El ambiente en el Wanda Metropolitano lleva días cargado, pero lo del sábado dejó una herida abierta. Otra vez el foco no estuvo solo en el juego, sino en el VAR, en los audios, en los criterios cambiantes. Otra vez el Atlético se marchó del campo con la sensación de que el partido se le escapó también desde la sala de pantallas.
La jugada que ha encendido la mecha llegó con el duelo ya al rojo vivo. Gerard Martin fue con una entrada alta sobre Thiago Almada. En directo, Busquets Ferrer no dudó: roja directa. El estadio rugió, los jugadores del Barça protestaron, y entonces apareció el VAR. Melero López llamó al colegiado al monitor. Tras revisar las imágenes, la roja se convirtió en amarilla. El Atlético acabó perdiendo 2-1 ese choque de La Liga. Y la indignación no se quedó en el césped.
Marin carga contra el uso del VAR
La dirección del club no tardó en alzar la voz. Marin, desde la cúpula rojiblanca, apuntó directamente a la forma en que se está utilizando la tecnología, a su influencia real en el juego y en la autoridad del árbitro principal.
Cuando se hicieron públicos los audios de la sala VAR, el dirigente fue tajante. Habló de vergüenza, de un uso del sistema que, a su juicio, se aleja de su razón de ser. Para él, el VAR ha pasado de corregir errores claros a condicionar al árbitro sobre el césped.
Marin defendió una idea sencilla pero contundente: el árbitro de campo debe mandar. Debe interpretar la intención de cada jugador, asumir el riesgo de equivocarse, vivir con el error como lo hacen futbolistas, entrenadores y directivos. Lo que no acepta es que, desde una cabina, otro colegiado termine decidiendo por él.
En su análisis, el problema ya no es solo una jugada aislada. Es la sensación de que para acciones idénticas se dictan resoluciones distintas, que el criterio se mueve, que el reglamento parece uno un día y otro al siguiente. Y recordó que no es un caso puntual: habló de las dos últimas jornadas, de un patrón que, según el club, empieza a ser insostenible.
Le Normand, al límite de la paciencia
El vestuario también explotó. Robin Le Normand fue la voz de un grupo que siente que el listón arbitral cambia según el partido, el rival o el momento. El central no se escondió al valorar la acción de Gerard Martin: para él, la entrada era de roja. Sin matices.
Recordó una acción reciente en el Betis–Rayo Vallecano, donde el CTA consideró una acción similar como expulsión. Esa comparación dolió especialmente en el Atlético: misma naturaleza de la jugada, distinto desenlace. El tipo de agravio que un futbolista no olvida.
Le Normand también puso el foco en la gestión del partido. Contó cómo, a su juicio, fue imposible dialogar con el colegiado, ni siquiera desde el rol de capitán. Cada protesta, una amarilla. Cada intento de rebajar la tensión, un gesto que, según el jugador, terminaba elevando aún más la temperatura del encuentro.
Para el defensa, el choque se decidió en esos detalles que no salen en los resúmenes pero que marcan el pulso: tarjetas, advertencias, interpretaciones. “Las pequeñas cosas”, como las definió, fueron las que acabaron inclinando la balanza.
Un club en guardia ante el arbitraje
En el Wanda Metropolitano ya no se habla solo de un penalti dudoso o de una entrada mal sancionada. Se habla de confianza en el sistema, de transparencia real, de un VAR que, según la visión del Atlético, ha pasado de ser un apoyo a convertirse en protagonista.
La sensación de agravio, alimentada por decisiones recientes ante Real Madrid y Barcelona, ha encendido todas las alarmas internas. La entidad entiende que el error humano forma parte del juego. Lo que cuestiona es el escenario en el que una herramienta pensada para reducir polémicas termina, jornada tras jornada, en el centro de la tormenta.
La temporada sigue, la lucha por los objetivos también. Pero en el Atlético, cada vez que el árbitro se lleva la mano al oído y mira hacia el monitor, el murmullo se convierte en un rugido contenido. ¿Hasta cuándo soportará el club esta desconfianza abierta hacia el VAR sin que cambie nada en el fútbol español?





