Irán sigue en fuera de juego respecto al Mundial 2026. No por cuestiones deportivas, sino políticas y de seguridad. A 66 años, Ahmad Dania Mali, ministro de Deportes del país, volvió a endurecer el discurso sobre la participación de la selección en la próxima Copa del Mundo, prevista entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México.
La petición iraní es clara: no quieren jugar en territorio estadounidense. La Federación de Fútbol de Irán presiona para que los tres partidos de la fase de grupos se trasladen a México, alegando la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán y la imposibilidad, según su versión, de garantizar la seguridad del equipo.
La posición iraní: “Nuestra solicitud sigue en pie”
En una entrevista recogida por la agencia turca Anadolu, Dania Mali fue directo: “Nuestra solicitud a FIFA para trasladar los partidos de Irán desde Estados Unidos a México sigue en pie, pero aún no hemos recibido respuesta”.
La línea roja está trazada. El ministro lo dejó aún más nítido: “Si la solicitud es aceptada, la participación de Irán en el Mundial quedará confirmada. Sin embargo, FIFA no ha emitido todavía ninguna respuesta”.
La pelota, por ahora, está en el tejado de Zúrich, pese a que el propio presidente Gianni Infantino subrayó la semana pasada que Irán jugaría sus partidos del Mundial 2026 tal y como está programado. Irán, de momento, no se mueve un centímetro de su postura.
Dania Mali también quiso remarcar su papel institucional: “Como ministro de Deportes, y en cooperación con la Federación de Fútbol de Irán, garantizaremos que la selección nacional se mantenga preparada para el Mundial. Sin embargo, la decisión final la tomará el gabinete.”
Un calendario que pisa suelo estadounidense
Sobre el papel, el calendario de Irán en el Grupo G es inequívoco: todos sus partidos están fijados en Estados Unidos. Debe enfrentarse a New Zealand y Belgium en Los Ángeles, y cerrar la fase de grupos ante Egypt en Seattle.
Es decir, tres ciudades, un solo país: el que Teherán considera ahora mismo un destino inasumible.
El contexto político ha terminado por contaminar la planificación deportiva. El mes pasado, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que la selección iraní era “bienvenida” a jugar en Estados Unidos, aunque matizó que eso podría no ser apropiado para su propia vida y seguridad, antes de aclarar que cualquier amenaza hacia los jugadores no provendría del país anfitrión.
El mensaje, más político que futbolístico, no calmó las aguas en Irán.
El punto crítico: las garantías de seguridad
El ministro cerró su intervención poniendo el foco en el aspecto clave del conflicto: las garantías de seguridad. “De acuerdo con la normativa pertinente de FIFA, la seguridad debe estar garantizada en el país anfitrión. El Mundial está a punto de comenzar y es muy dudoso obtener tales garantías en este periodo”, afirmó.
Y fue aún más contundente con el escenario actual: “En estas circunstancias, la probabilidad de que Irán participe en los partidos del Mundial que se celebrarán en Estados Unidos es muy baja”.
El mensaje final dejó una rendija abierta, pero condicionada a lo que consideren pruebas sólidas de protección: “Sin embargo, si se proporcionan las garantías de seguridad necesarias, nuestro gobierno tomará su decisión respecto a la participación de Irán en el Mundial.”
De momento, todo se mueve en el terreno de la diplomacia, los reglamentos y los plazos. El balón todavía no ha rodado y el Grupo G ya vive en un clima de incertidumbre.
Si Irán se baja del Mundial… ¿quién entra?
La posible renuncia de Irán abre un interrogante inmediato: ¿quién ocuparía su lugar en el torneo?
Según el diario británico The Sun, Italy, ausente en las tres últimas fases finales de la Copa del Mundo, mantiene una opción mínima, pero real, de colarse en el Mundial 2026 si se confirma la retirada iraní.
El argumento es sencillo: Italy es la selección mejor situada en el ránking entre todas las que no lograron clasificarse a través de los play-offs finales. En un escenario de urgencia, con el calendario cerrado y los grupos definidos, esa condición podría pesar.
Sería un giro brutal de guion: una potencia histórica como Italy entrando por la puerta de emergencia gracias a un vacío dejado por una crisis política y de seguridad.
El reloj corre, las sedes están asignadas y los grupos dibujados. Falta saber si Irán acabará saltando al césped de Los Ángeles y Seattle… o si el Mundial 2026 sumará un nuevo capítulo de tensión geopolítica antes de que ruede el primer balón.





