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Lamine Yamal: El heredero de Messi según el propio astro

En Barcelona ya no se discute quién lleva el 10. La camiseta pesa lo mismo, pero el nombre ha cambiado. Lamine Yamal, con solo 18 años, se ha convertido en el elegido. Y no por cualquiera, sino por Lionel Messi.

En un evento de Adidas esta semana, el ocho veces ganador del Balón de Oro fue directo al grano. Sin rodeos, sin matices: “Hay una nueva generación de futbolistas que son muy buenos y que tienen muchos años por delante, pero si tengo que elegir uno, por la edad, por lo que hizo hasta ahora y por el futuro que puede tener, es Lamine. No hay dudas, para mí es el mejor”.

Cuando el mejor de la historia habla así, el eco retumba en todo el planeta fútbol.

El peso del 10 y una irrupción meteórica

Yamal no solo ocupa el mismo sector del campo que Messi. También heredó el dorsal que definió una era en el Camp Nou. El 10 que parecía intocable ahora vuela sobre la espalda de un chico que hace nada todavía era promesa en La Masia.

Su ascenso ha sido vertiginoso. En un abrir y cerrar de ojos, el extremo se instaló en la élite. Regate corto, control pegado al pie, visión para encontrar el pase imposible y una zurda afilada. La comparación con Messi surgió sola, casi como un reflejo automático de la grada y de los analistas.

La temporada pasada terminó segundo en la votación del Balón de Oro. Con 18 años. Ese dato, por sí solo, explica la dimensión de lo que está haciendo. No se trata solo de proyección: ya es uno de los atacantes más peligrosos de Europa.

Su capacidad para encarar en el uno contra uno, para romper defensas cerradas y generar ventajas en espacios mínimos recuerda inevitablemente a aquel Messi adolescente que irrumpió con Frank Rijkaard. La diferencia es que Yamal aterriza en un Barça que busca reconstruirse tras la marcha de su ídolo, no en uno que estaba en pleno despegue.

La cara del Barça post-Messi

Tomar el 10 no es un gesto menor. Es una declaración. Yamal lo aceptó sabiendo lo que implica: convertirse en el rostro de la era post-Messi, asumir el foco, cargar con las comparaciones día tras día.

Hasta ahora, no se ha encogido. Al contrario. Ha liderado el ataque azulgrana tanto en La Liga como en Europa, empujando al equipo de Hansi Flick en los momentos clave pese a estar aún en la infancia de su carrera profesional. Su fútbol no parece el de un joven que recién cumple la mayoría de edad, sino el de alguien que entiende los ritmos, los espacios y la responsabilidad de vestir esa camiseta.

Cada vez que recibe el balón, el estadio contiene la respiración. Esa sensación, tan propia de los grandes, es la que explica por qué Messi no dudó al pronunciar su nombre.

Un frenazo obligado, no definitivo

El cuento perfecto, sin embargo, se ha visto interrumpido por un contratiempo físico. Yamal atraviesa ahora un tramo de parón obligado por una lesión en los isquiotibiales. Un frenazo incómodo en plena inercia ganadora.

Su ausencia se nota. Flick pierde desequilibrio, amenaza y creatividad. Pero en el club nadie entra en pánico: el diagnóstico habla de una pausa, no de un punto final. El cuerpo médico del Barça trabaja con un objetivo claro, devolverlo al cien por cien para el tramo decisivo y, especialmente, para el próximo Mundial.

Porque Yamal no solo es presente del Barça. Es una pieza central en la planificación de su selección de cara a la gran cita internacional. Cada día de recuperación está medido, cada carga de trabajo se calcula pensando en una carrera que apenas empieza, pero que ya se juega al máximo nivel.

Títulos, récords y una pregunta abierta

Mientras se recupera, las cifras siguen dibujando un escenario insólito para alguien de su edad. Si todo va según lo previsto, está en camino de conquistar su tercera Liga esta misma temporada. Tres títulos domésticos mayores recién cumplidos los 18. Un registro que muchos cracks no alcanzan en toda una carrera.

La etiqueta de “mejor de su generación” no es ligera. Menos aún cuando quien la coloca es Messi. Pero el joven extremo ha demostrado que no huye de la presión, que la abraza. El 10 ya no es solo un recuerdo del pasado en Barcelona; es también una promesa de futuro.

La cuestión, ahora, es otra: ¿hasta dónde puede llegar Lamine Yamal si este es solo el comienzo?