Diego Simeone ya ha enseñado sus cartas para el choque de mañana ante el Barcelona, en la ida de los cuartos de final de la Champions League. Y la decisión más simbólica está bajo los palos: Juan Musso seguirá siendo el guardián del Atlético de Madrid en el Camp Nou.
Hace apenas unas semanas, el Barça asaltó el Metropolitano con un 1-2 en la jornada 30 de LaLiga, en un partido eléctrico que dejó cicatriz y mensaje. Aquella noche alimentó la rivalidad y encendió aún más una eliminatoria que llega cargada de cuentas pendientes.
Un Atlético mermado en la lista
La convocatoria del técnico argentino llega con cuatro ausencias de peso que endurecen el reto. Jan Oblak no viajará a Barcelona pese a haber trabajado con buenas sensaciones en los últimos entrenamientos. El esloveno se queda en Madrid, todavía corto de ritmo competitivo tras un mes fuera.
Tampoco estarán Jonny Cardoso, Giménez ni Pablo Barrios, todos fuera de combate por lesiones o golpes. Tres piezas importantes en la estructura del equipo que obligan a Simeone a ajustar su plan en un escenario que no perdona errores.
Musso, de relevo a protagonista
La portería, territorio históricamente blindado por Oblak, tiene nuevo dueño… al menos por ahora. Juan Musso, titular desde la lesión del esloveno, se mantiene en la alineación para la ida en el Camp Nou.
El argentino ha respondido con autoridad desde que Oblak disputara su último encuentro el 7 de marzo en Liga ante la Real Sociedad. Desde entonces, el esloveno se ha perdido los partidos ligueros frente a Getafe, Real Madrid y Barcelona, además del duelo de Champions ante el Tottenham. Un vacío de un mes que Musso ha llenado con actuaciones sólidas y seguras.
En los últimos días se había abierto un debate interno: ¿respetar el momento de forma de Musso o devolver el arco a la jerarquía de Oblak tras su buena semana de entrenamientos? La duda estaba sobre la mesa del cuerpo técnico.
La respuesta de Simeone es clara. El esloveno todavía no tiene el ritmo de competición que exige una noche de cuartos de final en el Camp Nou. Musso, en cambio, llega rodado, con confianza y con la inercia de varios partidos de alto nivel.
Mañana, cuando el balón eche a rodar en Barcelona, el argentino volverá a colocarse los guantes sabiendo que no solo defiende una portería: defiende un sitio ganado a pulso en el escaparate más grande de Europa. Y en un duelo tan fino al detalle, esa continuidad puede marcar la diferencia.





