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Liverpool y su eliminación en Champions: orgullo y frustración

Había orgullo en la derrota, sí. Pero también una sensación de realidad fría cayendo sobre Anfield como la lluvia fina que nunca avisa.

Liverpool quedó fuera de la Champions League ante Paris Saint-Germain, y lo hizo con una actuación que rozó lo heroico… y que, al mismo tiempo, volvió a desnudar todas las carencias de una temporada torcida. El 0-2 de la ida en Francia había sido casi un regalo; el 0-2 de la vuelta en casa fue, directamente, cruel.

Un Anfield encendido, un marcador implacable

El pitido final llegó acompañado de aplausos y cánticos desafiantes del Kop. La grada reconoció el esfuerzo, la intensidad, la presión alta sostenida durante buena parte de la noche. Los números respaldan esa sensación: 21 disparos de Liverpool por 12 de PSG, 50 toques en el área rival por 24, un xG de 1,94 frente a 1,25. Dominio, insistencia, sensación de asedio.

Pero ni un solo gol.

No es solo una anécdota estadística: es la mayor cantidad de remates sin marcar de Liverpool en un partido de Champions desde la final de 2022 ante Real Madrid. Aquella vez fue un 1-0 en París. Esta vez, un 0-2 en Anfield que certifica un 4-0 global y una eliminación sin matices.

Arne Slot lo resumió con una mezcla de orgullo y frustración. Habló de progreso respecto a la ida, de un equipo que trabajó “muy duro”, de una afición que empujó la presión alta. Y, sobre todo, de esa sensación que flotó en el segundo tiempo: “Si marcamos ahora, esto puede ser una noche especial”. Nunca llegó ese gol. Sí llegó el castigo.

Dembele, el verdugo; la fragilidad, el síntoma

El partido se rompió donde Liverpool viene rompiéndose toda la temporada: en las dos áreas. Falta de colmillo arriba, despistes atrás. El guion se repitió.

Ousmane Dembele, implacable, castigó un error de Alexis Mac Allister a 18 minutos del final con un disparo seco, demoledor. Más tarde, ya con el equipo volcado, firmó su segundo tanto al contragolpe. Dos golpes clínicos que hicieron aún más doloroso el contraste con la ineficacia local.

Antes, Liverpool ya había recibido otro mazazo: Hugo Ekitike, máximo goleador del equipo con 17 tantos, se marchó en camilla antes del descanso con una posible lesión de Aquiles. Slot teme que su temporada haya terminado. No es solo una baja; es un símbolo de lo que está siendo este curso: cada vez que el equipo parece encontrar un punto de apoyo, algo se rompe.

La apuesta por Isak, un riesgo que salió caro

La lesión de Ekitike no fue el único problema de Slot. El técnico también tendrá que revisar su propia libreta. Apostó de inicio por Alexander Isak, recién salido de casi cuatro meses fuera por una fractura de peroné y con apenas dos breves apariciones como rodaje. El escenario pedía piernas frescas y ritmo competitivo; el sueco no tenía ni una cosa ni la otra.

El resultado fue el esperado: solo cinco toques en 45 minutos, un cabezazo blando a las manos de Matvei Safonov y una ocasión mal resuelta tras pase de Ryan Gravenberch, anulada luego por fuera de juego. Nada que justificara la titularidad en una noche de este calibre. El cambio al descanso por Cody Gakpo fue una admisión tácita: la apuesta por Isak no funcionó.

Y, sin embargo, la lesión de Ekitike coloca ahora todo el peso del ataque precisamente sobre los hombros de Isak. Fichaje récord por 125 millones de libras, obligado a responder de inmediato en las seis jornadas de Premier League que quedan para asegurar la clasificación a la próxima Champions. El calendario no espera: el domingo llega el derbi de Merseyside ante Everton, y en este contexto no hay espacio para la autocompasión.

Salah, entre el legado y la despedida

Mohamed Salah, inicialmente suplente, entró antes de lo previsto por la lesión de Ekitike. Fue su última noche europea con la camiseta de Liverpool. No se pareció en nada a tantas otras.

Generó cuatro ocasiones, sí, pero perdió 22 veces la posesión, más que cualquier otro futbolista sobre el césped. Errático, impreciso, lejos de ese jugador que convertía cada balón en un aviso de tormenta. Anfield despidió a una leyenda de la era moderna, pero el presente de Salah dista mucho de su pasado reciente.

La gestión de los cambios también dejó interrogantes. Slot esperó hasta el tramo final para lanzar a Rio Ngumoha, cuando el equipo pedía desde hacía rato velocidad, desborde, algo distinto. El joven extremo, eléctrico y atrevido, parece condenado a ser titular ante Everton. Lo de ayer fue llegar tarde a su propio recurso.

Y en medio del caos, una imagen insólita: Joe Gomez entrando desde el banquillo y saliendo apenas 20 minutos después por unas molestias musculares. Otra pincelada de una noche extraña.

Un penalti anulado y un debate que va más allá del árbitro

Slot señaló también al árbitro italiano Maurizio Mariani por la decisión de retirar el penalti que había señalado por una falta de Willian Pacho sobre Mac Allister pasada la hora de juego. El contacto fue ligero, pero torpe. El tipo de acción que tantas veces se ha visto acabar en penalti esta misma temporada.

El técnico recordó otros penaltis similares señalados en su contra y lamentó que, una vez concedida la pena máxima y confirmado el contacto en el VAR, no se mantuviera la decisión inicial. Aun así, reconoció que esa no era “la historia del partido”.

Tenía razón. El penalti pudo cambiar el guion, sí. Pero no explica por sí solo una eliminatoria en la que Liverpool fue barrido en París y, en el cómputo global, superado con claridad. El 4-0 en el agregado refleja la distancia que se ha abierto entre ambos equipos desde su cruce de octavos del curso pasado, resuelto entonces en los penaltis.

Una temporada en miniatura: fichajes discutidos y jerarquía en duda

Lo vivido ante PSG condensa el año de Liverpool. Esfuerzo sin premio, errores en momentos clave, fichajes que no terminan de responder, veteranos fuera de forma. Es la 17ª derrota de la temporada en todas las competiciones. Hace un año, el equipo rozaba la Premier League. El retroceso es evidente.

Exponerse al máximo nivel europeo deja al descubierto cada grieta. Y son muchas.

Florian Wirtz, fichaje estrella por una cifra que puede llegar a 116 millones de libras, no dio un paso al frente en ninguno de los dos partidos. No es culpa suya haber costado tanto, pero ese precio trae consigo un listón que ahora mismo no alcanza ni de lejos. Frente a él, Dembele, Khvicha Kvaratskhelia y Desire Doue lo eclipsaron sin contemplaciones.

Jeremie Frimpong sufrió tanto en la primera parte que Slot lo retiró en el descanso. Giorgi Mamardashvili sigue dejando dudas, sobre todo con los pies, y transmite la sensación de ser un escalón por debajo de Alisson. Giovanni Leoni está lesionado, Isak no despega entre problemas físicos y falta de ritmo. Solo Milos Kerkez y Ekitike pueden decir que han respondido con cierta solidez a la apuesta económica del club.

Si a eso se le suma la pérdida de rumbo de Salah, Mac Allister y Gakpo, el panorama se entiende mejor. El equipo ha perdido jerarquía y fiabilidad en demasiadas zonas del campo.

Un verano decisivo y un modelo bajo examen

En los despachos, la mirada se dirige ahora a Fenway Sports Group. El propietario tendrá que decidir hasta qué punto Slot es víctima del contexto —un vestuario en transición, fichajes que no rinden, lesiones clave— o si sus decisiones tácticas y de gestión del grupo han agravado el problema.

La clasificación o no para la próxima Champions pesará en Boston. No solo por prestigio: también por dinero. Liverpool necesita los ingresos de la élite europea para financiar la siguiente fase de una reconstrucción que vuelve a parecer urgente.

El verano que viene se presenta sísmico. Salah y Andy Robertson se marcharán como agentes libres. Federico Chiesa también apunta a salida. El futuro de Gomez y Curtis Jones está en el aire con solo un año de contrato por delante. Ibrahima Konate sigue sin renovar a dos meses de que expire su vínculo en junio. Y sobre Mac Allister planea una pregunta incómoda: ¿es el momento de hacer caja viendo su bajón de rendimiento?

Slot, fiel al discurso del club, recordó ante las cámaras de Prime Video que el modelo económico obliga a vender para poder comprar. Habló de “gran desafío”, tanto el del verano pasado como el que viene. Insistió en que la entidad ha demostrado que este sistema puede funcionar y que el futuro “puede ser muy bueno” si se acierta con unos cuantos refuerzos.

Sobre el papel, suena razonable. Sobre el césped, la realidad es otra: el equipo vuelve a necesitar una cirugía mayor. Hay vacíos evidentes que no se tapan con palabras.

Orgullo, sí; exigencia, también

Ante PSG hubo orgullo. Hubo intensidad, ocasiones, un estadio entregado. Pero también hubo una eliminación contundente, decisiones discutibles desde el banquillo, estrellas apagadas y fichajes que no sostienen el peso de la camiseta.

La Champions League, a comienzos de curso, era el objetivo natural de un club acostumbrado a pelear por títulos. Hoy se ha convertido en el único botín posible de una temporada de tropiezos. Seis partidos de Premier decidirán si este año queda como un accidente doloroso o como la señal definitiva de que la era de Liverpool en la cumbre europea se ha alejado más de lo que nadie en Anfield está dispuesto a admitir.