Leinster encara su cita de cuartos de final de la Investec Champions Cup contra Sale Sharks con una incómoda sombra sobre el puesto más delicado de su primera línea: el futuro inmediato de Andrew Porter sigue en el aire.
El pilar izquierdo abandonó al descanso la victoria 49-31 del domingo frente a Edinburgh, con Leo Cullen apuntando a un posible problema en hombro o pectoral. Desde entonces, solo hay incertidumbre. El parte médico de la provincia, emitido el martes, fue tan escueto como inquietante: Porter “será sometido a más pruebas y se tomará una decisión sobre su disponibilidad más adelante en la semana”.
Leo Cullen, justo después del partido, había dejado una nota de optimismo al decir que esperaba que la lesión “no fuera demasiado grave”. Ese pequeño respiro, sin embargo, no se reforzó este martes. Robin McBryde, entrenador de melé y delanteros, no quiso ir un paso más allá.
Preguntado por si había alguna novedad sobre las opciones de Porter de llegar al sábado, el galés cortó rápido: “No, está siendo evaluado”. Y cuando le insistieron sobre si se sentía “confiado” en poder contar con él, la respuesta fue igual de seca: “Veremos cómo está cuando terminen las pruebas”.
Un puesto crítico al límite
El problema no se limita a un solo nombre. Con Paddy McCarthy y Jack Boyle prácticamente descartados para lo que resta de temporada, Leinster ya caminaba por la cuerda floja en la posición de pilar izquierdo. Si Porter no llega a tiempo, el número 1 quedará en manos de dos hombres jóvenes, con talento, pero con muy poca experiencia a este nivel: Alex Usanov y Jerry Cahir.
Usanov, de solo 20 años, vive su temporada de debut con la provincia. Ya acumula cinco apariciones y el sábado firmó su primera participación en Champions Cup saliendo desde el banquillo en el triunfo ante Edinburgh. Cahir, por su parte, aterrizó este curso desde el club AIL Lansdowne y ya ha disputado 10 encuentros.
Son apuestas de futuro. Pero el futuro, de repente, se ha adelantado.
McBryde, eso sí, no duda en público. Al contrario, los arropa con decisión.
“Alex ha tenido un desarrollo meteórico. Siempre es interesante ver a chicos de esa edad, cuando se les da una oportunidad, lo rápido que aceleran, y Alex ha progresado realmente bien”, explicó. “Jerry también. Ha sido genial tenerlo en el entorno, un soplo de aire fresco viniendo de un contexto diferente. He disfrutado trabajando con los dos; se han integrado de verdad en el grupo. Si se necesitan sus servicios, tengo plena confianza en ambos”.
Detrás del mensaje hay una realidad evidente: Leinster podría jugarse el pase a semifinales con dos pilares izquierdos sin apenas rodaje europeo. Una apuesta valiente… o inevitable.
Sale también llega mermado
El desgaste en la primera línea no es exclusivo del lado irlandés. Sale viaja a Dublín con sus propias cicatrices.
El equipo de Alex Sanderson pierde a dos piezas de enorme peso: el talonador British and Irish Lion Luke Cowan-Dickie y el pilar izquierdo internacional inglés Bevan Rodd, ambos lesionados y con serias opciones de perderse lo que queda de temporada de clubs. Cowan-Dickie pasará por el quirófano por una fractura en el brazo, mientras que Rodd queda fuera por una luxación de hombro.
Los dos se lesionaron en la victoria 26-17 del sábado ante Harlequins, un triunfo que les dio impulso deportivo pero les dejó una factura muy alta en el paquete de delanteros.
Para complicar aún más el panorama, el teórico sustituto de Cowan-Dickie, Nathan Jibulu, también podría caerse de la ecuación. El talonador de 23 años fue citado por un presunto mordisco a Will Hobson en un ruck en el minuto 69 de ese mismo encuentro. Debe comparecer ante una comisión disciplinaria independiente tras la denuncia formal de Harlequins.
Sale, por tanto, también se asoma a este cuarto de final con su primera línea desmontada y un ojo puesto en los partes médicos y en los comités disciplinarios.
McBryde, sin embargo, no compra la idea de un rival debilitado en esencia.
“No creo que eso vaya a cambiar su ADN”, subrayó sobre las bajas inglesas. “Han dejado claro que se sienten cómodos con su ADN, así que, escúchame, va a ser un partido muy orientado a las fases estáticas. Tienen una melé muy fuerte, un maul muy fuerte. Lo demostraron contra Harlequins el fin de semana pasado. Seguro que van a intentar ponernos a prueba en esas áreas”.
De la locura ante Edinburgh a una batalla de oficio
El contraste con lo vivido el domingo en el Round of 16 no puede ser mayor. Aquella victoria frente a Edinburgh fue caótica, abierta, llena de riesgos y de intercambios de golpes. Un partido de eliminatoria con aroma a pretemporada en algunos tramos, con interceptaciones y ensayos a la carrera.
McBryde espera un guion radicalmente distinto.
“Cuando no tienes nada que perder, tiendes a arriesgar más, y ellos (Edinburgh) lo hicieron. Y sacaron provecho con interceptaciones, ensayos, etc.”, analizó. “Creo que esta semana será diferente. Lo vimos contra Harlequins: esa mentalidad de campeonato de Sale, con George Ford sumando puntos, tres, seis, nueve. Nuestra disciplina va a ser muy importante. Pero hubo muchas cosas positivas la semana pasada”.
La palabra clave es “disciplina”. Ante un equipo que se siente cómodo en partidos cerrados, que castiga cualquier indisciplina con el pie de Ford y que se apoya en su melé y su maul para desgastar, Leinster sabe que no puede regalar nada.
Y todo esto, con dudas en el corazón de su delantera.
Ryan y Ringrose, en la sala de espera
No solo Porter figura en la lista de interrogantes. James Ryan y Garry Ringrose también siguen bajo observación médica en busca del visto bueno para regresar el sábado.
Ryan se ha perdido los últimos cuatro partidos con club y selección por un problema en la pantorrilla. Ringrose sufrió un golpe en el tramo final de la victoria de Leinster ante Scarlets a finales de marzo y desde entonces no ha vuelto a la acción.
Tres nombres de peso, tres líderes de vestuario, tres decisiones médicas pendientes a escasos días de un partido que define parte de la temporada.
La escena está montada: un Leinster acostumbrado a dominar las fases estáticas, obligado a confiar quizá en la frescura de Usanov y Cahir; un Sale golpeado en su primera línea pero fiel a su identidad de combate; un cuarto de final que promete menos anarquía y más ajedrez físico, menos caos y más castigo a cada error.
En un duelo así, donde cada golpe de pie de George Ford y cada empuje de melé pueden inclinar la balanza, la pregunta es simple y brutal: ¿quién llegará con suficiente acero en la primera línea cuando el sábado caiga la noche en Dublín?





