Kepa Arrizabalaga ya tiene una colección extraña, casi cruel: tres finales de EFL Cup jugadas, tres derrotas, y en las tres él quedó en el centro del encuadre por los motivos equivocados. Ninguna le pertenece del todo, pero todas llevan su nombre subrayado.
En 2019 y 2022 con Chelsea. En 2026 con Arsenal, elegido por delante de David Raya para la gran cita ante Manchester City. Tres noches grandes, tres golpes que han ido moldeando –y erosionando– la percepción pública de un portero que llegó a Inglaterra como el más caro del mundo y que nunca consiguió escapar del foco.
Ordenamos sus finales, de menor a mayor desastre, en función de cuánto pesó su figura en la caída.
3) 2019 (Chelsea): la noche del “no salgo”
Wembley, 2019. Primera temporada de Kepa en el fútbol inglés, todavía con la etiqueta de fichaje récord recién pegada. Chelsea resiste 120 minutos ante Manchester City. Kepa mantiene la portería a cero durante todo el partido. Hasta ahí, el guion le favorece.
Pero el recuerdo no es una parada, ni una estirada a la escuadra. Es un gesto con la mano. Un “no” al banquillo.
Maurizio Sarri quiere cambiar de portero al final de la prórroga, convencido de que Kepa sufre calambres. El italiano prepara el cambio, pierde los nervios, casi se marcha al vestuario. Y Kepa se planta. Se niega a salir. Se queda.
Chelsea acaba perdiendo la tanda de penaltis ante City. Kepa detiene el lanzamiento de Leroy Sané, pero los suyos caen 4-3. Su actuación bajo palos no es desastrosa: 120 minutos sin encajar ante uno de los ataques más temidos del continente. Sin embargo, la imagen que sobrevive es la del portero desafiando a su entrenador delante de todo el estadio, de toda la liga, de todo el mundo.
Aquella noche no enterró su reputación como guardameta, pero sí encendió una pregunta que ya flotaba en el ambiente desde su fichaje desde Athletic Bilbao: ¿valía realmente lo que pagaron por él? El tiempo dio una respuesta contundente.
2) 2026 (Arsenal): error en el día menos indicado
Salto a 2026. Nuevo club, nuevo contexto, mismas dudas en los días grandes.
Arsenal llega a la final de la EFL Cup como líder de la Premier League, con la sensación de equipo en construcción hacia algo grande y con la oportunidad de enviar un mensaje directo a su perseguidor más peligroso: Manchester City. Mikel Arteta apuesta por Kepa en lugar de David Raya. Decisión valiente, decisión arriesgada.
La final se tuerce pronto. El primer gol que encaja Arsenal lleva su sello. Centro de Rayan Cherki desde la derecha, balón colgado al área… y Kepa falla en lo básico. Sale, mide mal, “mete la mano” sin convicción y la pelota cae muerta en el corazón del área. Nico O’Reilly, atento, empuja a gol desde muy cerca.
Ese tanto le da a City exactamente lo que buscaba: un punto de apoyo emocional, una rendija por la que colarse con su mentalidad de campeón en serie. Cuando un equipo así huele sangre en una final, raras veces perdona.
Kepa vuelve a quedar señalado, aunque esta vez no es el villano absoluto de la historia. Arsenal se desmorona más allá de su portero. El equipo no reacciona con la contundencia que se espera de un líder de liga. Y hay otro momento que roza la catástrofe personal: una salida del área en la que Kepa se enreda con Jeremy Doku. Lo agarra, lo derriba, y el árbitro muestra solo tarjeta amarilla. La posición del balón y el ángulo le salvan de una roja que habría sido devastadora.
La final se escapa y la apuesta de Arteta queda en entredicho. El foco vuelve a Kepa, otra vez en el lado equivocado de una gran noche.
1) 2022 (Chelsea): el especialista que falló en todo
Entre 2019 y 2026 hay una final que pesa más que ninguna otra en la carrera de Kepa. La de 2022 con Chelsea. La que lo define.
Para entonces, ya no es el titular indiscutible. Edouard Mendy se ha quedado con el puesto. Pero Thomas Tuchel guarda una carta para la tanda de penaltis: Kepa, el supuesto especialista. El plan es claro: Mendy fuera, Kepa dentro para el cara o cruz desde los once metros ante Liverpool.
El desenlace roza lo grotesco.
Liverpool lanza once penaltis. Once. Todos acaban dentro. Kepa no detiene ni uno. Ninguna mano salvadora, ningún pie milagroso, ninguna intervención que justifique su entrada como arma específica para ese momento.
Y cuando llega su turno de lanzar, con la muerte súbita al límite, el guion se hunde del todo. Kepa toma carrera, golpea… y manda el balón por encima del larguero. La pelota se pierde en la noche. Con ella, la EFL Cup.
No era el hombre al que Chelsea esperaba recurrir como ejecutor desde el punto de penalti. Su responsabilidad principal era otra: parar. Pero no lo hizo. Ni una sola vez. Y luego falló el lanzamiento decisivo. Para un portero introducido exclusivamente para esa fase del partido, no hay forma más dura de salir del campo.
Aquella final llega en un momento en el que su papel en el club ya se ha reducido. Sus opciones de recuperar la titularidad son escasas. Lo que ocurre en Wembley no las mejora en absoluto. Al contrario, fija en la memoria colectiva la imagen de un guardameta que, cuando la noche se hace grande y el margen de error desaparece, termina siempre en el lado equivocado de la historia.
Paradójicamente, Kepa todavía lograría recuperar protagonismo en Chelsea la temporada siguiente, antes de cerrar su etapa en el club. Pero esa resurrección nunca borrará las tres finales de EFL Cup que lo persiguen. Tres escenarios, tres contextos, un mismo desenlace.
Y una pregunta que ya suena inevitable: ¿tendrá alguna vez la oportunidad –y la calma– de jugar una final de Copa en la que no sea el personaje trágico del relato?





