Han pasado algo menos de seis años y medio desde aquel irrumpir fulgurante de Joshua Zirkzee en la élite. Entonces se hablaba de promesa, de heredero, de un delantero distinto. Hoy, casi con 25 años, el holandés sigue buscando un lugar que realmente sea suyo.
Su gran salto debía ser Manchester United, en 2024. Nuevo proyecto, gran escenario, precio de estrella. Pero el guion se torció rápido. Entre once inicial y banquillo, Zirkzee ha vivido esta etapa como un péndulo, y esta temporada el movimiento se ha inclinado con claridad hacia el lado equivocado: el de los suplentes.
Carrick encuentra su bloque… y Zirkzee se queda fuera
El despido de Ruben Amorim y la llegada de Michael Carrick en enero terminaron de complicarle la vida. Si antes ya le costaba, ahora directamente ha desaparecido del mapa competitivo: apenas 28 minutos repartidos en diez partidos de Premier League, sin goles ni asistencias.
Y no hay señales de que el panorama vaya a cambiar a corto plazo. El contexto no le ayuda: en esos diez encuentros, el United ha sumado 23 puntos y se ha instalado en la tercera plaza, de nuevo en ruta hacia la Champions League por primera vez desde 2023. Carrick ha definido un bloque y confía en él.
En ese bloque no está Zirkzee. Sí aparecen sus competidores directos: Benjamin Sesko (cinco goles), Bryan Mbeumo (tres goles y dos asistencias) y Matheus Cunha (tres goles y tres asistencias). Todos rinden, todos suman. El holandés mira desde fuera.
Su gran problema es tan simple como demoledor para un atacante de élite: falta de eficacia. No es nuevo, aunque su irrupción en el Bayern pareciera desmentirlo.
El espejismo de Múnich
El arranque de cuento de hadas con el campeón alemán deslumbró, pero los números en frío ya dejaban dudas. En el filial de tercera división, donde seguía jugando mayoritariamente antes de su debut profesional, encadenó 13 partidos de liga sin marcar, con solo dos asistencias. La chispa aparecía arriba, pero la continuidad se esfumaba abajo.
Ni siquiera después de aquel debut soñado logró consolidarse. En la temporada del triplete, interrumpida por la pandemia, añadió solo dos goles más con el primer equipo y perdió peso en las rotaciones. En la fase final de la Champions League en Portugal ni siquiera tuvo minutos.
Desde dentro del club ya sonaban avisos. En la primavera de 2020, Jochen Sauer, entonces jefe de la academia del Bayern y gran valedor de su fichaje desde la cantera del Feyenoord en 2017, lo resumió con crudeza en declaraciones a kicker: Zirkzee era a veces “el tipo de jugador que solo salta tan alto como tiene que saltar”. Le pedía más hambre, más voluntad para trabajar y forzar el gol, incluso sacarlo de su zona de confort.
Hansi Flick, que tampoco le dio continuidad la temporada siguiente, fue igual de claro en público. Recordó que el talento no basta y que todo pasa también por mentalidad, actitud y una voluntad incondicional de demostrar lo que uno lleva dentro. Prefirió confiar en la experiencia de Eric Maxim Choupo-Moting como relevo de Robert Lewandowski.
El resultado fue inevitable: la etapa de Zirkzee en Múnich nunca llegó a cuajar.
Préstamos, golpes y un oasis en Bruselas
En invierno llegó la primera salida: cesión al Parma Calcio. Era una oportunidad para respirar en la Serie A, pero el paso se torció desde el inicio. No logró hacerse un hueco como titular, una lesión cortó cualquier intento de remontada y terminó la temporada con solo cuatro apariciones. El equipo descendió con claridad, colista destacado.
El relato cambia en su siguiente préstamo. En el RSC Anderlecht, campaña 2021/22, encontró justo lo que necesitaba: un entrenador que creyera en él de verdad. Vincent Kompany lo colocó desde el primer día como ‘9’ titular y no se movió de ahí. El resultado fue su mejor año como profesional: 47 de 48 partidos posibles y 31 contribuciones de gol, con 18 tantos y 13 asistencias.
El propio Zirkzee no escatimó elogios hacia Kompany en una entrevista posterior con el Mirror: el técnico belga le explicó el juego, los detalles, y le dio continuidad. Fue un año clave para su desarrollo.
Pero ni siquiera allí todo fue idílico. Kompany también le exigió en público, molesto por su actitud y su lenguaje corporal en determinados momentos, como mostró un vídeo viral de una bronca monumental en el banquillo. El talento seguía ahí; la constancia, no siempre.
Con ese gran curso en Bélgica sobre la mesa, muchos pensaron que Bayern le abriría por fin la puerta del primer equipo. Julian Nagelsmann, ya en el banquillo, no lo vio igual. El club decidió venderlo al Bologna en 2022 por 8,5 millones de euros, con un millón extra cada 25 partidos, una opción de recompra y un porcentaje importante de futura venta.
Para el Bayern fue una jugada maestra. Para el jugador, otro giro de guion.
Bologna, resurrección y el gran traspaso al United
En Italia, tras unos primeros meses de adaptación, Zirkzee empezó por fin a parecer el delantero que muchos imaginaban. El Bologna lo arropó, la Serie A se ajustó a su estilo, y el holandés se ganó elogios encendidos de la prensa italiana. Fue pieza importante en una campaña histórica que terminó con clasificación para la Champions League en 2024.
Ese rendimiento despertó la atención de un gigante siempre dispuesto a gastar: Manchester United. El club inglés desembolsó 42,5 millones de euros por su fichaje, de los que la mitad volaron directamente a Múnich gracias a las cláusulas pactadas. Aquel chaval llegado por apenas 100.000 euros en concepto de formación ya había generado más de 30 millones en plusvalías al Bayern.
Herbert Hainer, presidente del club bávaro, llegó a elogiar públicamente la capacidad de Hasan Salihamidzic para cerrar operaciones así. Lothar Matthäus habló incluso de “estrella de oro” para el entonces director deportivo por su maestría en las ventas. Económicamente, Zirkzee era un triunfo rotundo para el Bayern.
Para el jugador, la historia es distinta. El contrato y el salario mejoraron, sin duda. El fútbol, no tanto.
Un United que gana sin él
Desde su llegada a Old Trafford, Zirkzee ha trabajado a las órdenes de tres entrenadores distintos: Erik ten Hag, Ruben Amorim y Michael Carrick. Con ninguno ha logrado asentarse. Ha dejado destellos, algún detalle técnico de los que llenan clips en redes, pero poco más.
Los números son tozudos: siete goles en todas las competiciones en su primera temporada con el United, solo dos más en la actual. En total, 45 tantos en su carrera profesional. Para un delantero de su perfil, su tamaño (1,93 metros) y el contexto en el que se ha movido, la cifra se queda corta.
Sus críticos, aquellos que ya dudaban de su capacidad para adaptarse al ritmo y la intensidad de la Premier League, se sienten hoy respaldados. Hablan de falta de dinamismo, de un jugador elegante pero a veces demasiado lento para el ida y vuelta inglés.
Con un contrato hasta 2029, el futuro parece escrito a lápiz, no a tinta. Un traspaso en verano se antoja muy probable.
¿Regreso a casa o nueva vida en Italia?
La opción romántica existe: un regreso a Múnich. La plaza de suplente de Harry Kane podría quedar libre este verano y la presencia de Vincent Kompany en el banquillo del Bayern añade un componente emocional evidente. El reencuentro con el técnico que mejor ha sabido exprimirlo tiene lógica deportiva.
Sin embargo, el escenario más realista apunta de nuevo a Italia. En la Serie A, Zirkzee dejó una huella positiva y un prestigio que no ha perdido. Allí tendría más opciones de ser titular, de recuperar sensaciones y de volver a sentirse importante.
Los rumores ya han empezado a girar. En invierno se habló de interés de AS Roma y Juventus, ambos inmersos en la pelea por la Champions League. También se ha vinculado su nombre a AC Milan y a su vecino Inter. No hay acuerdo, no hay nada cerrado, pero el mercado lo mira.
En Italia, el delantero neerlandés tendría la oportunidad de reactivar una carrera que lleva meses en punto muerto. Y algo más: volver a llamar a la puerta de la selección. Integrante de la plantilla que disputó la Eurocopa 2024, lleva casi año y medio sin ser convocado por Países Bajos.
Con 25 años a la vista, el tiempo de las promesas se agota. La próxima decisión de Joshua Zirkzee no será solo un cambio de club. Será, probablemente, el cruce de caminos que defina qué fue realmente: un talento pasajero… o un delantero que simplemente llegó tarde a su mejor versión.





