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Vinai Venkatesham y el reset total en Tottenham

Vinai Venkatesham llegó a su despacho en Tottenham el 1 de junio del año pasado con un plan claro en la cabeza. Europa como objetivo realista, una plantilla llena de internacionales, una Europa League recién conquistada bajo el mando de Ange Postecoglou y la sensación de que el club solo necesitaba un empujón para volver a mirar hacia arriba.

Once meses después, el relato es otro. La temporada acabó con el equipo celebrando la permanencia en la última jornada ante Everton y con un director ejecutivo que habla abiertamente de “reset” y de errores graves en el camino.

“Fue una enorme liberación”, admite Venkatesham al recordar el triunfo final que selló la salvación en la Premier League. Alivio, sí. Pero muy lejos de lo que él considera el estándar de un club como Tottenham.

De soñar con Europa a descubrir un club “en peor estado de lo esperado”

Venkatesham no tardó demasiado en darse cuenta de que el diagnóstico inicial se quedaba corto.

“Si me hubieras preguntado unos meses después de llegar, cuando ya no era un externo, te habría dicho que el club estaba en un estado significativamente peor en algunos aspectos de lo que pensaba”, reconoce. No apunta a nombres ni a culpables concretos, pero sí a un problema estructural: no hacía falta una simple reorientación, sino “un reset completo”.

En su análisis, separa con claridad dos mundos dentro de la entidad. Por un lado, la parte no deportiva: operaciones del estadio, área comercial, estructura de negocio. Ahí, el club “era y es muy fuerte”.

El contraste aparece cuando mira al fútbol. En los últimos cinco años, mientras la Premier League explotaba en profesionalización y detalle, Tottenham se quedó atrás en demasiadas áreas.

“No digo que Tottenham no mejorara en ese periodo. Pero cuando miras dónde estaba el club en muchas de esas parcelas, comparado con otros de la Premier, había una brecha significativa. En algunas, preocupante”, admite. Le faltaba, según su propia definición, una “obsesión implacable con el éxito deportivo”.

El ejemplo que utiliza es tan gráfico como incómodo: un centro de entrenamiento de primer nivel mundial… que parece “un hotel de cinco estrellas más que un entorno de alto rendimiento”. Eso, avisa, cambiará este verano. También la falta de la “experiencia adecuada” en demasiadas posiciones clave.

Thomas Frank, la paciencia y una decisión que llegó tarde

La temporada no arrancó mal con Thomas Frank. Un solo partido perdido en los primeros diez encuentros en todas las competiciones. Un inicio que disfrazó problemas más profundos.

Cuando el club decidió despedirle en febrero, el debate entre la afición no era tanto el fondo como la forma: ¿por qué se tardó tanto? Venkatesham y el director deportivo Johan Lange recibieron críticas duras por mantener al técnico danés más allá de lo que muchos consideraban razonable.

Él rebate la idea de que el club se quedó de brazos cruzados. “Se ha dicho mucho que el club fue pasivo en ese periodo. Eso es absolutamente falso”, sostiene. Explica que, al valorar el futuro de Frank, pusieron sobre la mesa resultados, probabilidades reales de remontar la temporada, el impacto de un cambio en pleno mercado de enero, el calendario y las complicaciones de lanzarse al mercado de entrenadores interinos.

Ese análisis terminó en una apuesta arriesgada que no funcionó.

El giro hacia Igor Tudor… y un error asumido

Tras la salida de Frank, Tottenham miró alto. Venkatesham confirma que intentaron convencer a Roberto De Zerbi, que salía de Marseille, para que asumiera el cargo de entrenador principal de inmediato. El italiano no quiso tomar el equipo a mitad de curso. Ese “no” abrió la puerta a una decisión que todavía escuece: la llegada de Igor Tudor.

Era una elección de perfil distinto, casi de emergencia. “Estábamos en el mercado de interinos, que no es precisamente el más amplio”, explica. ¿Por qué Tudor? Experiencia en clubes grandes, trabajo en entornos de máxima presión, fama de generar impacto inmediato y una personalidad muy diferente a la de Frank. Buscaban algo radicalmente distinto.

Pero había una alerta evidente: cero experiencia en la Premier League. “¿Fue un riesgo nombrarle? Absolutamente”, concede Venkatesham. El riesgo se convirtió en fracaso en tiempo récord. Tudor se marchó por mutuo acuerdo tras solo siete partidos.

Cuando le preguntan si asume que fue un error, no se esconde: “No funcionó. Es muy claro que no funcionó. Y eso no está en cuestión”. No hace falta decir más.

El vacío de Levy y un nuevo blanco para la ira de la grada

Durante 25 años, Daniel Levy fue el rostro del poder en Tottenham. También el blanco principal de la frustración. Su salida en septiembre no calmó el ambiente. Solo cambió el foco.

Con Levy fuera, Venkatesham pasó a ocupar el centro de la diana para una parte significativa de la afición. Dos temporadas consecutivas terminando en el puesto 17 alimentan un malestar que ya es crónico.

“Es claramente insuficiente. Es racional, normal, sensato, y es lo que esperamos de los aficionados”, admite. No pide comprensión, pero sí tiempo. Habla de “retos serios” en el lado deportivo, de problemas acumulados durante años que no se pueden “arreglar de la noche a la mañana”.

Tiene “plena confianza” en lo que están haciendo y en cómo lo están haciendo. Sabe, al mismo tiempo, que la paciencia fuera del despacho es mínima. “Los aficionados, con razón, son impacientes. Me toca capear el temporal”.

No le sorprende el ruido. Lleva 15 años en el fútbol, con un pasado relevante en Arsenal. “No es fácil. Tienes que desarrollar piel dura”, admite. Acepta la crítica como parte del juego, pero señala una línea que se cruza con demasiada frecuencia: el abuso personal hacia jugadores, árbitros, directivos.

La irrupción de De Zerbi: once puntos, un vestuario y una idea

Mientras tanto, en el césped, otro nombre ha cambiado el tono del relato: Roberto De Zerbi. Los que trabajan en el día a día del club hablan de un impacto profundo. No solo por los 11 puntos sumados en siete partidos, suficientes para mantener al equipo en la élite, sino por la manera en que ha sacudido el vestuario.

“Ha tenido un impacto extraordinario hasta ahora”, valora Venkatesham. Recuerda que son “primeros días” y que el italiano llegó a una situación muy específica, casi límite. Pero insiste en que es difícil “subestimar la magnitud del reto” que asumió y “describir el impacto tan significativo” que ha tenido con los jugadores.

Le ve como un entrenador excelente, con una propuesta que encaja con lo que reclama la grada y lo que gusta al aficionado neutral: fútbol agresivo, reconocible, con personalidad.

De Zerbi no será una figura decorativa en los despachos. Tendrá peso total en la planificación del mercado de verano. Tottenham ya ha mantenido conversaciones con Sebastian Kehl, exdirector deportivo de Borussia Dortmund, y el club ha decidido elevar su techo salarial para atraer futbolistas de primer nivel.

Un mercado crítico y una plantilla que pide cirugía

Venkatesham no disimula la magnitud de la tarea. “La plantilla necesita trabajo y no tiene el equilibrio adecuado”, sentencia. Pide experiencia, liderazgo y, sobre todo, “robustez física” para competir semana tras semana en “la liga más exigente que existe”.

El plan no se agota en un solo verano. Habla de reforzar el equipo a lo largo de varias ventanas de fichajes. Pero señala esta que viene como “crítica”. Aquí se juega buena parte de la credibilidad del nuevo proyecto, la capacidad real de ese “reset” del que tanto habla y la posibilidad de que la palabra “alivio” deje de ser el sentimiento dominante cada mes de mayo.

La permanencia ha dado aire. Nada más. Ahora llega la parte que no admite excusas: construir un Tottenham que vuelva a mirar hacia arriba o resignarse a vivir en el filo.