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Inglaterra busca romper la maldición en semifinal contra Argentina

Thomas Tuchel camina hacia la historia sin temblar. A un partido de llevar a Inglaterra a su primera final de Copa del Mundo en 60 años, el técnico alemán insiste en que no siente el peso del pasado. El miércoles, frente a Argentina, la historia estará en todas partes… menos en sus hombros.

“Yo no siento una carga”, dijo en Atlanta, en la víspera de la semifinal. “Sentimos la tensión y estaremos nerviosos, pero eso es normal”. La frase resume bien el ambiente en el campamento inglés: electricidad, sí; miedo, no.

Inglaterra contra sus fantasmas… y contra Messi

El contexto es brutal. Inglaterra no levanta un gran trofeo desde aquel Mundial de 1966 en casa. Seis décadas de frustraciones, eliminaciones dolorosas y generaciones que se quedaron a medio camino. Ahora aparece una selección empujada por Jude Bellingham y Harry Kane, ambos con seis goles en este torneo de 2026, como líderes indiscutibles de unos Three Lions que por fin parecen disfrutar del escenario.

Enfrente, Argentina. Y algo casi imposible de creer: a los 39 años, será la primera vez que Lionel Messi se cruce con Inglaterra en un Mundial. El duelo, cargado de memoria, no necesita demasiada presentación.

Tuchel, que ya ha manejado vestuarios de élite en Chelsea, Paris Saint-Germain y Bayern Munich, no se deja arrastrar por el relato épico. “Lo que me gusta es que siento que los jugadores son realmente competitivos, hambrientos y emocionados por jugar este partido”, explicó. “Las dos camisetas son icónicas. Hay partidos históricos, momentos icónicos, y todo el mundo reconoce las camisetas y a los jugadores de inmediato”.

La historia entre ambos países en los Mundiales está tatuada en la memoria colectiva. México 1986, cuartos de final: el “Mano de Dios” de Diego Maradona en la victoria 2-1. Francia 1998, octavos: David Beckham expulsado por una patada a Diego Simeone y Argentina avanzando en los penales. Cada generación suma una cicatriz nueva.

Tuchel lo sabe, pero se niega a convertir esa rivalidad en combustible artificial. “Creo que los jugadores de ambos países son muy conscientes de lo que significa para ellos”, admitió. “Si un partido ofrece tantos momentos icónicos, no puedes decir que es solo otro partido de fútbol, pero como entrenador hacemos exactamente eso: centrarnos en lo que podemos influir”.

No habrá charlas inflamadas sobre viejas cuentas pendientes. “Sabemos por qué estamos aquí, sabemos lo que queremos, nunca nos hemos escondido de esperar eso de nosotros mismos, de decirlo o de soñarlo”, añadió. “Estamos en semifinales y llegamos con mucha hambre”.

Messi, el obstáculo gigante

Cuando le mencionan a Messi, Tuchel se queda casi sin recursos. Dijo que no tiene “palabras” para describirlo. El capitán argentino suma ocho goles en el torneo y solo Kylian Mbappé lo supera en la carrera por la Bota de Oro. A su alrededor, un bloque que se conoce de memoria.

“Se ve la cohesión, se ve que están experimentados en fútbol de torneo”, analizó el seleccionador inglés. Argentina mantiene un núcleo duro que lleva años junto y, al mando, un técnico asentado: Lionel Scaloni. “Tienen el mismo grupo base de jugadores que han estado juntos mucho tiempo, y tienen un entrenador muy experimentado y muy, muy bueno”, subrayó Tuchel. “Sabemos lo grande que es el obstáculo, pero estamos listos”.

No ha sido un paseo para nadie. Argentina ha sufrido para alcanzar estas semifinales. Inglaterra tampoco ha volado. Sus cruces ante República Democrática del Congo, México y Noruega dejaron cicatrices, dudas puntuales y también la sensación de que el equipo aún no ha mostrado su techo.

“Es mi primer Mundial como entrenador, y es muy raro que vueles por un torneo y que todo encaje de un partido a otro”, admitió Tuchel. La ruta ha sido áspera, pero el vestuario inglés llega vivo y entero al momento decisivo.

Bellingham, Kane y un grupo al límite

El gran alivio para Inglaterra llegó en el último entrenamiento: toda la plantilla trabajó en la víspera del encuentro. Declan Rice, pieza clave en el centro del campo, está recuperado tras una enfermedad y disponible para el once. La única ausencia obligada es Jarell Quansah, que sigue suspendido por la tarjeta roja que vio en los octavos ante México.

Con Bellingham y Kane encendidos de cara al gol, Inglaterra ha encontrado un eje ofensivo que combina jerarquía, talento y una frialdad poco habitual en un torneo de este tamaño. A partir de ahí, Tuchel ha construido un equipo que, aunque no siempre ha brillado, ha respondido en los momentos de máxima exigencia.

“Nos prepararemos para la mejor versión de Argentina”, avisó el alemán. No habrá excusas, ni planes pensados para un rival cansado o vulnerable. La idea es clara: esperar al gigante en su mejor noche y tratar de superarlo en ese escenario.

“Esperamos y exigimos lo mejor de nosotros mismos”, remarcó. “Todavía no hemos alcanzado nuestro pico, pero el partido sacará lo mejor de nosotros, y estamos emocionados”.

La semifinal se presenta como algo más que un cruce por un billete a la final. Es un choque de símbolos, de memorias y de generaciones. Inglaterra persigue el final de una maldición. Argentina, guiada por un Messi que desafía el tiempo, busca otra cita con la eternidad.

La historia estará en las gradas, en las camisetas, en las imágenes que se repetirán durante décadas. Tuchel, mientras tanto, solo quiere que sus jugadores vean una cosa cuando salten al césped: 90 minutos, quizá 120, para cambiar el rumbo de un país.