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Manchester City se aferra a la Premier tras victoria ante Brentford

La tormenta bíblica que cayó sobre Manchester dejó paso a un cielo abierto y a una idea muy simple para el Manchester City: ganar, sumar tres puntos y seguir respirándole en la nuca al Arsenal. Nada de fuegos artificiales. Solo supervivencia en la recta final del campeonato.

El desenlace llevó, cómo no, la firma de Erling Haaland. Gol número 26 del noruego en la Premier League, uno de los menos estéticos que se le recuerdan, pero también uno de los más valiosos. En este tramo de temporada, la belleza no puntúa.

Haaland decide entre rebotes y nervios

La jugada del 2-0 fue un resumen perfecto del partido. Antoine Semenyo se lanzó por el costado derecho, colgó un centro que golpeó al menos en un cuerpo de Brentford, el balón quedó suelto y apareció Haaland. Primer intento bloqueado, segundo toque casi de espaldas a portería, remate atropellado… y la pelota dentro. Gol a un metro de la línea, pero grito de liberación en todo el Etihad.

Pep Guardiola, desatado, se lanzó a los brazos de su asistente Kolo Touré. El City ya podía pensar en el domingo, en el viaje del Arsenal a West Ham, y en la esperanza de que los Irons le hagan un favor inesperado.

La brecha se reduce a dos puntos, con ambos equipos en 35 partidos. El margen del Arsenal sigue intacto: si vence a West Ham, Burnley y Crystal Palace, será inalcanzable. El City, sin embargo, se agarra a cada resquicio. Y después de cómo se dio la noche, le basta con eso.

El marcador lo había abierto antes Jérémy Doku, con una acción individual que encendió el estadio pasada la hora de juego. En el añadido, Omar Marmoush cerró la cuenta y redondeó una victoria más sufrida que brillante.

Sin Rodri, un City a tirones

Otra vez sin el timón de Rodri, el City volvió a jugar a fogonazos. Cuando conectó, dañó. Cuando se partió, sufrió. Uno de esos chispazos llegó con Doku como puñal por la izquierda: el belga se coló en el área, cargado de potencia, y sirvió atrás para Haaland. El disparo del nueve iba camino de la red hasta que un desvío y las manos firmes de Caoimhín Kelleher salvaron a los visitantes.

Brentford recordó pronto por qué solo había perdido uno de sus últimos ocho partidos ligueros. Equipo incómodo, agresivo, con una presión que obligó al City a disparar desde lejos una y otra vez. Tijjani Reijnders, en dos ocasiones, Rayan Cherki, Doku y Bernardo Silva probaron suerte desde la media distancia, todos repelidos. Señal inequívoca: el plan de Guardiola no terminaba de fluir.

El conjunto de Keith Andrews se atrevió a discutirle el partido al campeón. Sobre todo en un tramo del primer tiempo en el que el City se vio sorprendentemente inseguro. Gianluigi Donnarumma midió mal un saque de banda largo, el balón rebotó en Matheus Nunes, tocó en Silva y el propio Nunes acabó despejando a trompicones. Poco después, el portugués regaló un pase a Mikkel Damsgaard y el contraataque de Brentford silenció a Guardiola por unos segundos. Faltó colmillo en el último toque.

Cherki tampoco ayudó a rebajar el ruido. Un control pesado le llevó a cometer falta sobre Aaron Hickey en la izquierda. Mathias Jensen colgó la falta al área y Donnarumma tuvo que lanzarse en plancha para sacar los puños. Otro saque de banda largo de Michael Kayode sembró el pánico: la zaga celeste, de nuevo, despejando como podía.

Una máquina que se atasca en el peor momento

El City encadenó otro partido espeso, tras el 1-0 mínimo en Burnley y el 3-3 del lunes en casa del Everton. Justo cuando la Premier se decide, el campeón ha perdido la fluidez de sus mejores días.

Aun así, el peligro casi siempre olía a Doku. El extremo belga convirtió el carril de Hickey en una autopista hacia el área: encaró, rompió, disparó, generó. Nico O’Reilly, Silva y Haaland recibieron balones en posiciones francas, pero el noruego no afinó. Un cabezazo suyo se marchó manso a las manos de Kelleher, síntoma de una noche incómoda.

Guardiola sorprendió de inicio al apostar por Reijnders en lugar de Nico González. El último partido liguero como titular del neerlandés se remontaba al 2-0 ante Wolves, colista, el 24 de enero. Un pase filtrado con tiralíneas a O’Reilly dentro del área explicó, quizá, la elección por delante de Mateo Kovacic. Chispazos, otra vez.

Al descanso, el City tenía 45 minutos para romper el 0-0. Y estuvo más cerca de encajar que de marcar. Una jugada ensayada de Brentford, lanzada por Jensen desde la derecha, dejó a Kristoffer Ajer a un suspiro de colarse solo en el segundo palo. Luego apareció Igor Thiago, que arrancó con 22 goles ligueros por los 25 de Haaland en ese momento, y obligó a intervenir a Donnarumma y a Marc Guéhi para evitar el golpe.

El campeón se vio encerrado en terreno propio, una imagen poco habitual. A los 59 minutos, Guardiola decidió que ya era suficiente.

El giro de Guardiola y la obra de arte de Doku

Doble cambio. Reijnders dejó su sitio a Phil Foden y Cherki se marchó por Marmoush. La respuesta fue inmediata. Brentford se desconectó durante unos segundos, los suficientes para que el partido cambiara.

El City ya había forzado un córner antes de las sustituciones. Silva lo botó en corto desde la izquierda hacia Doku. El belga, con el dorsal 11, empezó a bailar con la pelota pegada al pie, avanzó unos metros, se encontró involuntariamente con un uno-dos tras rebotar en Damsgaard y, como en su gol tardío en Goodison Park, se metió hacia dentro.

Entonces, la rosca. Un disparo precioso, curvado, que superó a Kelleher y besó la red por el palo largo. Estallido en el estadio. Guardiola celebró con un pequeño baile en la banda y el fondo celeste se dejó la voz, consciente de que ese gol también retumbaba en el norte de Londres.

El City olió sangre. Foden rozó el segundo con un disparo ajustado y la grada ya empezaba a celebrar cuando el partido se abrió de golpe. Brentford clavó un cuchillo en la defensa local: Dango Ouattara habilitó a Igor Thiago, este cedió a Kevin Schade y el dorsal 7 cayó en el área tras un contacto con Nunes. Andrews pidió penalti a gritos. El VAR respaldó al árbitro, Michael Salisbury: nada punible.

Golpe final y mirada a Londres

El susto activó de nuevo al City. Y llegó el momento de Haaland. El noruego cazó el balón en el área pequeña, insistió en la segunda jugada y empujó el 2-0 que sellaba el plan de la noche: ganar, como fuera.

Kelleher todavía tuvo que lucirse con una parada rápida a disparo de Foden, pero el golpe definitivo lo dio Marmoush en el añadido. El egipcio firmó el 3-0 y mejoró una diferencia de goles que puede pesar cuando todo se mida al detalle.

El City no enamora, pero sigue ahí. Mojado, tenso, menos fino que en otros años, pero vivo. Con dos puntos de desventaja y la vista clavada en West Ham–Arsenal, esperando que en Londres alguien más quiera meterse en esta carrera por el título.

Manchester City se aferra a la Premier tras victoria ante Brentford