”, remarcó, casi como si necesitara escucharlo en voz alta para creerlo del todo.

Un camino europeo al límite

El técnico no quiso disfrazar la dureza del camino. “Sabemos lo difícil y exigente que es cada rival a este nivel. Atlético es un equipo increíble. La forma en la que compiten, las soluciones que tienen, la respuesta inmediata a todo lo que intentas hacerles… es increíble. Por eso están ahí, han hecho un trabajo sobresaliente”, analizó.

La eliminatoria se decidió en detalles, como tantas noches de Champions. “Los márgenes son muy pequeños y hoy han caído de nuestro lado”, admitió. Nada épico sin sufrimiento, nada histórico sin esa sensación de que un error lo puede arruinar todo.

Desde su llegada, el viaje europeo del club ha sido una reconstrucción paciente, a veces cruel. “Ha sido muy duro y difícil, pero hemos estado todos muy alineados en el deseo y la ambición que tenemos para el club. A veces tienes que tener suerte, las cosas tienen que ir de tu lado. Ponemos muchísimo trabajo, pasión y fe en lo que hacemos y hoy hemos tenido la recompensa de tener un día increíble en Budapest dentro de unas semanas”, explicó.

Una alineación decidida por instinto

La elección del once no fue un trámite. Fue una batalla interna. Arteta lo contó con una sonrisa cansada: “Si ves mi iPad, la cantidad de alineaciones que he hecho, cambiado, girado otra vez… y qué pasa con este, y los posibles cambios, y si ellos hacen esto, nosotros aquello”.

Al final, mandó el instinto. “Fue una sensación de tripa. Tenía una sensación muy buena por lo que vi hace unos días contra Fulham”, reconoció.

Esa decisión tuvo un coste emocional. “Fue doloroso porque fue difícil dejar fuera a jugadores importantes. Todos quieren estar involucrados y ser titulares en este tipo de partidos”, admitió. Pero ahí apareció otra de las claves del equipo: los que entran desde el banquillo no bajan el nivel, lo suben. “Visteis a todos los finishers, la manera en la que entraron al campo y cuánto ayudaron al equipo”.

Familia, club y sentido del trabajo

Cuando el árbitro señaló el final, Arteta no pensó primero en táctica ni en estadísticas. Pensó en los suyos.

“El orden fue inmediatamente mi mujer, mis hijos, mis padres, mi hermana y luego toda la gente del club, porque sé lo que se siente”, relató. Y fue más allá, casi entrando en lo íntimo de la profesión: “Puedes pensar y decir que va a ser una noche preciosa, pero cuando realmente miras a alguien a los ojos y tiene esa expresión, y miras a los aficionados y están inmensamente orgullosos y felices, ahí es cuando nuestro trabajo tiene sentido”.

No siempre es así. “Muchas otras veces es difícil encontrar la razón correcta de por qué hacemos lo que hacemos, pero cuando pasan estas cosas, entonces todo lo que hacemos merece la pena”, confesó.

El Emirates, convertido en fortaleza

El ruido del estadio no fue un decorado. Fue parte del plan. Arteta lo sabe y lo exige.

“Esa casilla ya está marcada, ahora tenemos que mantenerla. Si quieres ser un club grande que pelea de forma consistente por los trofeos más importantes, eso es obligatorio. Ya lo tenemos, ahora hay que sostenerlo”, advirtió.

No se trata solo de un gran ambiente en una semifinal. Se trata de un estándar.

Disfrutar… y volver al trabajo

Mientras todo el entorno mira a Budapest, Arteta se obliga a mantener el pulso firme. “El subidón no es demasiado alto, el bajón no es demasiado bajo, mi trabajo es ser bastante estable”, explicó.

Eso no significa frialdad. “Lo voy a disfrutar de verdad, todos están disfrutando este momento ahora. Mañana tenemos que empezar a preparar el domingo, tenemos un partido increíble contra West Ham, muy duro, y tendremos cuatro días para hacerlo. Es genial, disfrutemos el momento”, dijo, dejando claro que la temporada no se detiene.

La final espera, pero la liga no perdona distracciones.

Un vestuario que se ha hecho mayor

Preguntado por la diferencia dentro del grupo respecto a etapas anteriores, Arteta señaló directamente a sus jugadores. “Es cosa de ellos, al final eran ellos los que tenían que dar este tipo de actuaciones. Yo puedo intentar convencerles, darles cariño y claridad sobre lo que, en mi opinión, es lo más importante: ser competitivos y darnos la oportunidad de ganar lo que queremos lograr. Pero luego tienen que hacerlo ellos”, resumió.

Y lo están haciendo. “Es un grupo increíble de jugadores y de staff. En el deporte de élite, y en el fútbol en particular, puedes vivir un día realmente difícil, pero si sigues trabajando quizá tengas recompensa, y desde luego en las últimas semanas la hemos tenido”, concluyó.

El Arsenal vuelve a una final de Champions. El proyecto de Arteta ya no es promesa ni discurso. Es una realidad que se jugará su gran examen en Budapest.