Arsenal regresa a la final de Champions League tras 20 años
Arsenal volvió a tocar la puerta grande de Europa. Esta vez la derribó. Dos décadas después de su única final, el club londinense regresará al último peldaño de la Champions League tras imponerse 1-0 a Atlético de Madrid en el Emirates Stadium y cerrar un cruce feroz por 2-1 en el global.
El gol, cómo no, llevó la firma de Bukayo Saka, el chico que se ha convertido en bandera de un equipo que ya no teme a las noches grandes.
Un gol que cambia una era
El Emirates era un volcán mucho antes del pitido inicial. Miles de aficionados habían escoltado el autobús del equipo entre bengalas rojas y cánticos, y dentro del estadio un enorme tifo con el mensaje “over land and sea” marcó el tono de la noche: esto iba de historia, de pertenencia, de un club que volvía a creérselo.
Sobre el césped, Mikel Arteta también dejó claro su plan. Nada de refugiarse en el 1-1 de la ida. Nada de especular. Apostó por la continuidad: mantuvo en el once a perfiles técnicos como Myles Lewis-Skelly y Riccardo Calafiori en lugar de recurrir a opciones más conservadoras como Martin Zubimendi o Piero Hincapié. Era una alineación para mandar, no para aguantar.
El partido, sin embargo, exigió sufrir. Atlético, fiel a su identidad, mordió cada balón dividido y encontró en Giuliano Simeone un desahogo constante. De hecho, el guion pudo torcerse pronto. Declan Rice, imperial, apareció con un corte providencial para evitar un gol cantado del delantero argentino en la primera parte. Una acción que valió casi tanto como un tanto propio.
La respuesta llegó justo antes del descanso. Leandro Trossard se fabricó el espacio y soltó un disparo duro que Jan Oblak sólo pudo rechazar. El balón quedó suelto en el área pequeña. Allí, donde se definen las temporadas, apareció Saka. Rápido, frío, letal. Controló el rebote y lo empujó a la red. Estallido. Un rugido que pareció sacudir los cimientos del Emirates.
Ese 1-0 no sólo adelantaba a Arsenal en la noche. Le daba la llave de Budapest.
Muralla roja ante el Atlético
El segundo tiempo fue otro tipo de batalla. Menos brillo, más cicatrices. Atlético adelantó líneas, obligado por el marcador y por la historia del club de Diego Simeone, que nunca se rinde en Europa.
Arsenal respondió con una versión que esta temporada se ha vuelto marca registrada: una solidez defensiva casi obsesiva. Gabriel Magalhães firmó otro cruce salvador sobre Giuliano Simeone, una entrada de esas que valen titulares. Dura, limpia, decisiva.
El dato lo explica mejor que cualquier adjetivo: novena portería a cero en 14 partidos europeos, trigésima en todas las competiciones este curso. Números de campeón. Números de equipo que ha aprendido a gestionar el sufrimiento y a cerrar partidos que antes se le escapaban.
El plan, no obstante, incluía la opción de sentenciar a la contra. Y ahí apareció el desgaste de una temporada larguísima. Viktor Gyökeres, incansable en la presión, tuvo la ocasión de matar la eliminatoria tras un centro raso de Hincapié desde la izquierda. Solo, en el corazón del área, levantó el remate por encima del larguero. Un suspiro colectivo recorrió el estadio.
El fallo no cambió el desenlace. Atlético apretó, pero se estrelló una y otra vez contra un bloque compacto, solidario, que cerró líneas de pase y tiempo de disparo. El reloj empezó a jugar del lado local. Cuando el árbitro señaló el final, Arteta salió disparado hacia el césped para fundirse en un abrazo con sus futbolistas. El Emirates, en pie, entendió el momento: Arsenal volvía a una final de Champions 20 años después de aquella noche de 2006 ante Barcelona.
Arteta, Simeone y el respeto entre banquillos
En la sala de prensa, Arteta no escondió la magnitud de lo logrado. Habló de una noche “increíble”, de haber “hecho historia juntos” y de un ambiente “especial y único” que, según él, no había sentido antes en el estadio. Subrayó el trabajo de sus jugadores y el peso de esos 20 años de espera hasta regresar a una final de la Champions League por segunda vez en la historia del club.
Diego Simeone, derrotado pero sereno, reconoció el mérito del rival. Admitió que si Atlético quedaba fuera era porque Arsenal “merecía pasar”. Recordó las ocasiones desaprovechadas, especialmente en la segunda parte de la ida, y la falta de pegada en los momentos clave. Valoró también el trabajo de Arteta, al que situó en el punto culminante de un proyecto de años, apoyado, como remarcó, por un gran músculo económico y una idea clara. “Se lo merecen”, sentenció el argentino.
El respeto entre ambos técnicos dejó una imagen poco habitual en noches de tanto voltaje: dos proyectos reconocidos mutuamente, dos estilos diferentes que se encontraron en una semifinal de altísimo nivel.
Una temporada de récords… y lo que viene
El pase a la final redondea una campaña que ya es histórica para Arsenal. El equipo ha igualado su récord absoluto de victorias en una sola temporada: 41 en todas las competiciones, cifra que sólo había alcanzado en el curso 1970/71. También ha firmado su racha más larga sin perder en Copa de Europa y Champions League: 14 partidos invicto, superando la serie de 13 encuentros entre marzo de 2005 y abril de 2006.
La solidez defensiva, con esas 30 porterías a cero, no se veía en el club desde la temporada 1993/94 y ningún equipo de la Premier League había alcanzado semejantes números desde el Liverpool de 2021/22.
Pero la noche no cierra nada. Abre frentes. Arsenal debe girar ya la vista de nuevo hacia la Premier League, donde sigue metido de lleno en la lucha por el título. En el horizonte inmediato, un duelo contra un West Ham amenazado por el descenso, el domingo 10 de mayo, que puede condicionar el tramo final del campeonato doméstico.
Y más allá, la cita que lo eclipsa todo: el 30 de mayo, en el Puskas Arena de Budapest, una final de Champions League ante Bayern Munich o Paris Saint-Germain, que se jugarán el otro billete en el Allianz Arena tras el 5-4 del primer asalto para el equipo de Luis Enrique.
Arsenal ha esperado 20 años para volver a este escenario. Ya ha demostrado que sabe llegar. Ahora sólo queda una pregunta: ¿está preparado para, por fin, alzar el trofeo que siempre se le escapó?




